El daño ya está hecho, por tanto no cabe lamerse mucho más en las heridas y sí mira hacia delante. Es lo que se comenta entre los que quedan en Podemos después de la salida hacia Más Madrid de Íñigo Errejón. No hay que pensar más en quién tiene razón o no. En ambos lados del tablero se han hecho cosas mal como se han hecho bien. No cabe cargar las culpas en Pablo Iglesias y las siglas diciendo que restan más que suman, mientras que Errejón siempre ha caído mejor a la gente. Si hubiese tenido que sufrir, pese a los errores cometidos, las campañas diarias que se han montado contra el secretario general de Podemos igual no caía tan bien.

Las cosas como son. Ni Iglesias es mejor que Errejón, ni al contrario. Pero la puñalada queda y provocado una herida que veremos si cierra, pues desde los medios de comunicación cavernarios y algunas plumas de la izquierda caviar se está ensalzando a quien abandona el barco. Ya se advirtió de esta campaña hace unos días, así que no sorprende nada. Ayer y hoy verán en los medios de comunicación alabando a Errejón por su coherencia al dejar el acta. Compararlo con el Pedro Sánchez que dimitió (Antonio Maestre). O decir, en una completa absurdez, que es una acción democrática. Todos los parabienes son para el populista y las malas para el radical. Igual porque no se han parado a analizar las propuestas de ambos para ver si había alguna diferencia. Y de haberla a qué se debía. Como verán en el análisis de abajo, las diferencias pocas por mucho que digan, salvo en dos o tres puntos estratégicos, pero una principal: ser el caudillo total. (Se intentará ser lo más claros y explicativos posibles con alguna terminología que utiliza Errejón y su equipo para mayor comprensión del análisis).

Apuesta por el movimiento antes que las estructuras partidistas.

Los errejonistas, al menos los que se han significado con total publicidad, lo que es de loar, hablan que Podemos, no sólo es una marca que está manchada y en decadencia (callan que por culpa de Iglesias, aunque en privado lo comentan sin ambages), por ello hay que recurrir a una fórmula que vaya más allá de las estructuras partidistas y encauzar la pluralidad de la diversidad a través de un movimiento. Dicen que en Podemos lo que se quería era un acuerdo entre partidos (IU y Equo principalmente) dejando fuera a muchos otros colectivos que son fundamentales para una confluencia que tenga capacidad de generar hegemonía. En parte es cierto, pero podrían haberlo dicho justo hace algo menos de un año, cuando comenzó todo el proceso. Así, por ejemplo, los Anticapitalistas habrían participado del proceso y, por el camino, no se hubiese perdido a una magnifica portavoz como Lorena Ruiz-huerta en la Asamblea de Madrid. Por tanto, toman hoy los errejonistas, no se sabe bien por qué, las tesis de los anticapitalistas para hacerlas suyas cuando en su momento las negaron. Primera contradicción.

Clara Ramas y Jorge Lago, en un texto en Ctxt, explican algunos porqués de esta decisión: “Y, sin embargo, una cosa está muy clara para todos: había y hay que hacer algo. Si crece la abstención, si una parte significativa de la base de los partidos progresistas y del cambio lleva tiempo desinflándose, y si la inyección de la moción de censura no está siendo suficiente para mantener posiciones y acaso tomar nuevas, algo hay que hacer; o, claro, permitir que una parte de la ciudadanía sucumba al hastío, la desafección, la desilusión y la sensación de que el cambio político era deseable, pero no posible”. El análisis de las elecciones andaluzas, donde la izquierda (PSOE-Adelante Andalucía) perdió cerca de un millón de votos que pasaron a la abstención, sin entrar en los factores que puedan explicar esa desafección, les lleva a avalar sin más la idoneidad de la apuesta por Más Madrid. Tiene razón al decir que la fórmula “Paremos al fascismo” no es discursivamente movilizadora en la totalidad que se desearía. Un remedo de luchas pasadas que hoy, en sí, no convoca. También tienen razón al decir que “no se les gana enfrentándose únicamente a ellos, en una polarización en la que sacan rédito azuzando odio y resentimiento”. Tiene que haber algo más que la confrontación directa y la apelación al miedo.

