La crisis que afectó al PSOE el año pasado y que sigue desparramándose por las venas del socialismo patrio, se hace más profunda en la única corriente de opinión, Izquierda Socialista. Desde que José Antonio Pérez Tapias dio la espantá y la rama valenciana decidió escindirse, el deambular de IS por los procesos internos del PSOE está más cercano a lo fantasmagórico que a una verdadera acción política. Una corriente que hace un año debía haberse recompuesto según marcan sus normas internas y que se encuentra desaparecida sin presentar combate alguno. Ahora parece que las dos personas que quedan al frente de la misma, con el apoyo de parte de Extremadura, y por tanto del presidente de la Junta, Fernández Vara, van a convocar una Asamblea Federal. O algo por el estilo. Por otro lado se encuentran diversos representantes de las federaciones del PSOE que ya han marcado el día 14 de abril como la fecha de la celebración del cónclave. El caso es que se convoque.

Tras la marcha de grandes referentes políticos e intelectuales como Antonio García Santesmases, Manuel de la Rocha, Vicent Garcés, Pérez Tapias, Juan Antonio Barrio o José Manzanares, por citar a los más destacados, no ha habido capacidad en el seno de la corriente para articular un equipo similar. Igual no con las mismas características, pero sí con el suficiente aplomo intelectual para marcar tendencia dentro del PSOE. En parte, porque el tapón y las maniobras por dejar herederos (que aún se producen) lo impidieron. En parte, porque la llegada masiva de neófitos con la candidatura de Pérez Tapias han desvirtuado en cierto modo el fuerte carácter intelectual/ideológico de IS. La corriente nunca fue, pese a la maledicencia de muchas personas, un mecanismo para optar a cargos públicos. De hecho, estar en IS siempre ha supuesto un hándicap para esos menesteres. El fuerte ha sido el discurso ideológico y el debate. Algo que ahora no existe en la corriente. Está desaparecida.

Los jugueteos de todas las partes en la contienda con la Ejecutiva de Ferraz resultan sorprendentes para quien haya militado en IS desde los años duros de la OTAN, del 14-D, del felipismo o del debate sobre el marxismo. Ahora se busca la legitimidad en la Ejecutiva Federal, cuando la legitimidad se tiene en la Asamblea Federal, el órgano soberano. Porque IS siempre ha sido asamblearia. La soberanía popular reside en la asamblea y no en órganos distintos a ella por lo que respecta al funcionamiento de la corriente. Luego existían unos portavoces que transmitían los postulados ideológicos con una comisión permanente donde estaban representados todos los grupúsculos (pues salvo en los años del sector crítico, han sido grupúsculos, no nos engañemos). En la última etapa, oscura, muy oscura, se constituyeron reglas y estructuras creando un partido dentro del partido. Algo muy alejado de la tradición y funcionalidad de la corriente. El miedo tras la deserción de Pérez Tapias explica esa huida hacia delante que apoyaron los anteriores mandamases creyendo que podrían controlar desde el exterior. Pero les salieron respondones los neófitos.

Ahora IS se debate entre esas dos convocatorias de Asamblea que cuentan con la legalidad de las normas que tiene la corriente. Se debate entre los intentos de no salir malparados de quienes usurpan la representación desde hace un año (¿se imaginan que un secretario general una vez vencido el plazo no convocase congreso y se perpetuara en el poder?); entre el entrismo de una parte de la UGT que perdió las elecciones con Pepe Álvarez; entre los deseos de retorno de alguno que se lanzó en los brazos de Susana Díaz; entre los devaneos de persistir en tener un partido dentro del partido; o entre los juegos desde la Ejecutiva Federal para que IS siga siendo la nada, justo en el momento en que desde Ferraz se están utilizando las Plataformas sanchistas como Foros de Debate (aunque sean realmente escuadrones del Federal). Todos con sus razones y sus ilusiones, pues hay mucha gente comprometida con los valores de izquierda en la corriente, pero sin peso a nivel partidista y/o social.

