La última idea del PP andaluz y de su candidato a la presidencia de la Junta de Andalucía es una reproducción de Juan Manuel Moreno Bonilla. Tras fracasar en el intento de vender a la ciudadanía andaluza el original, como pronostican todas las encuestas, ahora intentarán colar el “mini-Bonilla” para vencer a las naranjas amargas de Ciudadanos. Una reproducción que, según cuentan, no vendrá acompañada de “El Albondiguilla”, aunque igual sí de “Conquistador Casado” o el compañero de farra “Elías sujétame el cubata”. Entre el ejército de los malos malísimos prevén incorporar a “Susana y Tieso”; un grupo de Venezuela Connection  con “el Coletas” como muñeco más representativo; “Pedro II, el cruel” tendrá también su muñeco; y terminarán con “Amargado Al” el peligroso jefe de la secta naranja.

Dejando a un lado las bromas, lo del mini-Bonilla es real como pueden ver en la imagen, la realidad es que el candidato popular lo ha intentado todo, además, con guasa que se agradece, para no hundirse en las preferencias de voto de la ciudadanía andaluza. Desde pedir el voto a una vaca (ver el vídeo) hasta hacerse Jedi han sido mecanismos de publicidad electoral que pueden haber servido para no quedar por detrás de Ciudadanos. No ha querido Moreno Bonilla, que conoce mucho mejor Andalucía que la secta naranja, hacer una campaña del odio, ni de catalanes, ni de cuestiones que no fuesen el BMI o sus ocurrencias electorales (como los millones de trabajos a crear). Y puede haber conseguido su objetivo de no ser el último entre PP y Cs. Dejar a la formación de Albert Rivera con un palmo de narices y teniendo que pactar con Susana Díaz, otra vez, es lo mínimo que le pedían e Génova. Ganar ese partido de ligar regional para que a nivel “ligas mayores” Casado pueda vender un medio triunfo. Al menos un triunfo dentro de la derecha. El daño que le puede hacer Vox, según los últimos sondeos ocultos, también parece que se lo harán a Ciudadanos quedando el daño electoral repartido.

Moreno Bonilla y Bendodo con mini-Bonilla

Se echará de menos a Moreno Bonilla en la política andaluza. Siempre ha tenido ocurrencias y meteduras de pata que permitían a los plumillas tener algo que publicar al día siguiente. En esta campaña se ha esmerado y ha dado grandes tardes de buen humor y salero. También de tener tablas como cuando se carcajeaba por una verdad como un templo que le había dicho a Juan Marín, candidato de Ciudadanos con una soga al cuello. “¡Pídeme perdón!” en un tono patético se pasó el naranja durante el último debate y Moreno Bonilla a lo suyo. No lo tenía fácil pero quedará por delante de las huestes de odiador profesional que es Rivera. Aunque no tuvo el comienzo sencillo con todos los insultos de los dirigentes populares de diversos sitios de España, comenzando por su jefe de filas. En cuanto se callaron y Moreno Bonilla hizo lo que le dio la gana sin seguir lo que decían a nivel estatal, recuperó la confianza de los suyos. Al menos de la parte de los suyos que no había perdido ya el PP.

Igual no queda ni segundo, lo estará peleando con Adelante Andalucía hasta el último voto según los sondeos, pero en su fuero interno podrá decir “¡Ahí os dejo eso!”. Porque todo indica a será reemplazado por José Antonio Nieto. O eso dicen las malas lenguas o las lenguas interesadas. Andalucía, una vez más, quedará como una región claramente de izquierdas, mal que les pese a las derechas. Con un partido socialdemócrata y otro socialista (curiosa la forma en que Díaz ha dejado que le quiten también el socialismo). En el otro lado estará un partido neoconservador (PP), otro de derecha extrema (Cs) y otro fascista. La fragmentación de las derechas y su pelea por ver quién es más odioso, más xenófobo y más españolista rancio. Y la verdad de Moreno Bonilla, salvo algún latigazo dialéctico, no ha entrado a ese juego porque no le pega y sabe que eso en Andalucía no vende.

El mini-Bonilla tendrá algunas ventas pero fracasará en las ventas gordas, las que dan el liderato y el poder. Venderá más que las naranjas y los limones amargos, pero no todo lo que quisiese. Por ello, como ya se ha dicho, el muñeco será descontinuado y mandado al almacén. Pondrá a un sieso para ver si así, dentro de unos años, venden algo más. Pero el corazón de los andaluces, aunque no le voten, siempre estará con Moreno Bonilla, porque sin él ya no habrá risas, ni chanzas. Hasta las vacas le echarán de menos en esos momentos de intimidad y confesiones al oído. Fortunam amicus.

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