El ínclito profesor Juan Carlos Monedero ha abandonado la senda de la intelectualidad (se añoran los tiempos en que escribía cosas interesantes como El Gobierno de las palabras de la editorial Fondo de Cultura Económica) para centrarse en la pura práctica. El problema es que se ha dejado por el camino la epistemología, la teoría, la filosofía como arma revolucionaria, para centrarse solamente en lo publicitario. A esto cabría añadirle que distorsiona la realidad para acomodarla a su discurso publicista y que la formación a la que defiende, Podemos, nunca aparezca como equivocada, errática o excesiva. Siempre son los otros, los demás, los que carecen de una percepción correcta de la realidad, olvidando que la realidad tiene distintas caras y es el ámbito perfecto de la subjetividad. Por eso a Monedero habría que pedirle aplicar la ciencia social al análisis de la realidad y no dejarse llevar por el discurso de aliento a las masas.

El otro día ya advertimos de que Pablo Echenique y él trataban de engañar a todas las personas negando lo evidente, que Podemos había rechazado la propuesta del PSOE de un gobierno de coalición tal y como demandaban. Ahora, viendo que ya no cuela el seguir negando lo real, Monedero y la portavocía de Podemos nos llevan al siguiente nivel de la añagaza. No es que lo rechazasen porque les parecía poco o no les gustaban los ministerios, sino porque esos ministerios y vicepresidencia no tenían contenido alguno. Estaban vacíos de competencias. Monedero, como altavoz de su partido, ha insistido mediante un corte televisivo en el nuevo mantra podemita de la carencia de competencias y la dificultad de negociación en cuarenta y ocho horas.

Respecto a lo segundo, para ver cómo confunden realidad con propaganda, hay que advertir que el PSOE comenzó las negociaciones definitivas, pues llevaban cruzando numerosos mensajes, seis días antes de la última votación. Es curioso que acusen a los socialistas de manipuladora de documentos (falso, porque sólo cambió el título como han reconocido en Podemos) y ahora afirmen sin que se les mueva el rictus facial que sólo hubo 48 horas. Al final nos obligan a pensar que en Podemos creen concienzudamente que los españoles y las españolas son estúpidas. Si acusas de manipulación de documentos de negociación cinco días antes de la última votación sólo hay que calcular las horas para saber que no son 48 sino 120 como mínimo. Esto lo oculta Monedero porque le conviene introducir un sesgo discursivo para que las personas piensen que no hubo tiempo para concretar los matices y que por ello pasó lo que pasó. En este sentido podría explicar por qué Podemos dejó de negociar la tarde anterior a la última votación de la investidura (lo del uso de Telegram es para estúpidos porque de ser cierto les incapacita para la vida política seria), algo que obligó a Alberto Garzón, al que habían excluido de las negociaciones, a establecer el diálogo con el equipo del PSOE y conseguir una nueva oferta. Oferta que, ¡caramba!, es la que ellos mismos piden en la actualidad.

También miente cuando dice que les ofrecieron una vicepresidencia sin competencias y ministerios que surgían de secretarías de Estado. La vicepresidencia tenía el encargo de trabajar en todo el marco gubernamental de lo Social. Monedero debería saber que las vicepresidencias no tiene por qué tener competencias en sí. Alfonso Guerra tenía unas más amplias (al principio, porque luego le redujeron el radio de acción), Mariano Rajoy otras mucho más limitadas, y Soraya Sáenz de Santamaría algunas muy importantes. Pero estamos hablando de la vicepresidencia primera, no de una segunda vicepresidencia que, por lógica, no quita competencias a la primera sino que asume otras como dirigir el marco social del Gobierno. Algo que hubiese permitido a Irene Montero, porque tenía que ser ella y sólo ella ya que así lo exigieron desde Podemos, no sólo trabajar con los ministerios podemitas sino también los socialdemócratas que también tienen competencias sociales.

