Una operación rocambolesca que podría dar al PSOE y a Ciudadanos plazas fuertes y poder institucional más allá del que han dejado las urnas de forma directa, es lo que nos están vendiendo los medios del establishment que se disfraza de progre y desde el propio PSOE. No es descabalado y además ya en su momento la militancia socialista apoyó en un 80% el acuerdo entre ambas formaciones. De momento sería a nivel regional y local, aunque nunca descarten otras probabilidades. Y todo ello se nos vende como una opción racional, una opción que es muy popular en otros países europeos.

Bajo la premisa de la racionalidad nos dicen los sesudos analistas que Ciudadanos lograría un Ayuntamiento con mucha visibilidad (Madrid) y que dejaría al PP con la miel en los labios no sólo en la Comunidad de Madrid, sino en Aragón y otros muchos lugares. Además, evitaría la vergüenza a la formación naranja de verse en gobiernos con los neofascistas de Vox (aunque en los medios progres dicen ultraderecha). Todo perfecto según esta visión interesada que ya están empezando a comprar muchas personas por el simple hecho de estar en el poder (o que su partido esté en el poder por aquello de la proyección personal hacia la cosa). Una maravilla de la estrategia que serviría para colgar otra medalla en el chaleco de la inutilidad del camarlengo monclovita.

Se inventan presiones de todo tipo desde allende nuestras fronteras hacia Albert Rivera, o acuerdos entre el presidente de la República francesa y Pedro Sánchez. Apartar a Vox de las instituciones cuanto se pueda y dejar hundido al PP. Proteger que Ciudadanos no pierda sus votantes socialdemócratas. Y así infinidad de argumentos que escuchados desde lejos resultan cuando menos racionales. Es más hasta se jura y perjura que los programas electorales de ambas formaciones coinciden en más de un 75%. Sí gente sin nada que hacer se ha puesto a hacer ese conteo y cálculo. Y José Luis Ábalos pidiendo árnica para resolver ciertos conflictos. Todo muy racional y todo muy estratégico.

A nivel estatal, dicen para que no se sobresalte nadie, que no se produciría tal situación. Aunque es cierto que Rivera y Sánchez tienen mucho en común ideológica y socialmente, se profesan un odio especial desde que el catalán sacó a pasear la “tesis fake” del presidente. Por tanto, nos venden con especial efusión que sólo a nivel regional o local para acabar de hundir al PP y evitar que los neofascistas se metan en las instituciones. Una especie de operación sanitaria y de reacople del sistema enviando al PP a las catacumbas. ¿Qué podría salir mal en algo tan racional y factible? Nada nos dicen aunque los dirigentes de ambas formaciones digan lo contrario, lo que se nos señala como teatro de despiste. Aguado y Gabilondo son compatibles, Villacís sería la mejor alcaldesa posible y el errejonismo apoyaría desde su competencia virtuosa. Dos partidos casi gemelos a los que les diferencia un pequeño posicionamiento sobre Cataluña (y la egolatría de ambos dirigentes habría que añadir), algún matiz económico y el feminismo. Nada que no se pueda arreglar.

Un escenario precioso con una fisura enorme, la política no es sólo racionalidad. La emotividad de las personas, los deseos, los mitos, los apegos, las identidades, muchas de ellas fabricadas, no dejan de irrumpir una y otra vez en la política dotándola de la belleza que posee. Si todo fuese racional más valdría dejar las elecciones a un algoritmo o a epistócratas que solucionen racionalmente los problemas. Sería una democracia, una política sin sentimiento y mecanicista. Sin sentimientos no habría nacionalismo, no habría izquierda, no habría discusión, no habría debate posible, lo máximo deliberación sobre la fórmula a aplicar. Y por culpa de esa pasión y esas voliciones es por lo que un pacto como el que nos venden es una derrota para cada parte implicada.

No sabemos, aunque sospechamos del camarlengo monclovita, a quién en el PSOE se le ha podido ocurrir tal idea. Lo primero es que dejan claro que los cargos elegidos por la militancia en Madrid son simples títeres al servicio de Ferraz (como lo son en Navarra por poner otro ejemplo de pacto antinatura que se está cociendo) y por ello se les marca la estrategia a seguir. Lo segundo es que si bastantes sospechas hay de que están entregados al poder de la clase dominante, todo esto no hace más que confirmarlas. ¿Qué política transformadora van a llevar a cabo junto a Ciudadanos en Madrid, en Aragón o donde toque? Las personas se pueden tragar mentiras piadosas en pos de un bien superior, pero que les estén diciendo “Somos la izquierda” para echarse en brazos de lo más liberal y asalvajado de Ciudadanos no cuela. Que se haga en municipios medianos o pequeños donde la política es personalista bien, pero a niveles mayores es mandar la supuesta ideología a tomar vientos. Y no hablamos de socialismo, sino de simple socialdemocracia.

¿Quieren Iván Redondo y José Luis Ábalos pactar con quienes apoyan los vientres de alquiler, quienes apoyan que los fondos buitre echen a las personas de malas formas de los pisos que eran públicos, que quieren privatizar la sanidad, la educación y todo lo que puedan? Seguramente lo quieran pero que no digan que hacen políticas de izquierdas, ni socialdemócratas. Entregarse a Aguado y Villacís es hacerlo a los lobbies más poderosos del establishment, lo que indica que ni Redondo, ni Ábalos saben lo que hay en Madrid realmente. Son unos incultos de la política madrileña en ese sentido. Ahí es donde se ve que no es tan racional la propuesta y desde luego supone machacar las emociones de sus propios votantes. Si Gabilondo no ha conseguido más votos es por falta de emotividad y empatía. Si tampoco lo ha hecho Pepu es por haberle vendido como un suplemento de Carmena.

La política es algo más que un candidato bonito, moralista o famoso, es pasión. Mucho más en la izquierda que no sólo lucha contra el poder de la clase dominante, sino que construye constantemente, frente a aquel poder, el sujeto de transformación. En cuanto se pacte con Ciudadanos se estará entrando en la caverna otra vez. En cuanto se pacte con Ciudadanos se quitará mandará al ostracismo a la clase trabajadora, otra vez. En cuanto se pacte con Ciudadanos la transformación regional, en la cual lo mental es tan fundamental como lo práctico, será una utopía. En cuanto se pacte con Ciudadanos ¿qué diferencias habrá el liberales sociales y social-liberales? Siempre quedará echar la culpa a Pablo Iglesias o a los neofascistas. El poder por el poder hace esclavo a quien sólo piensa en ello. La izquierda, si quiere llamarse así, se puede caer y levantar cientos de veces pero el poder lo quiere para transformar y con el cuñadismo ideológico no es posible porque son los verdaderos ejecutores del establishment.

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