Si nadie, ni nada lo remedia mañana sábado se consumará el entierro de Izquierda Unida sin necesidad siquiera de velatorio. Alberto Garzón ha decidido, por su cuenta y riesgo, que la otrora formación de izquierdas desaparezca en el limbo de la política postmoderna. Pese a que algún que otro dirigente, en este caso la dirigente riojana Henar Moreno, ofrezcan muestras de dignidad, el actual jerarca de IU ha decidido ser un buen edecán (algunos y algunas dirán vasallo) de Pablo Iglesias y entregará la soberanía de su partido político a los votos y decisiones de Podemos. Cuando Cayo Lara pidió un frente anticapitalista en las elecciones de 2011, y así sumar parte del cabreo contra el sistema, no pensaba desde luego en entregar la cuchara de esta forma, ni en estas condiciones.

Garzón, no se sabe si animado por algún futuro ministerio en un gobierno de Pedro Sánchez, no piensa consultar a las bases de IU las acciones a tomar respecto a los aconteceres actuales de la política espectáculo en la que estamos insertos. Ignora a esas bases que han mantenido la organización durante años en condiciones muy adversas, que posibilitan la existencia de concejales y concejalas, de diputados y diputadas regionales, para hacer lo que le digan desde una fuerza exterior como Podemos. En la reunión de la Asamblea Política de IU, que dadas las fechas no se sabe si logrará llenar, van a decidir aceptar lo que haya salido del referéndum (“trampa” que dicen propios y extraños) de una organización que no es la suya. Por mucho que exista un acuerdo electoral y de acción política, se supone que en IU pudieran tener una opinión distinta.

No son pocas las personas que han dejado de votar a IU por su acercamiento a Podemos y la asunción de sus postulados sin prácticamente debate alguno. Muchos votantes han visto que desde la formación morada no hay una defensa real, por mucho que Íñigo Errejón califique a Podemos de IU 2.0., de los intereses de la clase trabajadora en este país. Piensan en las bases de IU, y entre la ciudadanía que les ha votado a lo largo del tiempo, que ni lucha de clases, ni análisis certeros sobre la realidad, sino más bien un caminar lento e infructuoso hacia posicionamientos socialdemócratas, en el mejor de los casos, cuando no directamente populistas de la postmodernidad. Todo esto no le importa al Coordinador General de la formación, anteriormente conocida como de izquierdas, pues piensa que las votaciones no están manipuladas por Pablo Echenique y que IU debe hacer seguidismo de lo que digan en Podemos. Eso sí, lo van a discutir como si fuese el antiguo Comité Central del PCE, pero con la decisión tomada: hacer lo que mande Iglesias.

Las bases del partido no cuentan, carecen de opinión ante la vanguardia de la iluminación y la destrucción de la lucha

No es de extrañar que Adelante Andalucía, después de lo de Asturias y La Rioja, abandone el grupo del senado de Podemos para engarzarse a los partidos regionalistas de izquierdas. No aguantan más los insultos y desprecios de la cúpula morada. Algo que sí parece dispuesto a aceptar Garzón. Al menos está dispuesto a humillarse ante Iglesias y aceptar todo lo que le digan desde la nueva sede morada. Así lo ha reconocido pese a que Izquierda Unida siempre ha destacado por centrar cualquier tipo de propuesta en la elaboración de un programa. Hoy no hay programa en la mesa y Garzón hubiese tenido un papel estelar en el espectáculo si hubiese tenido el valor de ser el proponente del mismo entre PSOE y Podemos. También podría haber hecho lo que sus compañeros asturianos y riojanos, y haberse salido del debate cupletista en el que están Sánchez e Iglesias. Con sus seis diputados haber tomado las de Villadiego y negociar con el PSOE propuestas de izquierdas. Con esto, al menos, hubiese ganado a futuro una posición que las personas podrían votar antes que al errejonismo, por ejemplo.