Desde el equipo negociador del PSOE afirman y prueban que sí había competencias en los ministerios negociados, también lo reconoce alguna fuente del interior de Podemos, cuestión bien distinta es que ahora Monedero y el resto del equipo quieran otras competencias (plasmadas en su última propuesta) y se justifiquen de esta forma. Pero haberlas las había. Lo que tampoco se entiende es el desprecio de Monedero, haciéndose la víctima para que las personas sientan pena de ellas y ellos, hacia los ministerios ofrecidos al ser derivados de secretarías de Estado. Monedero conoce perfectamente, no es ignaro en este tema, que aquí ha habido ministerios que pasaban a ser secretarías de Estado y al contrario. Cultura, Consumo, Vivienda o Igualdad, por ejemplo, son algunos de esos espacios gubernamentales que han cambiado de una categoría a otra dependiendo del Gobierno. En tiempos de UCD llegó a haber un ministerio de Universidades que desapareció pasando a secretaría de Estado y ahora vuelve a tener rango ministerial aunque compartido. Por tanto, Monedero en su desprecio ministerial sabe que está mintiendo y falseando la realidad.

Y ¡qué decir del discurso de las competencias y el porcentaje a gestionar! Es tremebunda la forma en que Monedero oculta la realidad de la capacidad ejecutiva de los ministerios que les habían sido otorgados. Curiosamente con los ministerios que rechazaron podían haber condicionado la acción política de las administraciones autonómicas en la dirección de la perfección suprema que dicen poseer en Podemos. Por de pronto, podrían haber mejorado la vida a todo el personal sanitario de España y el control sanitario de la producción (algo importante como se demuestra en lo sucedido en Andalucía con la listeria) o haber puesto en marcha acciones contra la violencia machista. Pero no, Podemos quiere manejar más dinero para establecer redes clientelares (tal y como han hecho en algunos ayuntamientos) y poder vencer a parte de la prensa a su total favor. Esto no lo contarán con estas palabras pero está en su documentación de partido.

Lo que, en el discurso de Monedero va más allá de la hipocresía y roza con la desvergüenza total es cuando afirma, con un tono de bastante enfado, que un Gobierno no se puede negociar sin un apoyo programático, sin conocer para qué se coaligan, sin una base de consenso. Y tiene razón, esa es la postura lógica. Justo la que Podemos decidió no tomar y optar, como ha quedado patente a lo largo del tiempo transcurrido, sólo por hablar de cargos. Desde abril hasta mediados de agosto Podemos no presentó ni un solo documento que se pueda llamar programático. Eso sí, presentó un documento de cargos y más cargos con muchas competencias, tantas como para dejar al PSOE sin ellas, porque su interés pretérito, como el actual, es tener un sillón donde aposentarse. Una canonjía para las posaderas de los y las elegidas por el sumo hacerdor morado. Y en todo este camino intentan engañar a la opinión pública (la publicada de la derecha se lo compra) haciéndose las víctimas de lo programático, cuando ni contestaron al PSOE en su momento como han reconocido en ¡¡¡su propio documento!!!

Las mentiras de Monedero hacen, por tanto, imposible cualquier acuerdo que tenga en el horizonte una coalición de gobierno. No piensen que porque Monedero mienta en el PSOE ya no negociarán cargos, sería sumamente infantil. La figura del profesor es tomada como símbolo de lo que todos y cada uno de los miembros de la cúpula de Podemos dicen. Quiten el nombre de Monedero y pongan el de Ione Belarra, Yolanda Díaz,  Noelia Vera (desde la cúpula quieren que derribe a Teresa Rodríguez y por ello han lanzado una campaña en redes pero que carece de apoyos reales y contables), Juan Manuel del Olmo o del resto de la “chupipandi” que controla en comandita Podemos y dirán lo mismo. Ni tuvieron interés en los programático antes, ni lo tienen ahora, todo se centra en las canonjías. Por eso han silenciado en la coalición a Garzón, quien intervino en la negociación ante el pasotismo de Echenique y pidió un acuerdo programático como mínimo, y han puesto a Enrique Santiago (conocido hacedor de camas del PCE). No quieren nadie que opine distinto al núcleo irradiador. En el PSOE afirman que los cargos se perdieron y que sólo programa algo que espanta a Podemos, que ya no podrá hacerse publicidad institucional, ni colocar a los fieles. Lo curioso es que Monedero dice que es el PSOE el que miente y que la población votó entendimiento. La ciudadanía votó por su partido preferido para que ganase o por cuestión ideológica (que no excluye el ganar), como sabe perfectamente el profesor de Ciencia Política, pero que eso no impida una buena campaña de mentiras alimentada por la derecha mediática.

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