En los años 1960s no había un solo marxista que no estuviera influido por el pensamiento de Louis Althusser. Su “estructuralismo” como método de establecer un marxismo puramente científico sin desviaciones humanistas, ni de otro tipo, era centro de debates contundentes en el seno de las Ciencias Sociales y Humanas de la época. Nacido en Birmandreis (Argelia) el 16 de octubre de 1918, en el seno de una familia pequeño-burguesa de alsacianos, estudió en la Escuela Normal Superior de Paris, la cual hubo de abandonar para alistarse en el ejército francés que luchaba contra la invasión nazi. Fue apresado por las tropas del ejército alemán en 1940 y estuvo casi cinco años en un campo de prisioneros de guerra en Schleswig-Holstein. Sería en ese campo de internamiento donde, como él mismo recuerda, escuchó hablar por primera vez de Karl Marx. Una vez finalizada la II Guerra Mundial terminó sus estudios y consiguió plaza como profesor de filosofía. A partir de este momento todo cambiaría para el filósofo francés.

Como profesor de la Escuela Nacional Superior fue profesor, y ejerció gran influencia, sobre grandes pensadores franceses como Michel Foucault, Pierre Bourdieu o Jacques Derrida, en aquellos años. A la par que emprendía su carrera docente, también se afiliaba al Partido Comunista Francés, que en la época era el partido comunista más importante y con más influencia de Occidente. Ambos aspectos marcarían su influencia y su vida, la cual, por cierto, ya venía lastrada por su enfermedad maniacodepresiva que le tuvo internado en diversos centros mentales en varias ocasiones y donde acabaría sus días. Mas no adelantemos acontecimientos. Curiosamente en estos años hacía gala de la unión entre sus dos ideologías, el catolicismo y el marxismo, hasta que a comienzos de los años 1950s el vaticano prohibió la pertenencia de los católicos a cualquier movimiento de izquierdas. Así comenzó su separación de “lo católico”, como también se fue separando de su primera influencia intelectual, Hegel. Aunque, no publicaría nada en relación a temas marxistas en estos años 1950s. Sería en la siguiente década donde Althusser pasaría a ser Althusser.

El corte epistemológico en Marx.

Con la llegada de la nueva década, y por mediación de Jean Hyppolite, Althusser se lanzó a la traducción, edición y recopilación de los textos de Ludwig Feuerbach para comprobar la influencia en Marx y precisar que todo este mundo filosófico, del materialismo dialéctico, ya no aparecía en el “Marx maduro”. La bomba cayó cuando publicó en la revista La Pensée el artículo “Sur le jeune Marx: Questions de théorie” (Sobre el joven Marx: cuestiones de teoría), que junto al libro Pour Marx (Por Marx) establecieron el corte o salto epistemológico entre unos escritos del autor alemán y otros. Una fuerte polémica en la que pretendía hacer del marxismo una epistemología, o lo que es lo mismo seguir la senda científica que establecieran Marx y Engels en sus obras de madurez. Y lo intentó demostrar apoyándose en textos de autores no marxistas como Claude Lévi-Strauss (antropólogo), Jacques Lacan (psicoanalista) o el filósofo de la ciencia y psicólogo Gaston Bachelard (imprescindible hoy en día su libro La formación del espíritu científico).

Roger Garaudy, intelectual orgánico del PCF, no recibió bien ese corte espistemológico, y fue objeto de críticas continuas por parte de Althusser, quien lo acusaba de insuficiencia teórica. Es más, la utilización de la dirigencia del PCF de las obras del joven Marx se debían a su deseo de establecer un diálogo con ciertos sectores intelectuales del catolicismo y protestantismo francés, lo que para Althusser era abandonar lo científico en pos de lo humanista. Los jóvenes comunistas franceses adoraban al filósofo estructuralista contra el Comité Central. Además, Althusser nunca ocultó la crítica contra el desviacionismo de Stalin, la represión de la URSS y el culto a la personalidad (aunque apoyaría la invasión soviética de la Primavera de Praga).

Casi cuando esta polémica estaba en auge, junto a Étienne Balibar, Jacques Rancière y Pierre Macherey, publicó otra de las obras fundamentales de esta posición marxista, Lire le Capital (Para leer el Capital). En ella proponían un marxismo antihistoricista y antihumanista basado en el análisis de las estructuras, para así observar la totalización de las relaciones sociales que se producen bajo el sistema capitalista. Frente a esta posición otros marxistas desde el humanismo, como Henri Lefebvre, u otras posiciones más oficialistas como Garaudy o Louis Aragon, realizaron numerosas críticas. Para recordar aquella que Jorge Semprún realiza brevemente en su libro Autobiografía de Federico Sánchez, como ejemplo de hasta dónde llego el debate. Al fin y al cabo, sólo proponía que el marxismo si quiere seguir siendo lo que pensó Marx debe ser científico, no un constante recuerdo de citas del autor alemán para justificar actos propios o falsos análisis.

