En Ciudadanos liberal, lo que se dice liberal, debe quedar Luis Garicano y poco más. Todos los que se podían adscribir a esa posición ideológica han ido desfilando hacia la calle sin querer mirar atrás. Ninguno se arrepiente de la decisión tomada, ni han tenido problemas de cargos o de deseos personales insatisfechos, bien al contrario eran personas destacadas y con una buena apreciación por parte de la ciudadanía. Javier Nart y Francisco de la Torre han sido los últimos que ayer mandaron a esparragar a Albert Rivera, Inés Arrimadas y a Ciudadanos. Personas con cultura, capacidad y posibilidad de irse a trabajar en algo que les llena han decidido abandonar el barco naranja pues hace tiempo que perdió su esencia liberal para convertirse en una banda de montapollos profesionalizada.

El liberalismo propugna el debate, la deliberación, el uso de lo racional, la libertad personal y la lucha por el bien común, algo que piensan los liberales se consigue mediante el libre mercado (cuanto más mercado mejor), la potenciación del individualismo, la reducción de la intervención del Estado (impositiva y administrativa) y siempre el respeto al otro. En algunos casos, los que pueden estar más hacia el centro, parte del liberalismo, que se diferencia en esto de los neoconservadores y la extrema derecha, busca que exista una igualdad de oportunidades (mediante la educación) y cierta protección social (que no incluye las pensiones públicas). Sólo hay que leer a Garicano o Vargas Llosa para entender a esta corriente del liberalismo. Pues todo esto, por vago que sea el esquema, es lo que ya no existe en Ciudadanos y que ha provocado la salida de estas dos personas más Toni Roldán y Francesc de Carreras hace poco tiempo.

Entonces ¿qué queda en Ciudadanos si se van todos los liberales? Orgánicamente, dentro del partido y en sus estructuras legislativas, todo se condensa en la aceptación sin crítica alguna de las ideas de la oligarquía (prácticamente Rivera y sus asesores) y un centralismo burocratizado de control de hasta la más mínima decisión a escalones menores. No sorprende que se haya expulsado a dos concejales canarios por haber pactado con el PSOE cuando el mandato de Rivera era que nada con nadie de ese partido, salvo los que le caen bien al mandatario. Una dictadura comisarial en lo interno con continuas purgas de quien discrepa. ¿Qué más queda? Una confluencia de lobbies insertos en las mismas estructuras que, además de financiar al partido naranja, que son los que dirigen la política más mollar, esa que es decisiva en la acumulación de las grandes empresas.

Hacia afuera dejan a Rivera, aunque su cabeza está cerca de la guillotina porque ha enfadado a personas que mandan mucho a nivel mundial, y el resto de odiadores profesionales, los cuales no es que tengan unas cabezas brillantes pero para cumplir con el populismo del sistema sirven. Es curioso que los más cultos y avezados son los que van abandonando Ciudadanos (algunos se callan para no sufrir la purga), mientras los mediocres permanecen haciendo el juego sucio a los lobbies y a la propia clase dominante. El problema es que al no quedar ningún liberal con suficiente enjundia dentro de la formación naranja el paso que están dando hacia el neoliberalismo autoritario ya no convence a la población. Para eso existe Vox, aunque con un tamiz religioso que Ciudadanos no posee. La formación naranja es un partido que se va acercando a las posturas de Salvini o de Bolsonaro mediante destrucción de todo aquello que molesta al sistema capitalista y la instauración de un Estado policial. Siempre quieren endurecer las penas, perseguir a los que no piensan como mandan los cánones establecidos por la clase dominante, haciendo cuñadismo ético y estético a cada paso que dan. Hablan de un PP corrupto pero jamás dejarán de apoyarle porque así se lo han dicho cuando la alternativa es el gobierno de la izquierda.

El problema es que, como sucede en otros partidos de adanistas y listillos, la soberbia ha hecho presa del dirigente máximo y se ha creído que está por encima de las órdenes de sus jefes (para un buen análisis desde la derecha, nada mejor que Jorge Vilches). Bueno de parte de sus jefes, los de la fracción financiera, ya que las demás fracciones han seguido con sus apoyos a través de sus medios de comunicación. Negar cualquier diálogo con el PSOE es algo tabú para Rivera que cree que así desbancará a Pablo Casado y será el más mejor de la derecha, cuando la ciudadanía deja de apoyarle por poner el bien común de la estabilidad gubernamental en manos de Podemos. Muchas personas del centro-derecha no entienden que no haya querido pactar con Pedro Sánchez y así controlarle, más cuando Ana Botín o la CEOE se lo pidieron. Esto es su tumba política, por muchas vacaciones que se coja, por mucha mansión en la zona más cara de Madrid se alquile, pero no lo ha entendido. Y para rematar la faena acaba pactando con la extrema derecha, a la cual parece querer superar para instalase en el neofascismo. Normal que liberales de verdad, que no se juntan con la extrema derecha y piensan que los socialdemócratas son aliados, se hayan ido. En el mundo de Rivera sólo está él, como ser elegido para la gloria (aunque va camino de la miseria), y su equipo de edecanes y corifeos. Otro más que se lo ha creído.

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