Como decían los taurinos antiguamente “corrida de expectación, corrida de decepción”. Así ha sido el debate de ayer noche en TVE. La “pelea de los debates” se ha saldado con un primer tiempo aburrido, sin un claro vencedor, sin saber qué nos proponían realmente con claridad, pero con un claro perdedor: Pablo Casado. No sólo ha seguido mintiendo como viene haciendo durante toda la campaña, sino que ha vuelto a mentir en datos y cuestiones que la prensa ya había dicho que eran mentira. Eso supone que le da igual la verdad y que sigue en un mundo paralelo, en una realidad ficticia, que sólo habita su cabeza.

Un mitomaníaco que aspira a gobernar un país desde la mentira. Eso sí, se ha quedado sin palabras cuando los otros candidatos le han recordado todas las tropelías que ha hecho su partido, el PP. Rivera ha tenido que gastar unos segundos en decirle: “Usted olvida lo que han hecho en su partido” desde la corrupción a la subida del IVA y el IRPF. Sánchez también le ha recordado, explicando con guasa y claridad, que en cada una de las plantas de la sede en la calle Génova se han cometido corruptelas. Desencajado y con cara de pasmo, Casado se ha inventado miles de millones de la corrupción del PSOE, pero es tan torpe que su compañero de la derecha ya había dado la cifra anteriormente.

Pedro Sánchez ha logrado salir bien librado ante una situación que era peliaguda para él. Como se ha visto ha sido un “todos contra Sánchez”, algo que se preveía, y no ha entrado en la batalla de las mentiras (salvo recordarle cada vez que decía una a Casado que lo estaba haciendo), ni de las provocaciones de Rivera. Ha estado hábil contra el candidato de Ciudadanos al pedirle que también hiciese cordones sanitarios con otras cuestiones, aunque tiene en su debe dos silencios. Uno no salir a hablar al finalizar el debate como han hecho los demás candidatos. Ese evitar “dar la cara” da la impresión de que algo no le ha gustado o no se ha sentido bien durante el debate. Que necesita tiempo para que le digan qué decir o dar el mitin en Ferraz. Y dos no contestar si pactaría o no con Ciudadanos deja la sospecha, que como comentamos en estas páginas no es tan sospecha como opción, de que no tendría ningún problema en abrazarse al dirigente naranja si los números dan.

Albert Rivera, por su parte, ha repartido a todos con cierta gracia y donaire, aunque recurriendo a actos y cuestiones que tampoco es que hagan mucha gracia. Ha sido propositivo con más contundencia que Sánchez e Iglesias, pero muy cansino queriendo reducir todo al problema catalán. Algo que le han desmontado los dos candidatos de la izquierda con naturalidad. Ha estado muy acertado al decir a Iglesias que le habían echado del Gobierno cuando Sánchez hablaba de un gobierno monocolor. Pero sigue sin tener una visión clara del problema de España (o los problemas) y cómo solucionarlo (s). Eso sí, ha recurrido a la estupidez del chalet de Galapagar cuando Iglesias le ha recordado que era un cuñado que hoy dice blanco y mañana negro. Una forma de desmontarle que no ha sabido atajar.

Pablo Iglesias ha mostrado una sobriedad que ha sorprendido. Un perfil de mucha responsabilidad y de seriedad un tanto alejado de aquel agitador de masas del pasado. Una sobriedad que le ha permitido ser el único que ha tenido claro que el problema catalán, aunque Sánchez algo ha pedido pero de forma más atascada, se resuelve con “diálogo, simpatía y menos gritos e insultos”. Pedir que se cumpla la Constitución frente a los que se autocatalogan como constitucionalistas ha supuesto un duro golpe a las derechas, o ser el único que ha intentado que no todo el debate fuese “Sánchez-malo/Cataluña”, pero esa sobriedad igual puede haber propiciado que la contundencia de sus palabras no haya calado más.

En definitiva ha sido un debate en el que no se ha debatido, como ha dicho Iglesias, pero que hunde un poco más a Casado por la derecha al demostrar que no tiene capacidad. Que es un sinsorgo sin nada más que ofrecer que propuestas incoherentes y que suenan ridículas porque hace un año hacían justo lo contrario. Sánchez ha salido liberado de una de las dos trampas que tenía. Rivera pega un fuerte empujón a su imagen dentro del ámbito de la derecha (es cuñado pero no un ignaro). E Iglesias sigue sumando puntos al ser el que más imagen de preocupación social ha demostrado. Esta noche más y esperemos que mejor.

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