Aparatos represivos e ideológicos.

Sin pretenderlo cambió la teoría social que en buena parte estaba dominada por los funcionalistas conservadores de EEUU como Talcott Parsons. Hoy ni uno, ni otro son citados (más Parsons) pero están casi en cualquier estudio social en esencia. En el aspecto más político, esta visión de Althusser tuvo una enorme influencia en los grupos maoístas y en América Latina. Incluso un alumno suyo, Saloth Sar, sería recordado como uno de los más sanguinarios dirigentes de la Historia, Pol Pot.  Pero sus problemas mentales y que poco a poco iba perdiendo presencia en los medios, fueron condenando al ostracismo a Althuseer. Empero, posiblemente es esta época de los años 1970s donde propuso alguno de sus más profundos y útiles análisis. En su obra Idéologie et appareils idéologiques d’État (Notes pour une recherche) (Ideología y aparatos ideológicos de Estado) realizaba un análisis de los mecanismos de dominación de la clase dominante que hoy en día, con algún pequeño matiz, tiene una vigencia plena. La diferenciación entre aparatos represivos e ideológicos de dominación es ya un clásico en el estudio, hoy en día muy relegado, de las formas de dominación y de reproducción de las relaciones de producción en el sistema capitalista. En otras palabras, Althusser estableció un marco analítico para conocer cómo se domina a las personas y cómo se las convence de que este sistema es el único posible… por las buenas o las malas. La ideología, para Althusser, representaría una relación imaginaria entre individuos con sus condiciones reales de existencia, que, en última instancia, son las relaciones de producción a las que está sujeto.

El mundo cambiaba más rápido de lo que Althusser podía asimilar analítica y personalmente. Poco a poco, con el apoyo de los medios de comunicación a los Nuevos Filósofos para comenzar a instaurar la era del neoliberalismo, el filósofo marxista desapareció. Tan sólo asomó la cabeza para criticar, y prácticamente separarse de facto, del PCF en la discusión que hubo en 1978. Lo que no puede durar en el PCF fue su última obra publicada y que utilizó para ajustar cuentas con el “Partido” y acusarles de carencia de identidad. Curiosamente algo que hoy en día se sigue lanzando contra los partidos de izquierdas cuando se quejan del peligro neofascista o de los diversos populismos a un lado u otro del espectro político.

El final sangriento y obsceno.

En noviembre de 1980 Althusser volvería a los titulares de los medios de comunicación por una noticia luctuosa, había asesinado a su esposa mediante la estrangulación. Un asesinato machista, execrable que los médicos entendieron producto de su completo desequilibrio mental. Lo primero que se hizo fue internarle en un centro. La Justicia entendió que el enajenamiento mental era la clave del asesinato por lo que no lo juzgarían (algo que sentó muy mal en las posiciones de la derecha), pero quedaría encerrado en un centro psiquiátrico. En 1984 saldría del centro para quedar recluido completamente en un apartamento hasta 1987 cuando volvería a un centro psiquiátrico del que ya no saldría. El  22 de octubre de 1990 moría el filósofo asesino, quien podía haber hecho como su alumno Nicos Poulantzas y haberse tirado por una ventana.

El legado de Althusser es más grande lo que sus críticos querrían y menos de lo que se cuenta en ciertas ocasiones. Ello se debe a que, por muy equivocado que estuviese en algunos postulados estructuralistas (parece que todo son estructuras y nada más que estructuras), enseñó el camino de no utilizar a Marx como justificante y sí avanzar de manera científica. Gran parte del análisis de redes (no el de redes sociales, sino el científico y sociológico) está basado en él. Alumnos suyos siguen siendo prominentes intelectuales hoy como Balibar, Rancière o Alain Badiou. Influyó en cierto sentido en los análisis sociológicos de Göran Theborn sobre la dominación gracias a Althusser, aunque en la Escuela de Frankfurt (Erich Fromm y Herbert Marcuse principalmente) ya se manejaban en un sentido parecido, el marxismo se enriqueció con los postulados de Lacan, por ejemplo. Algo que agradeció su alumno y eminente filósofo Michel Foucault, quien derivó por esa senda más psicológica. Y toda América Latina se adoctrinó gracias a otra althusseriana como Marta Harnecker. Un filósofo que pese a ser un criminal dejó un poso en el mundo, para bien o para mal, que en esto como en Botica hay para todo.

¿Quieres recibir las novedades de Diario16?

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here

11 − Nueve =