Lo tiene a tiro y sólo cometer errores e imprudencias puede hacer que Pedro Sánchez no llegue a buen puerto con la nao PSOE. Aunque existe una alta volatilidad como demuestran las encuestas, el presidente del Gobierno tiene diversas opciones para seguir residiendo en la Moncloa. Sin confianzas para no dejar que sus votantes potenciales se queden en casa en día de la votación, pero con todo el viento a favor para vencer con holgura y mandar a sus principales rivales a la lona antes de tiempo. Tiene en su mano establecerse por un tiempo como partido hegemónico en España ya que hay una derecha dividida y parece que Podemos está más apagado. Pero si Sánchez no se controla igual el Titanic socialdemócrata podría chocar con el iceberg de la ciudadanía.

La polémica creada respecto a no querer un debate “cara a cara” con Casado es sumamente absurda porque no debe favorecer a ninguna de las tres partes del trifachito. Cuestión bien distinta es que no haya querido algún tipo de debate en la cadena pública cuando en su discurso es de defensa del servicio público. Pero esto se olvida en unos días y mañana Casado ya estará diciendo alguna de sus salvajadas. Sánchez tiene que procurar que nadie en el PSOE hable más de lo deseado, si Isabel Celaá no habla en la campaña mejor que mejor, así como algunos candidatos menores de los que se podría aprovechar la Caverna mediática. Sin un lema bueno y una cartelería muy mejorable, se ha comprobado que el PSOE sin meter la pata tiene el camino hecho.

Sánchez debe presentar propuestas y no entrar en debates sobre los que se muestra incapaz de analizar o peregrinos como las armas. Debe centrarse en las propuestas y en intentar trasladar una imagen de capacidad para seguir al frente de los destinos del país. No tiene que hacer más y en el debate que tenga dejar que los demás se peleen entre ellos sin entrar al trapo. No es su mejor virtud el debate, así que por ahí lo mejor ser propositivo sin entrar en mayores componendas. Y para los posibles pactos postelectorales ya tiene a Pixie y Dixie, o Adriana Lastra y José Luis Ábalos para decir cada uno que pactaría con la izquierda y la derecha. Así nadie sabrá qué es realmente lo que se hará o que pacto es preferido. Aunque se intuya la preferencia por un pacto más cómodo y con sólo dos partidos, como es el que desean más personas de la Ejecutiva (PSOE-Cs), no debe ser trasparente para que la movilización sea acorde a las expectativas y no pase como en Andalucía.

Porque el quid de la cuestión estará en esta ocasión en el grado de abstencionismo. La historia electoral de España demuestra que casi siempre que hay mucha movilización  y una abstención baja, gana la izquierda. Así que Sánchez debe seguir llamando al voto para el PSOE y dejar espacio a su derecha e izquierda para que no se desmoronen Unidas Podemos y Ciudadanos, como viene haciendo hasta el momento. Sus ataques se deben centrar en el tiro fácil que es Casado y el PP y el peligro neofascista que representa Vox. Esa debe ser su única línea de combate, el resto argumentación de las propuestas y escenificar que él es el más capaz de los que se presentan. Lo cual tampoco es que sea muy complicado.

Como afirmamos antes, el PSOE está en puertas de ser hegemónico durante un tiempo en España, más el arrastre que puede provocar en las elecciones municipales y autonómicas de un mes después, y para ello hay que evitar cualquier tipo de conflicto que no sea estrictamente deliberativo. En otras campañas (2015 y 2016) Sánchez se enredó en cosas como la plurinacionalidad y demás cuestiones que no domina o desconoce, en esta ocasión sólo con presentar su proyecto tendrá más que suficiente. El resto esperar a ver cómo se descuartizan en el trifachito por ser el más de lo menos. Si logra salvar las dos semanas sin ninguna nueva metedura de pata, podría estar cerca de la mayoría por sí sólo, pero para eso debe convencer de que España y las gentes de izquierdas necesitan un gobierno del PSOE, si no lo logra se verá con su amiga Susana Díaz llorando.

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