Salvo que suceda algo de extrema gravedad, no hay intención alguna de hacer un Superdomingo electoral el 26 de mayo. Esas son las intenciones de Moncloa y de la mayoría del equipo de Ferraz según cuentan quienes están en el conocimiento de estas cuestiones. Que algún ejecutivo del PSOE, con más ínfulas que poder real, quiera hacer el juego a los medios de comunicación del establishment, no es prueba de que el presidente del Gobierno y sus asesores hayan tomado la decisión, haya o no presupuestos. De hecho los fuertes rumores que salen de la casa socialdemócrata y el orbe monclovita son otros muy distintos en relación a la época.

Esta misma semana se sabrá que si hay o no Presupuestos Generales del Estado para 2019. Aún hay esperanza en que los secesionistas catalanes cedan en sus pretensiones de apoyar la retirada presupuestaria, votando junto a las derechas españolistas y, al menos, concedan el trámite presupuestario de enmiendas y acuerdos. Desde el PNV, atemorizado porque ellos pueden ser los siguientes en el objetivo reaccionario, ya han avisado que es mejor tener unos presupuestos negociados que a la derecha persiguiéndoles. Desde Podemos se ha deslizado que se negociarán enmiendas para acercar los Presupuestos a los acuerdos PSOE-Unidos Podemos. Y no van a faltar manos y cabezas para convencer a ERC y PDeCAT de tomar en consideración todas estas cuestiones que son vitales para el funcionamiento de las instituciones que, paradójicamente, más les afectan a ellos. Es verdad que la Troika controla las cuentas futuras, pero hay margen para cambiar el sentido hacia lo social de los mismos.

Pablo Casado, en su último intento de ser el jefe de las derechas y henchido de gloria por un minuto, ha insistido en que las Elecciones Generales deben ser el 26 de mayo. Arrimando el ascua a su sardina porque sabe que los neofascistas de Vox le están carcomiendo desde abajo, esto es, a nivel local y autonómico, quiere unas elecciones a nivel nacional para intentar salvar los muebles. Albert Rivera quiere elecciones, cuando sean y como sean. De hecho, el dirigente naranja sólo sabe hablar de elecciones para todo cuando las circunstancias no son las que le gustarían; gobernar él y que le entronicen como el nuevo dios del liberalismo continental o mundial. Hasta que no esté en la cima del poder siempre va a pedir elecciones porque hacer propuestas supone quemar materia gris y eso es muy cansado para su capacidad.

Lo que conviene a Casado y Rivera igual no conviene a Pedro Sánchez o a Pablo Iglesias. Una campaña con nivel estatal puede dejar movilizar a los votantes de izquierdas como puede dejarlos en su casa como castigo. Además, quitando que los barones de ambas formaciones no quieren vérselas con una derecha activada, la suma de ambas posiciones tampoco supone una victoria clara. Ni sumando a los que ahora conforman el bloque democrático llegarían a los diputados necesarios. Entonces ¿por qué acudir a la quema alegremente? Es mejor esperar, especialmente en el lado de Podemos, a ver cómo se desarrollan las elecciones locales y autonómicas para ver si hay realmente tres partidos en todo el territorio. Ver si la traición de Íñigo Errejón, que cada vez está más solo debido a su giro hacia el PSOE o la nada, se extiende a toda España y cuál sería la suma posterior. Hoy en día en el PSOE piensan más en términos de competencia virtuosa, sabiéndose en la posición hegemónica de la izquierda, que de confrontación directa con Podemos. A nivel estatal se necesitan porque el estancamiento de Ciudadanos imposibilita cualquier otro tipo de alianza.

A esto hay que sumar el juicio del procés que se vendría desarrollando en todos estos meses venideros. Con Vox ejerciendo de acusación particular, con las otras dos derechas y toda su Brunete mediática a tope, convocar elecciones en mayo podría ser un suicidio. Quienes los proponen, especialmente desde Ferraz, lo hacen para atemorizar a las baronías socialdemócratas más que porque sea una factibilidad. Para encubrir la propia incompetencia en la gestión del orden interno del PSOE, el cual no está roto, ni quebrado, ni fuertemente dividido, se lanza una idea que se sabe no desean alcaldes, ni presidentes de comunidad autónoma. En Andalucía, por mucho que insistan los analistas de medio pelo, el tema catalán no dejo a las gentes de izquierdas en casa, sino una multiplicidad de factores. De ser así, Ciudadanos debería haber ganado las elecciones con mayoría absoluta, y ha quedado como tercera fuerza situándose en el nivel que los sondeos ofrecen a nivel estatal.

En Moncloa saben que las elecciones no deberían ser el 26 de mayo y se valoran otras fechas alternativas. Hay que pensar además en la legalidad. Por mucho voluntarismo que quieran tener Casado y Rivera, la ley es la ley, y esta dicta que debe haber 54 días desde la publicación en el BOE hasta la fecha de las elecciones. Calculen hacia atrás y eso no dice que se deberían convocar a finales de marzo. ¿Piensan ustedes que, si le rechazan los presupuestos, Sánchez va a estar aguantando casi dos meses hasta la convocatoria de elecciones para nada? De esas, puede aguantar cuatro y convocarlas en septiembre. Una fecha que les viene mejor a todos los partidos del bloque democrático.

Analicemos esta posibilidad. Supongamos que ganan las izquierdas las elecciones locales y autonómicas (cuando decimos ganar es tener las mayorías suficientes para gobernar), en ese momento tendrán un tirón como ganadores que las derechas perderían. Ese tirón de popularidad no se perdería durante el tiempo vacacional, pero sí le impediría a las derechas hacer una precampaña de dos meses. No vemos a Casado y Rivera haciendo campaña en agosto cuando las personas normales no están pensando en problemas políticos y sí en descansar (incluso de ellos dos por muy importantes que se crean). Por tanto, esas largas precampañas de la derecha mediática cavernaria quedarían en nada. Y al volver en septiembre todos llegarían en condiciones similares de influencia, no de tener a los medios de su parte. Supongamos que las derechas gobiernan en más sitios con impacto social. Entonces les estropeas el pavoneo mediático por la época estival.

No tienen claro en Moncloa qué hacer en estos momentos, pero el Superdomingo no es prioridad electoral por los factores que les hemos contado. No sólo deben contar con las posibilidades propias sino con las de los demás partidos del bloque democrático. Para perder las harían en abril, pero no se quiere perder. No está en la cabeza de Sánchez perder y tener que salir de Moncloa. Aún no. Por eso les podría convenir más septiembre. Eso sí, siempre y cuando no tengan presupuestos. Si los tuviesen, que las derechas se olviden de gobernar durante casi dos años. Siempre podrán intentar un golpe de Estado difuso con todos los medios que controlan, la casi totalidad. Sánchez no va a hacer anda que moleste a la Troika, así que fricciones sistémicas por ese lado no habrá. El problema lo tendrán los del trifachito que están peleados por ver quién es el más guapo, más ganador y más español.

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