Antón Losada está llevando a cabo la campaña en redes sociales #Ni1euroPaRivera, donde pide que no se le pague nada al dirigente de Ciudadanos mientras no deponga su actitud chulesca y peligrosa de incitación al odio. Bueno, Losada en su breve video (que pueden ver más abajo) explica que hay un problema con el Tribunal Europeo de Derechos Humanos sobre la situación de los políticos presos del secesionismo catalán y que mejor que no se ande con exigencias. El trasfondo de lo que dice Losada o lo que venimos contando profusamente en estas páginas desde hace más de dos años, no es tanto el ser o no la Drama Queen sino la actitud de eso que hemos dado en llamar el cuñadismo naranja. Una ideología que se mueve a golpe de encuesta y de meter el dedo en todas las escisiones sociales y políticas que existen en España.

Albert Rivera, al carecer de más ideología que servir a sus amos del establishment, cambia de chaqueta constantemente y como hacen los cuñados quiere llevar la razón en todas y cada una de las discusiones o temas peliagudos que se producen en la familia, en este caso España. Las democracias, como otros tipos de sociedades no democráticas, tienen por el propio devenir de la vida social y política escisiones, heridas más o menos profundas, que desde el sistema dado se tienen que solventar. En España, tras la crisis económica y la senda del austericidio, hay muchísimas escisiones abiertas (sanidad, pobreza, inmigración, coste de la vida, clase política…) y algunas que existían se cerraron o están prácticamente cerradas (terrorismo etarra, por ejemplo). Como sistema político la democracia liberal tiende a cerrar esas escisiones, esas fracturas sociales, mediante políticas públicas diversas y procesos de uso de la razón y la deliberación  parlamentaria para dar solución y, a veces, final, a esos problemas que surgen.

Rivera ha decidido, porque le va bien en las encuestas no porque sea bueno para España, que algunas escisiones deben estar abiertas y otras deberían reabrirse. De ahí su empeño en que todo lo relacionado con Cataluña deba estar en primera plana todos los días. Cataluña hasta en la sopa, con el añadido de que se recurre a cierto mitologema franquista de la destrucción de España como nación suprema. Y sí el tema catalán es una escisión grave pero no es la única y posiblemente no la más importante, porque antes que pensar en llenar el alma con banderas hay que pensar en llenar las panzas y dar seguridad a las personas. Pero él insiste e insiste arrastrando tras su senda al resto de partidos del trifachito en una pelea por ver quién tiene más grande la bandera y ama más a España. Sin percatarse de que esa carrera puede llevar al sistema hacia el abismo.

Respecto a la suspensión temporal de los diputados en prisión preventiva y sin condena hay diversas teorías jurídicas, porque no deja de ser un camino positivista el que se debe seguir en este tema. Por un lado, hay quienes con buenos argumentos jurídicos sostienen que no debe suspenderse a los diputados porque la prisión es anterior a la elección y que, al permitirles presentarse, se daba por bueno que podrían actuar de acuerdo a la voluntad popular de sus circunscripciones. Como ha dicho Losada este podría ser el argumento del TEDH contra España en una demanda. Al no haber sentencia condenatoria que impida presentarse y ejercer sus funciones no puede haber suspensión. Por otro lado, hay otros juristas que entienden que sí se les puede suspender en base a la legislación y el reglamento de la cámara, aunque siempre, y siempre es siempre, con un informe jurídico que no deje ningún resquicio. Y luego están Rivera y Pablo Casado que dicen que se les debe suspender porque sí, sin informe de los Letrados ni nada por el estilo. Como son malos y sediciosos no cabe dejarles que cobren ni un euro más.

