“Llorar tranquilo, sin histerias, es hermoso”

Entrevista a Andrés Aberasturi

0

Con la misma valentía con la que pregunta como periodista. Sin ambages, ni rodeos. Directo al grano. O más bien al corazón. Así ha escrito Andrés Aberasturi Cómo explicarte el mundo Cris (La Esfera de los Libros) http://www.esferalibros.com/libro/como-explicarte-el-mundo-cris/ un libro con el que acurruca y mece a su hijo Cristobal (nacido con parálisis cerebral) en su amor infinito de padre y que no deja indiferente a nadie.

Un libro que a sus 67 años, pare tras tres largos años de dudas y provoca nudos en la garganta porque muestra todo lo que lleva dentro. “En él cuento la verdad –mi verdad- de una relación narrada sin adornos, no para tranquilizar a nadie, sino más bien como un grillo callado y humilde

-y, para mí, necesario- con el que alguien, no lo sé, pueda sentirse de alguna forma identificado”, dice. Tras leerlo y hablar con él queda claro lo que decía el gran maestro Ryszard Kapuscinski: “Para ser buen periodista hay que ser buena persona”.


 

¿La vejez te hace sentir aún más vértigo por Cris?

No lo sé. Creo que la vejez aumenta el vértigo por todo en general y a la vez te da una cierta paz. Respecto al futuro o al presente de Cris, estoy tranquilo porque hay mucha gente dispuesta a ocuparse de él cuando nosotros no estemos, el primero su hermano. En ese sentido no es algo que me preocupe.

 

Cuando los porqués no acaban nunca ¿es necesario dejar de preguntarse y “simplemente” vivir?

Yo creo que no es incompatible una cosa con la otra; para mí “simplemente vivir” es seguir preguntándome el porqué de tantas cosas. Yo no puedo renunciar a buscar razones que justifiquen un mundo y una vida que no entiendo con todas sus contradicciones, con esa dualidad constante y tan complicada de lo bueno/malo, lo justo/injusto…Pero tampoco es algo que me obsesione. Vivo sencillamente y, sencillamente, me pregunto qué sentido tiene todo esto. Lo bueno es que las respuestas son infinitas lo mismo que las preguntas. Supongo que estamos condenados a no llegar nunca a la verdad si es que realmente existe una verdad.

 

Sigues creyendo que al final solo queda la muerte, la “puta” muerte…

No es que lo crea, es que es lo que es. No tengo ni idea de lo que pueda pasar después, nadie lo sabe, claro, y cada cual se agarra a lo que puede/quiere para dar un sentido a la vida. Yo sólo espero con cierta confianza y quizás también con una morbosa (o no) curiosidad. Hemos visto morir a tanta gente a nuestro lado, es tan cierto –quizás lo único verdaderamente cierto- que vamos a morir un día… y sin embargo no terminamos de asumirlo, sigue siendo una de los grandes miedos porque ignoramos qué puede haber después, si es que hay algo o es sencillamente el final de una aventura sin demasiado sentido.

 

Describes en un momento del libro cómo la pena te llevó a llorar lágrimas de hombre ¿llorar es la paz del guerrero, el único consuelo?

Es importante saber llorar; yo no sabía, no tenía lágrimas “físicas” aunque el dolor fuera grande. No se trata de que no llorara por esos tópicos de que los hombres no lloran y esas estupideces, es que no me salían las lágrimas hasta esa noche que cuento en el libro. No sé si es la paz o el consuelo, sólo sé que de pronto notas las lágrimas, te das cuenta de que estas llorando tranquilo, sin histerias. Y es hermoso.

 

Hay momentos que no se te olvidan como cuando tuvisteis que atar a Cris o dejarle en una residencia. Es lo que defines como “la urgencia por encima de los sentimientos”. Es la suma de dos antónimos: amor y abandono.

