En Ciudadanos no ha sentado nada bien que los organizadores de la manifestación, que los más festivos llaman cabalgata, del día del Orgullo LGTBi les hayan prohibido acudir. Al menos en donde se sacan las fotos porque como personas individuales y comprometidas pueden ponerse donde quieran sin cercenar su libertad. Y este cabreo ha generado una pequeña polémica porque, dicen en la formación naranja, que ellos siempre han apoyado al movimiento LGTBi y que no entienden cómo se les prohíbe estar por hablar con una formación política como Vox. Desde el movimiento les han dicho que si apoyan a los neofascistas que quieren guetarizar a los gays y tratarles como si fuesen enfermos, lo normal, lo que cualquier persona entendería es que no deben importarles mucho las reivindicaciones.

Se han quejado Ignacio Aguado, quien hace unas horas estaba amancebándose políticamente con los neofascistas, y Patricia Reyes porque les quieren hacer firmar un documento político desde COGAM. ¡Ay vándalos estas gentes del movimiento LGTBi! Para no parecer que están por la foto, Reyes ha afirmado que su deseo, sin concesiones políticas, es el siguiente: “No es que queramos estar en la cabecera, lo que queremos es reivindicar que todavía queda mucho por hacer y que vamos a seguir luchando por los derechos LGTBi”. Pues lo puede hacer desde el final de la manifestación pro lo que la queja es superflua. Pero no, realmente, como les pasa a otros partidos, lo que quieren son las fotos, el parecer progre, el aparentar y el espectáculo al fin y al cabo. Pero Ciudadanos y los demás partidos políticos, salvo los neofascistas. Algo que aprovechan muy bien desde el propio movimiento LGTBi, por cierto.

En una lógica donde las organizaciones de la sociedad civil ejercen de canalizadoras de demandas hacia el sistema político, el movimiento LGTBi debería prohibir la aparición de cualquier partido político y sindicatos en la cabecera de la manifestación porque así las demandas parecen menos contaminadas por la guerra partidista. Que no vayan ni Ciudadanos, ni PP, ni PSOE, ni IU, ni Podemos, ni el PCPE. Y los sindicatos, que son de clase, tampoco porque ahí no hay batalla ni cultural, ni estructural contra el capitalismo. Deberían los promotores del Día del Orgullo alejarse de la contaminación de la clase política para poder ejercer como una organización de la sociedad civil. Esto es lo lógico en la teoría y el buen funcionamiento de las instituciones sociales. Pero hay muchos intereses creados entre unos y otros como para que eso se produzca.

Por un lado, sin la ayuda de la clase política lo del Día del Orgullo quedaría como una mera manifestación, tipo 1° de mayo, de reivindicaciones justas o no (debe ser la sociedad en su generalidad la que determine si lo son o no mediante procesos de deliberación e interacción), y no la Fiesta en que se ha convertido. Culpa en parte de los propio promotores que, con tal de tener su espacio mediático, dan pie menos a los talleres, charlas y conferencias que a lo festivo-carnavalero. Cuando Ciudadanos proponía considerar en Día del Orgullo como Bien de Interés Cultural (BIC), pese al rechazo de algunos colectivos, estaba apuntando a lo que ha quedado reducido lo que era una reivindicación sobre la no-discriminación de las personas.

Por otro lado, la clase política es consciente que el lobby LGTBi es de los más potentes que existen actualmente. Su penetración hasta influir en algunos círculos del poder, especialmente los culturales, hace que los políticos se peguen codazos para no parecer homófobos y aparecer en la famosa pancarta de primera fila con políticos y sindicalistas. No es que los LGTBi sean una mayoría social pero son votos muy activos que hay que ganar al precio que sea. Dentro del mercadeo político los votos del colectivo hay que adquirirlos aunque no se compartan todas sus reivindicaciones. Hay temor a que te señalen como no-amigo LGTBi. Todo el poder mediático que tiene el Orgullo es, por tanto, un atractivo para la clase política, especialmente si provienen del partido del cuñadismo ideológico como es Ciudadanos. Es más cómodo, en esta política postmoderna y sin alma, acudir a hacerse la foto el día del Orgullo que a una manifestación para luchar por los derechos de la clase trabajadora.

Y ¿por qué el colectivo LGTBi no expulsa a todos los partidos teniendo un lobby tan potente? Porque al final el propio sistema acaba generando dependencias entre organizaciones de la sociedad civil y el poder político que controla la parte fecunda del Estado, es decir, las subvenciones. Y no es que el colectivo LGTBi viva de las subvenciones, es que lo hacen casi todas las organizaciones de la sociedad civil. En un estudio de hace unos años demostramos que al final todo este tipo de organizaciones (a nivel mundial) dependían en un 80% de los ingresos del Estado para sus actividades. Salvo que un millonario esté detrás el resto de organizaciones dependen de las distintas administraciones para poder tener un altavoz con el que transmitir sus demandas. Que todos son muy del colectivo, pero al final rascarse el bolsillo nadie. De ahí que COGAM y otros grupos similares deban tragar con la clase política para continuar con su lucha.

Lo lógico sería que, salvo algún apoyo puntual para charlas y utilización de espacios públicos, el movimiento LGTBi prescindiese totalmente de la clase política. Así se evitaría polémicas como la que han tenido con Ciudadanos. Es cierto que éstos no entienden que pactar con fascistas y homófobos te inhabilita para decirte defensor de los derechos del colectivo, pues la primera lucha es servir de barrera a ese tipo de actitudes, pero los demás tampoco es que sean santos. Y si se entiende que es una lucha transversal, que no depende de ideologías en sí, pues el resto de la clase política debería desaparecer como instituciones. A nivel individual quien quiera evidentemente. Eso sí, igual tendrían menos cobertura televisiva, menos cobertura mediática, pero eso es un riesgo a hacer valer. Bastante incrustados están en los partidos ejerciendo lobby desde dentro como para depender de lo espectacular.

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