Hay que preguntarse ¿dónde ha estado IS en el debate catalán? ¿Dónde ha estado IS en el debate de las pensiones? ¿Dónde ha estado IS en la movilización feminista? ¿Dónde ha estado IS en todos los procesos internos (salvo raras excepciones)? ¿Dónde está IS en la Escuela de Gobierno del PSOE, o en los planes de formación? Realmente ¿Dónde está IS? Desaparecida totalmente. ¿Esperando cargos que no van a llegar porque no hay monturas para tanto jinete, y más con la debacle que se avecina?

¡Son las ideas, las ideas!

Sin importar qué Asamblea sea más buena, más bonita o más legítima, aún no se ha escuchado para qué seguir con la aventura de Izquierda Socialista. Recordando a uno de los fundadores, Luis Gómez Llorente, habría que establecer que IS tiene sentido como mecanismo de transmisión y de denuncia de las derivas liberales del PSOE; como denuncia de los mecanismos de dominación del establishment (o coalición dominante); como denuncia de los mecanismos que impiden una mayor democracia interna; como nexo de unión entre las fuerzas críticas de la sociedad y el partido (sindicatos, movimientos sociales, mareas, otras fuerzas políticas, etc.); como elemento que intente guiar al PSOE por la senda de la transformación del sistema capitalista, fijándose tanto en lo estructural como en lo superestructural; como mecanismo de la Memoria del socialismo y la república; o como vanguardia, (sí vanguardia, no nos asustemos), del pensamiento crítico.

Actualmente el papa Francisco es más de izquierdas que la propia Izquierda Socialista, lo cual da para pensar un poco respecto al posicionamiento ideológico. El cual, por cierto, se encuentra anclado actualmente dentro de la corriente en diversos clichés de ese “lenguaje de partido”, tan cómodo como falso, que se viene utilizando. Un lenguaje que no tiene detrás análisis alguno, sólo es el lenguaje por el lenguaje, sin poso o sustancia analítica. Se recurre a tópicos típicos del marxismo y ¡hala, a seguir funcionando! Ya se puede decir “Somos la izquierda” o cualquier otro eslogan del momento, eso sí, sin justificarlo o explicarlo. Esa pérdida de discurso es terrible. Socialismo y República, como diría Pérez Tapias, y a seguir funcionando. Eso sí, muy pocos podrían explicar qué significa eso al resto de la militancia.

Por eso no queda otra que volver a las ideas, al análisis con profundidad ideológica, mediante una renovación eso sí de la analítica. ¿La alienación es similar ahora a la de hace dos siglos, o tenemos que hablar de distintas alienaciones? ¿Qué hacer con el Estado? ¿Debe la izquierda apoyar la Unión Europea constituida sobre bases completamente neoliberales de desarticulación de las soberanías nacionales y que no quiere avanzar hacia soberanías supraestatales? ¿Cómo luchar contra la homogeneización cultural del capitalismo actual? ¿Es la clase obrera un sujeto histórico de emancipación o existen varios sujetos o posibilidades? ¿Cómo debería actuar la izquierda frente a los acontecimientos desencadenantes de movilizaciones y posibilidades de emancipación? ¿Seguimos defendiendo la España plurinacional? ¿Qué hacer con lo natural frente al capital devorador? Y así numerosas preguntas sin contestar y que en IS, al menos hasta la llegada de Pérez Tapias, se hacían y se intentaban responder.

Izquierda Socialista, en el contexto político actual, sólo tiene sentido como mecanismo ideológico, como fuerza de expresión de un pensamiento crítico que posibilite formas de acción y de unión de las izquierdas. Debe ser un instrumento de formación de un ala izquierda plural y renovada. Quien piense que desde Izquierda Socialista se llega al Parlamento se equivoca. No hay puestos para los sanchistas, así que menos para un sector crítico, ácrata, marxista, pablista, intelectual e imbricado en la lucha social. Menos pensar en estructuras y más en las ideas. Hoy la derecha gana esa batalla de las ideas, en la cual muchos socialistas se encuentran cómodos porque no tienen que pensar sino sólo colar algunas reformillas al establishment. Y esa es la batalla fundamental de nuestros días, porque el fetichismo de la mercancía, el consumismo como mecanismo de liberación y la sociedad espectacular son fuertes símbolos a los que derrotar. Si se quiere caminar hacia la emancipación, claro.

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