Todo esto lo que hace es no provocar un cierre de la escisión, sino que se agrande y provoque efectos secundarios no deseados. Utilizando la razón, la cabeza como se suele decir, si Meritxell Batet pidió el informe al Tribunal Supremo el miércoles (hay que pensar que fue elegida el martes y tenía que dar cuenta de la formación del Congreso al jefe del Estado) y ayer recibió la respuesta, lo normal es que los Letrados de las Cortes, sin necesidad de pasar un día encerrados en sus despachos (por aquello de no vulnerar los derechos laborales de unos trabajadores), entreguen el informe durante el día de hoy como pronto si se quiere ajustarse a derecho. Reunir a la Mesa del Congreso, que es la que debe tomar la decisión, es el paso siguiente y se tomaría la decisión ajustada a derecho entre esta tarde o el lunes a la mañana. Sabemos que Rivera y Casado son más de explotar y de trabajar a destajo… los demás eso sí, pero esto es un recorrido normal. Un recorrido de garantías jurídicas, que es lo que es propio a un Estado de derecho democrático, que Rivera y Casado quieren saltarse porque es su voluntad.

Más que la voluntad, por desgracia para la democracia, es la pelea que tienen entre ellos para dirigir a la derecha española. No es más que la lucha entre partidos políticos que se miran el ombligo mientras los problemas de España les dan igual. Tampoco se puede decir que sean muy demócratas cuando sólo quieren imponer e imponer su voluntad, que ni es jurídicamente válida, pero políticamente es perjudicial. Si la democracia cierra las escisiones mediante el diálogo, la deliberación, sabiendo que existen los conflictos, y la utilización de la racionalidad, lo lógico es que todo vaya por caminos de calma y mesura cuando menos. Si hay un conflicto laboral en una fábrica lo que se desea es que se sienten patronal y sindicatos e intenten llegar a algún acuerdo. Eso mismo está pidiendo la sociedad española con el tema catalán como con otros temas que son preocupantes como el futuro de las pensiones y el trabajo de calidad. Pero no, Rivera se monta en un caballo blanco para blandir una espada flameante y acabar con todos los que piensan distinto a él en la cárcel o fuera del sistema.

No piensa, nunca lo hace en realidad pero sigamos con la fórmula retórica, el dirigente de Ciudadanos que sus actos al final provocan una escisión más grande que acaba perjudicando a todo el sistema. La democracia, por muy fuerte que parezca, ha sido una extrañeza en todos los siglos de Historia y se ha mostrado sumamente débil en situaciones de graves escisiones. Siendo el tema catalán grave, no es suficiente para acabar con la democracia en sí, pues salvo un momento puntual de emotividad al final las personas se cansan del tema y comienzan a fijarse que su vida no va bien, que tienen problemas que lo de Cataluña oculta y, por mucho que los medios cavernarios de la clase dominante insistan, escisiones y problemas menores se agrandan por haber sido dejados de lado. Por mucha sociedad espectáculo que exista, la tendencia del ser humano a primar primero su subsistencia es mayor y puede generar una quiebra democrática. A la clase política no se la elige para empeorar la situación sino para arreglar los problemas y lo que están ofreciendo, unos y otros, es un espectáculo lamentable de preocuparse sólo de sus cosas de políticos. Importan más lo que le pase al partido o al dirigente de turno (que es aún peor) que a la sociedad. Esa es la imagen que transmiten y la que degrada la base social de la democracia.

Y a esto es a lo que se dedica Rivera a destruir la democracia porque quiere tener más diputados que Casado; porque quiere que las personas vean en él al elegido para llevar a España a la grandeza; porque su egolatría es tal que hasta intenta reabrir escisiones casi cerradas como el problema abertzale en Euskadi para colgarse esa medalla que no pudo en su momento; porque es incapaz de tener sentido de Estado y pensar que igual, sólo igual, los demás tienen algo o toda la razón en los asuntos que se plantean. Atizar viejos monstruos del franquismo como la conspiración judeo-masónica y marxista contra España es gracioso, pero nos muestra un dirigente político sin cabeza, sin sesera, sin entrañas políticas, sin un sentido histórico, sin cultura y que todo lo basa en cartelitos, memes y tuits. Y claro como ve peligrar su cuello, allí que te va Casado a hacer igualmente el gaznápiro, sin percatarse que ese seguidismo no sólo le separa del liberalismo que dice defender, sino que pone en peligro al propio sistema. No serán los catalanes los que traigan la quiebra de la democracia y la desaparición de España sino Rivera y Casado.

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