Por más que Israel justifique su apartheid contra los palestinos como un modo de entender su derecho de defensa de las fronteras, la masacre provocada por los francotiradores israelíes es un ejemplo más de las políticas de exterminio practicadas contra el pueblo palestino. Ministros israelíes afirmaron que «Nuestra estrategia contra la escalada de violencia en Cisjordania y Jerusalén se asienta en dos pilares fundamentales: primero, matar a los atacantes palestinos y, segundo, destruir sus viviendas», o que «El pueblo palestino le declaró la guerra a Israel, y con guerra hay que responder. Son nuestros enemigos y nuestras manos deberían estar manchadas de su sangre. Esto se aplica igual a las madres de los terroristas fallecidos».

El último ejemplo de esta política de exterminio lo hemos tenido esta semana con la matanza del lunes y con el bombardeo de Gaza de esta madrugada, acciones que han despertado la indignación de algunos países de la comunidad internacional —España, como siempre, ha mostrado una postura tibia y en un caso en el que se están cometiendo crímenes de guerra la tibieza es, en cierto modo, un acto de complicidad— y el apoyo de Estados Unidos, quien vetó una investigación del Consejo de Seguridad de la ONU.

Sin embargo, la situación de Gaza es insostenible desde un punto de vista humanitario. Jamie McGoldrick, coordinador de asuntos humanitarios de Naciones Unidas, pidió apoyo urgente para satisfacer las necesidades humanitarias de las víctimas de la violencia israelí contra Gaza. «La situación en Gaza es devastadora y la crisis está lejos de haber terminado».

Fuentes de distintas ONG sanitarias que trabajan en la zona consultadas por Diario16 han confirmado que la petición de urgencia de ayuda humanitaria para Gaza está más que justificada, no sólo por la situación de los heridos o de las familias de los asesinados por francotiradores israelíes, sino por las secuelas psicológicas que tendrán aquellos que han perdido algún miembro por los disparos del Ejército.

En el contexto de un aumento masivo de víctimas mortales y heridos palestinos desde el 30 de marzo, la respuesta humanitaria en Gaza se centra en brindar asistencia inmediata de salud, física, mental y apoyo psicosocial para las personas afectadas, especialmente los niños, y monitorear, verificar y documentando posibles violaciones a la protección.

Estas nuevas necesidades ocurren en el contexto de una catástrofe humanitaria y de derechos humanos preexistente causada por casi 11 años de bloqueo israelí, junto con una división política interna palestina y una crisis energética crónica que deja a los dos millones de habitantes de Gaza con cortes de energía de hasta 22 horas por día, en promedio, e interrumpe severamente la prestación de servicios esenciales.

En este sentido, un funcionario del Ministerio de Sanidad palestino afirmó a Diario16 que la falta de energía eléctrica ha provocado que se tuvieran que aplazar operaciones porque si los quirófanos no tienen electricidad no se puede intervenir.

Karm Abu Salem, el principal punto de entrada de mercancías entre Israel y la Franja de Gaza, ha sido parcialmente reabierto esta semana con 15 camiones cargados de suministros médicos. La ONU envió el miércoles dos camiones cargados con 76.000 litros de combustible para instalaciones sanitarias y sitios de tratamiento de agua y saneamiento. Está pendiente en envío de otros 76.000 litros.

Ante esta crisis humanitaria generada por la violencia israelí, Egipto también ha abierto excepcionalmente el cruce de Rafah durante seis días esta semana para facilitar los esfuerzos para que la ayuda humanitaria llegue a Gaza.

Según Naciones Unidas, a pesar de estos esfuerzos, la grave escasez de medicamentos, junto con las dificultades para acceder a la atención médica fuera de Gaza, sigue socavando las operaciones humanitarias.

En este sentido, McGoldrick fue tajante: «Los equipos médicos en Gaza han realizado esfuerzos heroicos, trabajando incansablemente, con un gran riesgo personal, para salvar vidas. Las existencias de medicamentos se están agotando, y hay muy pocos recursos para reponerlos. Nuestra capacidad para llegar a las familias afectadas, incluidos los niños, y brindar asistencia es extremadamente limitada debido a la falta de fondos. Sin nuevos fondos, el impacto en los sobrevivientes de los acontecimientos recientes será mucho peor y nuestra capacidad para responder a cualquier nueva necesidad se verá gravemente afectada».

A pesar de las contribuciones recientes al sector de la sanidad, se necesitan 1.2 millones de dólares inmediatamente para medicamentos y productos desechables. Se necesitan otros 3.9 millones para cubrir las necesidades de suministros médicos y técnicos médicos de emergencia, 19.5 millones para cubrir las necesidades crónicas a medio plazo del Ministerio de Salud y las ONG que brindan atención médica esencial hasta agosto. El Plan de Respuesta Humanitaria 2.018, que solicitó 400 millones de dólares en asistencia para la Franja de Gaza, cuenta con una financiación insuficiente, con solo el 16% de la ayuda apoyada.

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