Miedo. Les ha entrado el miedo a los barones socialistas tras la victoria de Pedro Sánchez. Las declaraciones de Guillermo Fernández Vara en el sentido de que aceptará cualquier ejecutiva que proponga el recién electo secretario general, son una muestra palpable de ese miedo interno. Durante el propio proceso de primarias ya se mostraron bastante tibios en sus declaraciones y actos. Se debían oler que el movimiento de la turba sanchista era más grande de lo que querían creer. Ahora son los primeros en nadar e intentar guardar la ropa. Se pliegan a negociar los delegados congresuales como muestra de diálogo y aceptación de los resultados. Pero no han entendido nada.

Desde una perspectiva estrecha puede ser muy democrático el comportamiento pero ¿quién les garantiza que sobrevivirán? García Page ha sido claro, esperará a ver qué sale del Congreso Federal para decidir qué hace, aunque por el camino igual le comen la tostada. Susana Díaz, por su parte, ha entendido mejor lo que hay en juego y piensa confrontar al sanchismo. Pero vayamos a los aspectos que quiebran los principios democráticos de la actitud de las baronías. Porque, si no se han dado cuenta ellos mismos, es mucho más que un puesto de dirigente lo que está en juego en estos convulsos tiempos del socialismo patrio.

Primero. La elección de Sánchez es una elección personal y única que, evidentemente, tiene implicaciones colectivas pero no a costa del sentido democrático del partido. Elegir a alguien en primarias supone elegir a ese alguien nada más, no llevarse todo el lote. Esto es, el que gana no se lleva todo el poder, ni toda la representación, sino parte. El triunfo del sanchismo no puede suponer, en virtud de los principios democráticos, la desaparición colectiva de los militantes que no le han apoyado. Pedro Sánchez representa un 50% por lo que el otro 50% tiene igualmente derecho a esa representatividad. Y si las baronías, como voceros de esa parte de la militancia, ceden en su empeño de luchar por ese grupo de militantes provocan una quiebra democrática. La confianza depositada en ellos como representantes desaparece y queda una masa sin organizar en el breve espacio de tiempo que existe.

Segundo. La elección de Sánchez no puede suponer la imposición de su voluntad sobre todo el conjunto del PSOE. El partido socialista no es presidencialista sino que contiene elementos fundamentales de contrapeso al poder. Entregar esos mecanismos de check and balance al ganador supone dar un paso hacia la tiranía, hacia el dedazo que tanto critican al PP. Y más con los antecedentes del propio candidato electo (que no refrendado) que, cuando no se cumplían sus deseos personalistas, recurrió al plebiscito, a la ejecución de federaciones o a los congresos exprés. Lo que está en juego es pasar de un partido democrático a un partido bonapartista. Por cierto, José Félix Tezanos, ideólogo del sanchismo, fue quien calificó a Felipe González como neobonapartista (en la revista Sistema), cuando los mecanismos internos del PSOE eran mucho más abiertos que en la actualidad.

Tercero. El carácter emotivo del movimiento sanchista no piensa para aquí. Siguiendo a Rousseau han preferido la política de lo emotivo frente a lo racional. Se ha generado un movimiento populista o parapopulista que carece de día después. Tras la conquista del poder el neopopulismo establece un discurso de integración republicano, el cual no existe en el movimiento de Sánchez. Sólo hay que escuchar a Adriana Lastra (quien, por cierto, se abstuvo para que gobernase el PP) solicitando el perdón de los barones para con la militancia. Lo mismo piensan las huestes sanchistas. Quieren acabar con todo el poder constituido en el PSOE para imponer su propia voluntad. Una dictadura del proletariado sin proletariado como ha sucedido históricamente. Quieren quitar a todos y todas para ponerse ellos y ellas y, obviamente, no bajarse del machito porque sólo el movimiento tiene la razón. Se volverá a escuchar en las paredes de las agrupaciones y en Ferraz aquello de que “contra el partido no se puede tener la razón”.

No han entendido los barones el sentimiento trágico del sanchismo. Salvo Díaz como dije. Agonía y Tragedia se encuentran en el común denominador de la victoria del odio. Son agonistas porque no entienden la política sino como perpetua confrontación. Pero, además, suman el componente trágico. En la Tragedia sólo puede haber vencedores, como se expresa en la épica helénica y romántica, y esto encuentra su perfecto anclaje en el sanchismo. Ellos y ellas no sólo quieren ganar sino también acabar con los enemigos. No entienden la dialéctica de ser compañeros con posiciones distintas y diferenciadas, sino que el contrario no es la alteridad, es el enemigo al que se debe masacrar.

Esto no lo han entendido los barones miedosos. Su postura no es buena para el PSOE y la futura convivencia interna. Es una rendición de las armas que no terminará con la entrega de los escudos y las broncíneas lanzas, sino con los muertos en la planicie de combate. Con el sanchismo ya no existen compañeros sino amigos o enemigos. Y como los barones han sido declarados enemigos son la próxima presa para el movimiento sanchista… salvo que la Ley de Hierro de la Oligarquía entre en acción cuanto antes.

