“El hotel de los líos” es una de las mejores películas protagonizadas por esos genios del celuloide que fueron los Hermanos Marx. Precisamente ahora se han cumplido los 80 años de su estreno.

Observando lo que va ocurriendo en la política actual uno tiene la sensación de volver a ver esa antigua película, con sus gags esperpénticos y su surrealismo desternillante.

Aunque lamentablemente los actores actuales están muy lejos de alcanzar la brillantez interpretativita de los Groucho, Harpo y Zeppo y desde luego producen menos gracia, es más, a menudo lo que nos provocan es en el mejor de los casos somnolencia y muy a menudo pena y llanto.

Rivera, Casado, Iglesias, Sánchez, Torra, Puigdemont, Arrimadas, o Junqueras, por citar a los más famosos actores actuales, no tiene la agudeza intelectual de los Marx, ni la capacidad para de manera inteligente con la sutileza de la ironía, hacernos pasar un buen rato. Hoy lamentablemente todos ellos no estarían nominados a los Oscar de interpretación, sino a los Razzie.

Comprendo que esta reflexión pueda sonar dura, e incluso cruel, pero sólo se necesita una visita rápida por las noticias diaria para darse cuenta que no resulta exagerada.

Uno echa de menos a los Marx viendo esperpentos como la visita de Iglesias a Junqueras y compañía, la fingida reacción desde el gobierno, los comentarios y exabruptos de la oposición, o el cabreo no disimulado de Torra y Puigdemont.

¿Así piensan arreglar el desaguisado que tenemos en Catalunya? Bueno, a veces los milagros en política se producen, pero no conviene dejar en manos de esa posibilidad una situación explosiva como esta.

¿No sería más eficaz abandonar las cuestiones interpretativas, para las que ya se ve no están capacitados y ponerse a trabajar de los que son, o sea como políticos? Porque para eso les pagamos, para que resuelvan los problemas, no para que nos vayan creando otros nuevos.

Si lo hicieran, si en lugar de emular a los genios Marx dijeran realmente lo que piensan, probablemente resolver estos líos sería mucho más fácil.

Desde una de las partes deberían seguir la senda marcada por gentes sensatas como Ponsatí, Campuzano o Vila, reconociendo que la vía unilateral tomada hace un año fue una broma de trágicas consecuencias y que sólo desde el acuerdo se puede llegar a la meta.

Que además ésta, al menos a corto y medio plazo, no va a ser la independencia, pero sí que puede abrir la posibilidad de profundizar en un mayor autogobierno, con vías de financiación más justas y la posibilidad de explorar fórmulas para una consulta de acuerdo con la legalidad. Todo ello claro está con todos los políticos presos o exiliados en la calle y aquí.

Desde la otra orilla sería necesario más de lo mismo, o sea sensatez y sinceridad. Por ejemplo: ¿Alguien en su sano juicio piensa que los Rivera, Casado, e incluso Sánchez no saben que no se puede salir de este atolladero sin concesiones como estas y con todos haciendo política libremente?

Y si lo saben, ¿por qué no obran en consecuencia? Probablemente por electoralismo, porque son actores mediocres y en lugar de pensar en el bien común lo hacen en el suyo propio, personal y de partido.

¿Cómo es posible que el PP que estando en el gobierno defendía un techo de gasto, ahora que la propuesta viene del PSOE lo bloquee? ¿Cómo que Cs aceptara cuestiones en su anterior pacto con el PSOE que ahora rechaza? ¿Cómo que ERC y PDeCAT pongan pegas a unos presupuestos que hace unos meses ni los imaginaban?

A veces a uno le viene a la memoria otro hilarante diálogo de los Marx, éste de “Una noche en la ópera”, en el que Groucho y Harpo debaten sobre el contenido de un contrato. “La parte contratante de la primera parte será considerada como la parte contratante de la primera parte” señala Groucho, mientras que ante las dudas de Harpo arranca ese punto pasando al segundo etc. etc.

Lamentablemente no sólo ese “Hotel de los líos” se ve representado en la política actual, la justicia también se ha visto impregnada de su espíritu. Un día sí y otro también nos descubre su incongruencia que genera en la sociedad una cada vez mayor desconfianza.

Lo ocurrido con la sentencia del TS sobre los pagos en las hipotecas es de traca. Que una decisión que creaba jurisprudencia y suponía un beneficio, parece que justo, a miles de familias, se pueda revisar en unas horas supone el mayor ataque a la separación de poderes de la historia.

Porque esta vez la quiebra no se produce entre el político y el judicial, sino entre éste y el económico-financiero, dejando así claro que los que mandan en realidad son ellos.

Alguien debería frenar este desatino y hacer que las aguas vuelvan a su cauce. Aunque viendo la tibia reacción social ante tamaña arbitrariedad dudo mucho que pueda ocurrir. Hace apenas unos años habrían ardido las redes sociales y la gente se habría echado a la calle. ¿Sociedad líquida o adormecida? ¿O ambas?

Está visto que en los últimos tiempos sólo lo luchamos los pensionistas, justo aquellos que ya lo hicimos durante el franquismo  y la transición. Produce pena y decepción esta lamentable situación.

O sea que la respuesta a la pregunta inicial es sí. Sí se parece la situación actual a esa famosa película pero en su versión más pobre y mediocre. ¿Podremos darle la vuelta a esto?

Una brisa de esperanza nos llega con el acuerdo entre PSOE y Podemos para los presupuestos. La cuestión es si ha sido sólo un espejismo o es algo duradero.

Veremos…………

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