En otras palabras quieren un Podemos-Movimiento pero errejonista

¿Cuál es esa solución entonces? Lo explican con claridad: “el acuerdo Carmena-Errejón puede, y a nuestro juicio debe, entenderse como un primer y fundamental paso en la dirección correcta. Es el revulsivo que, seguramente, el momento pedía: no una estrategia defensiva o inmovilista, sino que movilice y amplíe su base social”. Un movimiento aglutinador donde la lucha de clases, por ejemplo, es meramente un “fetiche emocional” porque es necesaria una pluralidad de posiciones diversas para ver, en el momento que toque, cual es el significante hegemónico que totalitarizará el movimiento. O lo que es lo mismo, juntarse muchos grupos de personas para ver en el futuro qué parte de todos los discursos, en esa cadena de equivalencias que se busca, es el que más engancha para el momento de alcanzar el poder. Lo que se pretende con esto es algo que ya expresó Ernesto Laclau en La razón populista: es “la sobredeterminación de esa pluralidad antagónica que puede crear sujetos anticapitalistas”. Esto es, en algún momento se logrará que esos colectivos y personas se vuelvan anticapitalistas gracias al proceso mismo. Quieren un movimiento y no un partido para unir diversas posiciones antagónicas (desde gente que está en la esfera de Vox hasta anarquistas, pasando por colectivos de la diversidad más diversa). Algo que en Podemos no acaban de ver. Ni en el PSOE, por mucho que se derechice.

En otras palabras quieren un Podemos-Movimiento pero errejonista. Así se comprende que vuelvan los errejonistas a apelar al 15-M (que como acontecimiento de verdad, esto es, que supone la apertura de un momento de cambio, ya se está quedando incluso desfasado), a que lo que pretenden ya se ha hecho. Y de ahí a poner también como ejemplo las candidaturas populares de los ayuntamientos del cambio. Que como todos deberían saber, salvo en algunos lugares, han acabado como han acabado, a golpes entre unas y otros. Salvo que ahora se hará bien y de otra forma que no terminan de explicar los errejonistas. Bueno sí exponen, Ramas y Lago, que será “un proyecto, en fin, que apele siempre a una unidad por encima de las siglas que lo componen: la unidad popular que agrega a una mayoría social en construcción y encuentra, en cada momento, la mejor herramienta electoral y táctica para movilizarla”. Quieren algo que vaya más allá de las estructuras organizativas y que sea lo suficientemente dúctil para afrontar cada cambio o acontecimiento de la forma que se estime mejor. La crítica a la férrea organización, y no sólo por la mala leche que gasta Pablo Echenique, sino por la estructura misma, es palpable. Se quiere algo más líquido y fluido para poder adaptarse con rapidez y atraer a personas de cualquier ámbito, sin exclusiones. Sin exclusiones.

El elemento de imbricación del movimiento: ¿el líder?

Decía Antonio Gramsci en sus Cuadernos de la cárcel que el movimiento de lucha debería tener una “clase dirigente cada vez más amplia [gracias] a la absorción gradual pero continua, con método de eficacia variable, de los elementos activos de grupos aliados, incluso de los adversarios que antes parecían enemigos irreconciliables”. En parte esto es lo que quieren los errejonistas, ampliar la base y la dirigencia del movimiento a otras personas que o bien estaban fuera, o bien estaban dentro por la articulación de diversos grupos. Son muy gramscianos en la órbita de Podemos, algo menos en Anticapitalistas (algunos marxistas dirán por suerte). Por eso Ramas y Lago hablan en el texto citado de la necesidad de una plataforma que “integre a las fuerzas que llevan años luchando por el cambio, con IU, con Podemos, con Equo y con otras fuerzas que han operado al margen de la organización de los partidos y que son sin duda imprescindibles”. Volver al principio pero con otra conformación de la vanguardia dirigente y de las bases del movimiento. Demuestran, por tanto, que en su momento podían haber pedido la ampliación de la base, porque con IU y Equo ya se estaba hablando y negociando programáticamente, y no lo hicieron. En aquel momento les venía bien, como no han ocultado ahora, ese tipo de articulación hasta que dejó de venirles bien. Aceptaban un modelo más de partido, que de movimiento.

ese intento paracarismático de elevar por encima del propio movimiento a las candidaturas individuales

Han escrito hace unos días Raúl Camargo y Rommy Arce un artículo sumamente demostrativo de esto que se está hablando, ¿Qué hacemos en Madrid? Los anticapitalistas explican a la perfección sus propuestas, esas que parecen retomar hoy los errejonistas: “la única forma de garantizar la unidad es reconocer la pluralidad, debatiendo y construyendo colectivamente programas y proyectos. De lo que se trata ahora es de politizar las diferencias, que el pueblo de izquierdas pueda participar y elegir su proyecto: no se trata de lanzar proyectos por diferencias burocráticas, se trata de organizar proyectos políticos. El nuestro está claro: democracia, pluralidad, movimiento y programa transformador”. La diferencia fundamental con la propuesta de Errejón, más allá de lo que se explicará, es que mientras los anticapitalistas quieren un proyecto impugnador, un “espacio impugnador” dicen Camargo y Arce, de lucha contra las élites y claramente transformador del capitalismo. Una diferencia política y estratégica fundamental, pero en la letra parece que la música ahora sí les suena a los errejonistas. Sólo la letra, la música va por otra parte como se ha explicado.

