Las primarias en la política española fueron “inventadas” por el PSOE que en 1998 enfrentó al candidato oficial, el entonces Secretario General Joaquín Almunia, con Josep Borrell que en un alarde de audacia decidió medirse en libre competencia.

Fue la primera experiencia y también la primera demostración de que en momentos difíciles las bases se suelen sublevar, doblegando con la fuerza del voto secreto el poder de las estructuras de poder internas, apoyando al candidato alternativo, en este caso un Borrell por el que nadie apostab.

Ya en aquella etapa ese animal político experto en “aparatos”, Alfonso Guerra, advirtió del lo peligroso de un experimento que se podía volver contra quienes lo ponían en marcha. Siempre es más controlable cuando quienes deciden son delegados de las bases, que habitualmente suelen ser gentes muy conectadas con el poder, a que lo hagan esas bases de manera incontrolada.

Tenía razón Guerra y ganó Borrell aunque su andadura fuera excesivamente breve. La siguiente experiencia fue diferente ya que no fue el voto directo de los afiliados quienes auparon a Zapatero a la SG del PSOE sino la de los delegados en un Congreso reñidísimo, pero igualmente en las mismas circunstancias de descontrol total.

Después la vuelta a las primarias directas con la confrontación a tres entre Pérez Tapias, Madina y Sánchez, devolvieron las aguas a su cauce ganando el candidato del aparato. Todo parecía de nuevo atado y bien atado hasta las últimas, en las que nuevamente unas bases molestas con el apoyo a Rajoy auparon de nuevo al Pedro Sánchez del “no es no”.

La irrupción de Podemos consiguió una vuelta más en la tuerca arrastrando primero a Ciudadanos, aunque de manera bastante descafeinada y por último a un PP aturdido por la pérdida inesperada del poder y la huída de su líder Rajoy.

El vértigo de entrar en esa dinámica peligrosa que advertía un Guerra que sabía mucho de eso, ha sacudido sus cimientos sin estar preparados, especialmente después que el sucesor nato, Núñez Feijoo se haya acobardado al borde del un precipicio de consecuencias imprevistas.

Nuevamente las bases ponían patas arriba la estructura del partido, incluso hasta darse la paradoja que quien controlaba el aparato María Dolores de Cospedal no haya sido capaz de superar el primer corte.

Nuevamente lo desconocido aparecía en escena y el temor de que la más votada en las votaciones directas, Soraya Sáenz de Santamaría (favorita clara en las encuestas realizadas en el electorado del PP) no sea capaz de ganarle al recién llegado Pablo (sí, sí, otro Pablo) Casado, debido a que los compromisarios vayan en dirección contraria a la dirección marcada.

El interrogante abierto se dilucida el próximo 21 de Julio aunque parece evidente que el partido se va a ver seriamente dañado a menos de un año del las elecciones municipales y autonómicas y un poco más de las generales.

¿Existen realmente diferencias de fondo entre los dos rivales en contienda? Parece que no, aunque sí pueda parecer que en las dos almas que suelen convivir en los partidos y el PP no podía ser menos, Casado representa al sector más reaccionario y a pesar de su juventud antiguo, mientras que Sáenz de Santamaría parece la más centrista y moderna.

La derecha española lleva tiempo pendiente de homologarse a la que domina los países más avanzados de Europa. La cuestión y quizás sea eso lo que esté en juego en ese Congreso, será si debe ir hacia figuras como May, Merkel o Macron, o por el contrario hacia los movimientos emergentes en Italia, Austria, Hungría, o Le Pen en Francia, Johson en el Reino Unido y Salvini en Italia.

Si debe competir por el centro con Pedro Sánchez dejando a Rivera las posiciones más extremas, o bien con este último abandonando ese espacio al primero.

Del resultado de esa contienda se va a ver beneficiado uno de los dos y si no son capaces posteriormente al 21 de restañar las heridas podría ser que los dos.

Difícil lo tiene el PP, pero de lo que resulte también el país puede verse afectado. Un líder de la oposición instalado en la confrontación y la bronca no sería lo más deseable para España, por eso ciertos sectores de la gran banca y del IBEX 35, los poderes fácticos, están poniendo velas para que salga elegida Soraya Sáenz de Santamaría.

Sinceramente parece que sería lo más conveniente para un PP ahora mismo a la deriva.

Lo que parece evidente es que esta compleja situación dejaría abierta de par en par la posibilidad de victoria incuestionable del PSOE en las próximas citas electorales y quizás también a medio plazo.

Veremos…….

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