Si algo se puede decir del libro La llamada de la tribu de Mario Vargas Llosa (Alfaguara) es que, pese a ser un ensayo político, está deliciosamente escrito. Lo que es de agradecer y que seguramente reporte muchos aliados al liberalismo que defiende el autor hispano-peruano. Se podrá estar de acuerdo con lo allí expresado o no, desde luego quien esto escribe no lo está, pero presentar de manera concisa las ideas de los siete pensadores que le llevaron a él a pasar del marxismo sartreano al liberalismo no es sencillo. Una buena nómina, muy personal y que recoge en sí casi lo que constituye el neoliberalismo actual: Adam Smith como padre del capitalismo teórico; José Ortega y Gasset como referente español del liberalismo, entendido como distinto al dogmatismo de la izquierda, del autoritarismo conservador, del nacionalismo y del nacional-catolicismo; Friedrich A. von Hayek, como padre del neoliberalismo; Karl Popper, como el filósofo de la sociedad abierta; Raymond Aron, el francés liberal en la tierra de Sartre y Althusser; Isaiah Berlin, el elegante pensador pluralista; y Jean-François Revel, el socialdemócrata iconoclasta.

La virtud de la narración viene determinada porque Varga Llosa va contando el pensamiento de cada autor de forma histórica, como un proceso de gestación, y mezclándolo con las experiencias vitales de cada uno, lo que ayuda a la comprensión del porqué de su forma de pensar. Y genera envidia por haber compartido con muchos de ellos algún que otro café. Para los ignorantes de los autores y que se acerquen por primera vez a estos autores, de la mano del escritor hispano-peruano, descubrirán que muchos de ellos no sólo son judíos, sino que en su juventud fueron socialistas. Como Popper que reconoció hasta el final de sus días que si el socialismo diera espacio al individual como tal, seguiría siendo socialista.

También es virtud que no esconda el exceso capitalista de Hayek, quien siempre que hubiese capitalismo libre le daba igual que fuese bajo una democracia o una dictadura. Como bien atestigua Vargas Llosa al criticar la defensa que hicieron Hayek y los Chicago boys de la dictadura de Pinochet, frente a la democracia de Allende. Lo importante es el capitalismo. Pero es que Vargas Llosa mantiene cierta querencia intelectual con la izquierda al defender la igualdad de oportunidades, como hacen muchísimos liberales refiriéndose a la Justicia, por las perversiones que reconoce en el mercado. Pero nada más, deja claro por el recorrido que hace junto a los diferentes pensadores que el individuo debe ser soberano, lo comunitario es una construcción. La base del liberalismo que no deja de ser, paradójicamente, otra construcción. Porque el individuo soberano, racional, pleno y autónomo es tan construcción social e intelectual como la comunidad socialista.

Aun así, es recomendable para aquellos que se sienten liberales para poder comparar ese sentido que tienen de la vida política y social con autores liberales. Y también recomendable para aquellos que se sienten de izquierdas para conocer en qué se basan los intelectuales del establishment para cautivar a tantas y tantas personas. Y porque hay que leer de todo y no sólo aquello que deriva de la “cultura de tribu” de los distintos posicionamientos ideológicos.

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