Porque, al fin y al cabo, el aparato sanchista (que existe) necesita cuadros y no los piensan escoger de las bases precisamente. Lo movimientos, como recuperar a Bibiana Aído o gente así, indican que las masas quedarán fuera como siempre ha ocurrido. Serán victoriosas pero quedarán bajo el yugo opresor del nuevo aparato. La ley de Hierro funciona así. Como dijo Robert Michels: “Quien dice organización, dice oligarquía”. La única diferencia es que se va a producir un cambio oligárquico mediante un proceso traumático. Pero la oligarquía persistirá como también advirtió Gaetano Mosca. Veremos si en ese momento las masas sanchistas reaccionan o no. Pero las propuestas de Sánchez van en el camino de reforzar el poder unipersonal. Es lo que tiene haber elevado a la categoría de héroes a unos apparatchik. ¿O es que Sánchez, Lastra, Ábalos, Sumelzo, Frutos, Gómez de Celis, Cantera o demás no han llegado a donde lo han hecho por ser parte del aparato? Y los aparatos tienen su lógica elitista que se impondrá frente a las masas. Doble pérdida democrática.

Y cuarto. Los barones no defienden la democracia representativa en la que decían creer. El PSOE tiene una elección presidencialista (primarias) y una representativa (Congreso y Comité Federal). Digamos que se ha ido formando un sistema semi-presidencialista. Pero si una de las partes del sistema, Congreso y Comité Federal, quedan a voluntad del ejecutivo, se pierde democracia interna. El sanchismo es sólo el 50% del PSOE, existe un PSOE no sanchista que también es la mitad y tiene derecho a la misma representación en los órganos de check and balance. La actitud meliflua de los barones pone al sanchismo en la oportunidad de impedir esa representación. Ellos y ellas quieren todo y nada para los enemigos del partido. Un sistema de podemización del PSOE sin duda. Pero ese otro 50% tiene la misma legitimidad de estar y obrar. Aún más. El sistema federal permite que el centro del partido (Ejecutiva Federal) no sea omnipotente sino que deba negociar y dialogar con los territorios (y los demás órganos representativos) materias que afectan a todo el Estado. De tomar al asalto todas las federaciones sin lucha y sin consenso, sólo provocarán una concentración de poder que derivará en una tiranía del secretario general. Los contrapesos son fundamentales para la democracia representativa, que es lo que hay en el PSOE, y si se queda en la voluntad de uno no hay diferencias con el bonapartismo (por la utilización de plebiscitos) o la monarquía absoluta (por la preferencia personal de Sánchez).

No comprender los signos de los tiempos o las pautas psicológicas de movilización tiene estas consecuencias. Y lo barones parecen carecer de un mínimo de capacidad analítica en estos momentos. Las masas caerán bajo el poder personalista y absoluto de Sánchez y, tal vez, reaccionen contra él en algún momento. Pero, rememorando a Erich Fromm, los barones ahora mismo tienen miedo a la libertad. Sin llegar a esos extremos, el movimiento sanchista tiene componentes parecidos a los que permitieron el nazismo, el fascismo o el comunismo, como se puede ver en comparación con las obras de Elias Canetti y Serge Moscovici. Y en este proceso de ceguera y de carga emotiva han caído los barones. Al menos se esperaba de ellos la defensa de los valores del partido. Pero, bien al contrario, han decidido rendirse entregando las armas, sin darse cuenta que con eso pueden estar firmando su sentencia de muerte política. Al menos Susana Díaz, sin parecer la más inteligente de todos ellos, piensa morir matando o convirtiendo Andalucía en su reino de Taifas hasta mejores épocas. Mal lo tiene el PSOE porque o bien cae en el absolutismo y la negación de la democracia bajo Sánchez, o bien se convierte en un partido de taifas (siempre y cuando reaccionasen los barones). El caso es que la democracia siempre pierde. Ni la izquierda del PSOE ha reaccionado ante esto, embobada como está por el irracionalismo del sanchismo. Un sanchismo que no es de izquierdas ni por roce. RIP PSOE.

¿Quieres recibir las novedades de Diario16?

3 Comentarios

  1. quizás los barones no entiendan nada, pero tu con este articulo tampoco has entendido nada, las Primarias no suponen un modelo Presidencialista ni populista, si se acompañan del empoderamiento de la militancia y se acompaña de un reforzamiento de la democracia interna.
    Democracia es solo eso Democracia que no se asuste nadie que no ha venido el lobo.

  2. Quien no ha entendido nada,sois vos,es tanto tu rencor que ves lo que deseas ,no lo real.Sigue con tu rencor y con tu ceguera,tu eres la verdad absoluta

  3. Sera usted doctor en Ciencias Políticas y Sociólogo pero su análisis es partidista y confuso de principio admite y defiende a los barones, no se da cuente que en el PSOE del siglo XXI los barones no los quiere la nueva Socialdemocracia, con todos mis respetos.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

siete + 16 =