Las recientes elecciones andaluzas representan un duro varapalo para el PSOE de Andalucía, que expresan la bancarrota de la política aplicada por Susana Díaz en la Junta, que pierde el Gobierno por ser ejecutora de los recortes, la austeridad y ataques a los derechos democráticos que les ordenaban desde el Gobierno del PP en Madrid agravada por la crisis interna.

La pérdida de votos y la abstención de más del 41 % reflejan el rechazo a la deriva llevada a cabo por su política “socioliberal” alentada por las baronías, donde la línea socialdemócrata quedó difuminada al romper con I.U. y pactar con Cs, que ahora se alían con PP y Vox, como representantes de la ultraderecha franquista.

La controversia interna continúa con las permanentes declaraciones contradictorias de García-Page, Lambán, Vara,  Susana, Felipe y otros, contra la línea oficialista de Pedro Sánchez, sacando el debate al exterior provocando a la militancia. Las bases debemos asumir ese reto y exigir igualdad en el debate.

Esa burocracia personalista se desclasó y asumió el “socioliberalismo” al abandonar la ideología, los principios e incluso, la ética socialista de aquellos fundadores de PSOE y UGT, que basándose en la filosofía materialista dialéctica, buscaban el camino de la transformación social mediante un programa  socialista  marxista hasta el 28 Congreso.

Las baronías actuales siempre han despreciado y combatido la práctica de la democracia obrera y la acción de masas, desconectando de la militancia. La tozuda realidad les debiera llevar a entender que ese método de “gestionar” la crisis capitalista, sin superarla, está llevando al Partido a  la bancarrota.

Necesitamos un giro a la izquierda en el PSOE. Los resultados electorales han desatado una gran conmoción por el giro hacia el franquismo de la clase  dominante, que es preciso evitar que se consolide en los próximos procesos electorales que continuarán este año 2019.

El giro a la izquierda requiere un amplio debate llevado desde las bases, previa Dimisión de la Dirección del PSOE-Andalucía. De lo contrario, las peleas camarillescas podrían arruinar al Partido Socialista, como ha ocurrido en casi toda Europa.

El debate debería tener lugar evitando los personalismos y en un plano de igualdad. Deben contemplarse y confrontarse los programas de las tres principales corrientes:

  1. A) Socio/liberal, que representan las baronías, que insisten en continuar su deriva a la derecha de “gestionar el capitalismo”.
  2. B) Socialdemócrata, representando el intento del reformismo y el compromiso de giro a la izquierda.
  3. C) Izquierda Socialista, que busca la actualización del programa marxista, para superar el capitalismo.

El objetivo del Socialismo debe ser la transformación social, lo demás se convierten en sucedáneos. Decía Pablo Iglesias: “En momentos clave hay que optar, o con los unos o con los otros. O con la burguesía o con los trabajadores. No se pueden servir a dos amos a la vez”.

Ahora Pedro tiene que optar: O con aquella corriente que quieren colaborar con la burguesía, (Corriente A), o con los que quieren contar con la clase trabajadora, (Corriente C, la militancia y demás sectores de izquierdas).

Profundizando en el debate, recordemos que en su obra El Capital, Marx explicaba que, lo que el empresario capitalista compra al trabajador asalariado cuando le contrata, no es las horas de trabajo, sino la fuerza de trabajo incluyendo lo que llamó  la “plusvalía”.

El trabajo humano transforma la materia prima en “mercancía” y crea un nuevo valor que se divide en dos partes distintas: a) El salario que es retribuido al asalariado. b) El valor que se apropia el empresario,  que al utilizar los medios de producción, se queda con la “plusvalía” que representa el valor del “trabajo NO pagado”.

La “plusvalía” es el concepto concreto que nos permite comprender la esencia del robo permanente del sistema capitalista, que esconde bajo ese velo la explotación de la mayoría que es la clase trabajadora, por esa minoría de capitalistas, que genera la desigualdad en ese proceso.

Constantemente se acumulan en el polo de la burguesía las riquezas que se crean, mientras que la miseria se acumula en el polo de la clase trabajadora.

En la actualidad este proceso se convierte en una amenaza al hacerse cada vez más profundo ese mecanismo de enfrentamiento interclasista que representa: “Opulencia frente a  Escasez”.