Un comunista, debido a su formación, siempre ha tenido en cuenta las correlaciones de fuerzas y parece que Garzón sólo las tiene respecto a Podemos y no a nivel global. Decía Louis Althusser que los comunistas debían participar en gobierno con los socialdemócratas y acordar ciertas cuestiones programáticas siempre que fuese en beneficio de la clase trabajadora, supusiese un impulso para la transformación del capitalismo o la correlación de fuerzas obligase a ello (Filosofía para no filósofos, Editorial Siglo XXI). Garzón ha olvidado lo programático, la correlación de fuerzas y está entregado al jefe morado. Las bases del partido no cuentan, carecen de opinión ante la vanguardia de la iluminación y la destrucción de la lucha. El saber del Coordinador es suficiente para aceptar lo que digan en Podemos, no sólo sus dirigentes, sino también sus bases. Con lo cual resulta que las bases de IU, con más años de batalla y lecturas que la mayoría de los y las inscritas en Podemos, son incapaces de pensar respecto a una serie de personas que están apuntadas a una web y votan de vez en cuando, sin necesidad de debate incluso, y sobre las cuestiones más baladíes.

Acepta Garzón que un/una queer que se pasa el día calificando de transfobas a las feministas de IU, que un postmoderno en patinete eléctrico que olvida que la contaminación está en las grandes industrias y la opresión en la fabricación de su patinete, o que un dirigente del tercer sector de la caridad bien entendida que llama antiguas las ideas de las bases de IU tengan más poder de decisión que la militancia. Una militancia comunista, en gran parte, que las ha pasado canutas, que es vilipendiada por unos y otras, que es parte de una larga tradición de luchas y que han ayudado a una mejor vida en el mundo, es ninguneada por las masas del placer y el deseo perpetuo. No es un líder carismático Garzón, aunque como san Pablo en la primera carta a los corintios se lo haya adjudicado, pero actúa como tal frente a las bases de IU. Pareciese que, al estar cerca de Iglesias y que Sánchez le haya saludado un par de días, él tuviese la capacidad de augurio y no necesitase de las bases.

Por si no fuese poco, un dirigente enfadado y con algo de dignidad, ha filtrado a la prensa el informe interno donde se propone superar a IU en un “nuevo sujeto rupturista” pero sin descartar la fusión fría con Podemos. O lo que es lo mismo, enterrar IU y aceptar ser un edecán de Iglesias en lo que quede de Podemos o de Errejón, no lo descarten, si hay elecciones. ¿Hay algo más rupturista con el sistema capitalista que un partido comunista o socialista? O ¿la ruptura es para entregarse al populismo parafascista de los significantes vacíos y los análisis vacíos (pero con palabras muy esdrújulas a ser posible y rebuscadas)? ¿Piensa Garzón, pasado el sábado y entregadas las broncíneas lanzas a Iglesias, escribir un nuevo libro titulado “Por qué soy postmoderno”? O ¿titulado “por qué soy populista”? O ¿”por qué soy medieval” (por aquello del vasallaje)?

Sea como fuere, la traición de Garzón respecto a Izquierda Unida se está consumando a la vista de todos. En su vasallaje respecto a Iglesias no ha calculado que las bases, en algún momento y por ley, deberán hablar. En algún momento le pondrán de patitas en la calle. En algún momento le dirán hasta aquí hemos llegado. Porque darse cuenta de cómo las trata, ya lo han hecho. Algunos y algunas hace tiempo, otros y otras en estos días. Cuando muchas personas valoran de IU su firmeza de palabra en los acuerdos, el establishment está dispuesto incluso a dar espacio a quienes piensen más en lo institucional que en el cargo, a Garzón sólo se le ocurre traicionar a su organización y venderse a Iglesias. No sabemos si por cuarenta monedas, un ministerio o dos charlas en un círculo, pero la traición está consumada de la forma más dictatorial posible. El lunes a las 12 el entierro.

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