Es siempre una tragedia, un desgarro y nunca terminas de asumir eso; tal vez lo racionalizas y sabes que es lo mejor, pero el sentimiento se queda ahí y aunque no dudes de que haces lo mejor para él, aunque lo tengas muy claro, nunca llegas a entenderlo del todo. No se trata de “abandono”, no es la palabra, no tiene nada que ver; es la separación física y cómo eso repercute mucho más en tu sentimentalidad que en la de tu hijo que no sufre porque –en el caso de Cris- no es consciente de lo que está pasando. Es muy complicado todo esto, muy paradójico y en ocasiones muy duro.

 

Conmueve la foto de tu mujer abrazada a tu hijo, también la de sus manos inocentes incapaces de causar dolor…

El papel de la madre en toda esta historia es fundamental, es la raíz y la fuerza y la fe y la entrega y todo lo que se te ocurra poner. Hay una historia que resume todo esto y que yo no supe hasta mucho después: cuando su madre iba a visitarle cada día a La Paz para darle el biberón, casi recién nacido, antes de salir de casa se arreglaba especialmente bien, se ponía lo más guapa posible para su hijo. Esto, que puede parecer una tontería, resume la enorme fe de la madre.

 

En el libro dedicas tres capítulos a Dios ¿Necesitamos religarnos a algo superior para salvarnos de la tristeza o para dar gracias a la vida a pesar de todo?

Supongo que sí; la historia del hombre es la historia de su propia justificación, de sus miedos, de sus dudas. Yo, como decía Salvador Pániker, me declaro agnóstico místico y estoy seguro de que todo sería más sencillo si pudiera tener fe, creer que Dios es como yo lo imagino o lo deseo o lo necesito pero no vale hacerse trampas. Hoy por hoy eso me resulta dolorosamente imposible. No me planteo ya más dudas, sólo intento ser buena gente y el Papa Francisco ha tenido unas hermosas palabras también para los que no creen. Eso es bueno.

 

Si nos educaran para tener hijos con discapacidad ¿sería todo más fácil?

No se trata de eso exactamente; deberíamos educarnos para aceptar la diferencia como un hecho más, la diferencia en general, no solo en la salud o las capacidades; entender que cada uno de nosotros es cómo es y aceptar esa realidad y a la vez luchar contra la desigualdad hasta el final. Mi hijo –lo digo en el libro- pese a todo ha tenido suerte. No hay más que mirar el mundo para darse cuenta del disparate que estamos haciendo entre todos, de la injusticia y la vergüenza que deberíamos sentir como seres humanos.

 

¿Estáis en tu pequeña gran familia tan llenos de paz como de resignación?

La palabra resignación no me gusta mucho; prefiero la aceptación de una realidad que es la que es y que es dolorosa. Resignarnos no nos vamos a resignar nunca, hay en esa palabra un cierto tufillo de derrota y no me gusta. Y no sé si tenemos paz, supongo que como todas las familias; lo que sí es cierto es que la existencia de Cris nos ha hecho ver que la vida, sin ser hermosa, se puede vivir hermosamente y en eso estamos.

¿Quieres recibir las novedades de Diario16?

Compartir
Artículo anteriorNo consintamos que nos roben también “el mes de abril”
Artículo siguientePoncio Pilatos: “Todo en Judea es gracias a nosotros”
Es periodista, editora en @lideditorial y responsable de Comunicación y RR.PP de @juanmerodio. Además es Máster en Producción Radiofónica (RNE), Biblioteconomía y Documentación (Universidad Complutense) así como Mujer y Liderazgo (Aliter). Fue becaria Erasmus y Leonardo en Roma. Ha desarrollado su carrera durante 25 años a caballo entre el periodismo, la comunicación, la organización y presentación de eventos. Colabora con El Español, 20 minutos y Diario 16. Es madre de dos hijos y cree que el liderazgo y la defensa de los derechos y los valores sociales, en especial los de las mujeres, han de partir de uno mismo.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

dos × 2 =