“Errejón y Carmena son el tándem con más potencial de victoria” dicen Ramas y Lago, algo que apoya por descarte el siempre inteligente Santiago Alba Rico. Si Podemos es una “marca quemada” que ya no aporta, lo mejor es apostar por un tándem que pueda ganar, o cuando menos llegar a la casilla de llegada con posibilidades de frenar la ola reaccionaria compartiendo gobierno con el PSOE en una competencia virtuosa. Lo primero a decir, es que al señalar como perdedora la apuesta de Podemos como “marca” se entra en la misma dinámica de mercado de la democracia que los partidos tradicionales. Una mala señal en todo caso subsanable pero que no responde a la pregunta crucial que es ¿Cómo unir todo ese conglomerado de diversidades? Desde anticapitalistas apuestan por el debate abierto y plural de programas y estrategias, algo que no queda claro en el caso del errejonismo. Parece más bien que hubiese una confluencia que se sostendrá por no se sabe bien qué pegamento político o filosofía de la praxis. Debate parece que no va a haber en el caso de la candidatura de Manuela Carmena pues ella utilizará algo parecido a la dedocracia para hacer la composición de la lista. En el caso de Errejón aún no se sabe con certeza qué pasará, aunque parece que debate abierto sobre programa y estrategia no se hará. Más bien se meterán todos los significantes vacíos, se montará la cadena de equivalencia y a andar.

No es Errejón, ni el errejonismo, partidario de significarse por algo concreto. Salvo la impugnación de lo dado y la disputa de la patria, no hay camino más allá porque, como suele decir en muchas ocasiones, se hace camino al andar. O lo que es lo mismo, cada situación requiere su estrategia y ante cada caso veremos qué decir. En cierto modo es una forma de no mojarse salvo en significantes y luchas que sean sumamente claras. Así es el populismo. Pero elegirá él, en las negociaciones, su propio equipo porque hace buenas las palabras de Pável Axelrod en 1898: “La vanguardia de la clase obrera debe actuar sistemáticamente como el destacamento dirigente de la democracia en general”. Quiten clase obrera y pongan pueblo y ahí están las pretensiones del cambio brusco dado por Errejón. Confluencia para articular el movimiento pero los nombres de esa vanguardia mejor se debaten no vaya a ser que se cuele alguien que impugne el pegamento del propio movimiento. No quieren que, en el futuro no programado, Carmena o Errejón sean impugnados pues se los considera los líderes y ese pegamento del movimiento.

Como buenos populistas de Laclau apuestan a ese nexo de unión que es el líder. Descuidan que el liderazgo no se obtiene por imposición o mediante el cumplimiento de una mera función. Y menos ese intento paracarismático de elevar por encima del propio movimiento a las candidaturas individuales. Al otorgarles ya la victoria en el espectro de la izquierda frente a lo que pudiesen proponer Podemos en solitario o IU, al PSOE lo esconden como izquierda en sí para eliminar competencia, parecen otorgarle un poder taumatúrgico, como a los antiguos reyes. No es más, empero, que la aplicación de las teorías freudianas del liderazgo, erradas en su mayoría, y que tanto gustan a Laclau, de asimilación del yo aspiracional del individuo en un yo colectivo que se encarna en el líder. En este caso no hay egos individuales y ya se están poniendo las aspiraciones en los supuestos líderes. Supuestos porque en ningún caso, y con un PSOE sin candidato electo, hay datos fiables de victoria por parte del alguno de los dos. Es todo un ejercicio de manipulación y voluntarismo.

Decía Louis Althusser: “Sin teoría revolucionaria no hay movimiento revolucionario. Sin movimiento revolucionario no hay teoría revolucionaria”. En el caso del errejonismo, sin haber teoría y movimiento, parece que la revolución está más cerca que nunca. Así sea un momento populista a la espera de un acontecimiento de verdad, que diría Alain Badiou, que le permita hacerse con el poder y lograr un proyecto hegemónico. Aunque como dice el filósofo francés, el acontecimiento es tan ingrato que marca su sujeto de cambio y sus posibilidades, si es un acontecimiento de verdad claro. Se podría imaginar que esa diversidad del movimiento errejonista debería ser suficiente para ese acontecimiento, pero como al final todo cambio revolucionario exige un sujeto ¿de dónde saldría y cuál sería? Como no hay teoría, no hay posibilidad de que el movimiento sea revolucionario y viceversa. Al final todo el problema y la disputa parece que se queda en un nuevo caudillaje por parte del tándem Carmena-Errejón. O más bien caudillaje de Errejón que le sirve a Carmena para apoyarse en alguien contra Podemos. Y todo ello lo veremos potenciado por el establishment.

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