Comprender eso es fundamental para interpretar correctamente de dónde surge la fuente de beneficio capitalista, a su vez que nos expresa la existencia de las desigualdades sociales entre las clases, que se siguen profundizando.

De ahí surgen las malas condiciones del puesto de trabajo, el excesivo incremento de la precariedad, la pérdida de derechos sociales y laborales…  Existe una tendencia en el sistema capitalista, principalmente por la competencia, que obliga al empresario a tratar de conseguir cada vez más capacidad de trabajo a cambio de menores costes, que también se traduce en una incesante necesidad de explotar al asalariado con más intensidad incrementando los ritmos de trabajo y la prolongación de la jornada laboral.

Pero el reformismo “socio-liberal/socialdemócrata” está contaminado y asume la idea de que puede separar el “cómo producir, del cómo distribuir las mercancías y servicios”. Están convencidos que lo único que hace falta es regular el capitalismo. Lo asumen desde hace años, pero el capitalismo NO admite más reformas.

Se ha demostrado que cuando esas fuerzas políticas han gobernado, fracasaron en el intento y en vez de “reformas”, la burguesía, que tiene en sus manos el control de la Banca Mundial, el FMI, la BCE y demás altos organismos a su servicio, obliga a todo gobierno a realizar “Contra-Reformas” que perjudican al pueblo y benefician a los capitalistas.

La desigualdad en el modo de producción conduce a la desigualdad social, donde podemos constatar que una minoría de burgueses se ha apropiado de los medios, cuya producción es ahora social, pero el beneficio individual.

La mayoría que es la clase trabajadora se ve obligada a vender su fuerza de trabajo, porque las leyes son impuestas por el Estado, que está dominado y condicionado por los Poderes Fácticos. (Banca, Clero y Fuerzas represivas).

La necesidad del capitalista de explotar con más intensidad a sus asalariados no es solo el producto de la codicia, la avaricia, las estafas, ni una obsesión ideológica del neoliberalismo, (que puede que a veces también), sino de la propia dinámica y naturaleza del modelo capitalista basado en la competencia y la propiedad privada, como explica Marx en su desarrollo de la “Teoría del Valor Trabajo” en su inmensa obra  “El Capital”.

En cuanto a la crítica marxista según esa concepción en relación a las tareas de los sindicatos reformistas, reflejadas en la actualidad, será imprescindible e inevitable cambiar la actual política sindical del pacto por el pacto “sin contenidos sociales” por la lucha reivindicativa clara.

La clase trabajadora con sus luchas entenderá en la práctica, más temprano o más tarde, que es imposible reformar sustancialmente el sistema capitalista, tomando conciencia mucho antes que sus dirigentes reformistas, sean éstos sindicales o políticos y se verán obligados a pasar a la acción e incluso a la politización.

A través de las luchas reivindicativas se establece la diferencia cualitativa entre el método reformistas que apuntala al sistema capitalista corrupto y decadente, y la búsqueda del programa de transición al socialismo que necesita la clase trabajadora.

Con el método reformista que aplican los líderes de las izquierdas, (PSOE, Unidos Podemos y otros), solo será posible arrancarle al sistema lo que la burguesía está dispuesta a conceder, que son solo migajas de las que pueden prescindir, totalmente incapaces de resolver las cuestiones sociales y en momentos de crisis, ni eso.

La actitud del verdadero socialismo científico, con un programa genuinamente socialista y una democracia sana y plena debe ser la exigencia de lo que realmente nos corresponde como clase trabajadora, con todos nuestros derechos, que es en definitiva el objetivo a defender: Una alternativa al capitalismo. Pero eso NO cabe dentro de este modelo capitalista caduco y agresivo.

El modelo capitalista es injusto y fundamentalmente antidemocrático. El socialismo científico y la democracia total debe ser esa alternativa, (y no un sucedáneo) poniendo las grandes palancas de las finanzas, la producción y distribución de los servicios, bajo control social y democrático, que con las nuevas tecnologías y con Democracia Electrónica, sería perfectamente posible.

Necesitaremos para ello un Gobierno de los trabajadores, salido de un Frente Único de clase,  (PSOE, I.U/Podemos, Convergencias, Sindicatos y fuerzas sociales en lucha) que elimine el secreto bancario, implante la Banca Pública, que democratice la gestión de las empresas, introduciendo mecanismos de autogestión y control, (en lo público y en lo privado)  empezando por las grandes compañías que son las palancas fundamentales y más necesarias para el incremento de la producción.

Alcanzado el nivel tecnológico actual, la Democracia Electrónica sería perfectamente posible y las decisiones y los controles sociales serian aplicados por y para beneficio de la mayoría que son las clases trabajadoras y populares, con protección y derechos de las minorías.

Toda la población gozaría de igualdad en los derechos civiles y servicios integrales, siendo el ser humano el dueño de sí mismo y de su propio destino, con el único límite al Derecho de los demás.

Unas modernas relaciones sociales, basadas en la Igualdad, la Solidaridad, la Cooperación y la Libertad a la hora de la toma de decisiones y de la aplicación de los acuerdos adoptados permitirán llevar a cabo una convivencia civilizada anteponiendo el bien común para eliminar los privilegios individuales y de clase.

En una sociedad genuinamente socialista y democrática será obligatorio para resolver conflictos y contradicciones, utilizar siempre el voto como el más civilizado método para resolver las controversias a todos los niveles, evitando los conflictos violentos que desembocan en guerras.

Engels decía: “El socialismo será el paso de la humanidad del reino de la necesidad al reino de la libertad. Pero el genuino socialismo no cabe dentro del capitalismo, porque necesita una democracia social sana como el cuerpo el oxigeno, para poder desarrollar mediante métodos científicos y democráticos la planificación de los recursos materiales y económicos, que están cautivos y ociosos por el capitalismo”.

Liberando recursos  para la actividad colectiva del bien común, la clase trabajadora, capas medias y sectores más empobrecidos podrían alcanzar en poco tiempo un nivel de vida digno poniendo el rumbo hacia el socialismo, luchando firmemente contra la corrupción, los despilfarros y el saqueo al Estado.

El trabajo es la fuente de todo valor y por tanto, el “Derecho al Trabajo” debe estar garantizado por el Estado bajo un Gobierno de los trabajadores.

Se aplicará la reducción  y redistribución de la jornada laboral, haciendo el cómputo anual distribuido si es necesario para repartir el trabajo como bien escaso hasta acabar con el paro.

Es la forma con la cual se incrementará el nivel de vida y bienestar de toda la población, dado el enorme auge que alcanzará la producción mecanizada, utilizando la robótica y los nuevos descubrimientos científicos en un breve plazo de tiempo.

Posible y justo es acabar con el “Problema de la Vivienda” para atender a los “sin techo”. Todo ser humano tiene derecho a disfrutar de un hogar para vivir dignamente.

Debe garantizarse un nivel  de “Educación total” desde la infancia, pero cambiando el modelo porque sería más rentable para la sociedad socialista educar a los niños para la cooperación y no para la competitividad como plantea el capitalismo. La competición sería propia  para la educación física, el deporte y el ocio.

La “Sanidad Pública” se marcaría el objetivo de curar y erradicar las enfermedades a través de financiar la investigación científica con recursos suficientes.

La dirección Federal del PSOE, si quiere cumplir el compromiso de girar a la izquierda para derrotar a las derechas en las Generales, debe apostar por un Frente Único de las organizaciones que luchen por el Cambio, aglutinando a la juventud, la clase trabajadora, pensionistas, feminismo y demás colectivos sindicales y sociales para derrotar a la ultraderecha de PP, Cs y Vox que se han convertido en Andalucía en el embrión del fascismo.

Pero será a través de la fuerza de la lucha de masas en defensa de un programa alternativo que rompa con el capitalismo, utilizando los métodos clásicos incluso hasta la Huelga General, como podremos avanzar hacia la nueva sociedad socialista que el pueblo necesita.

El ser humano evolucionaría hacia su completa emancipación una vez liberados de las presiones de la necesidad y así todas y todos podríamos dedicar el tiempo libre a nuestro desarrollo individual permanente,  mejorando nuestra personalidad psíquica e intelectualmente, dedicando parte de nuestra actividad a un ocio cultural y recreativo: música, arte, literatura, ciencia, filosofía en un proceso integral, ocupándonos de la ayuda mutua de unas personas a otras para vivir una vida digna como seres humanos.

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