No hay nada mejor que presidir el gobierno y ver cómo el resto de tus oponentes están a la gresca o buscando su lugar en el mundo. Algo así debe estar pensando Pedro Sánchez. Gobierna, con todas las dificultades del mundo, pero ve que a izquierda y derecha andan a la gresca o no andan a nada que mueva las conciencias. La pérdida del gobierno en Andalucía parece un simple espejismo dentro de las convulsiones reales que existen en los demás partidos políticos. De hecho, la derrota saben en Ferraz perfectamente ha sido culpa de Susana Díaz mucho más que de las políticas realizadas hasta el momento por el gobierno. Esa atalaya en la que está instalado le permite jugar mejor sus pocas cartas, pero que puede sean las buenas en realidad.

Ayer en Las Palmas de Gran Canaria fue claro, quien no apoye los presupuestos estará renunciando a mejoras en la calidad de vida de las personas. No espera que lo hagan por la derecha, pero es un claro aviso a las articulaciones periféricas y la izquierda peleada. Hábilmente ha presentado unos presupuestos sumamente abiertos para que las distintas enmiendas de los grupos parlamentarios le permitan una confluencia suficiente para aprobarlos. Que hoy Podemos e IU se quejen de no haber respetado todos los acuerdos alcanzados pre-presupuestos no quiere decir que no puedan enmendarlos y negociarlos. También deja abierta la puerta a otros actores políticos necesarios como PNV, ERC, PDeCAT, CC o Compromís. Incluso si Ciudadanos quisiese podrían hacerle un hueco. No se espera ese apoyo pues está Albert Rivera más preocupado de acabar con el sanchismo que de aportar algo positivo a la sociedad española. Pero no quiere cerrarse todas las puertas.

No hay seguro nada de nada, pero la tranquilidad transmitida en la conferencia municipalista celebrada en Canarias dista de los problemas de sus adversarios, pero debería el presidente del Gobierno no dejarse llevar por una actitud acomodaticia. Pese a que las encuestas, incluso las de la Caverna, digan que el PSOE ganaría las siguientes elecciones, la debilidad de los posibles socios debería hacerle avanzar más en ampliar su base electoral. Ciudadanos, que es un socio que gusta a baronías y en la propia Moncloa, siempre y cuando dejen la locura extremista en la que han entrado, está palpándose aún el cuerpo para ver si le han quitado la cartera o no. Pensaban arrasar al PP en Andalucía y parece que resiste el partido de la reacción, mientras que los neofascistas les quitan a esos cabreados del PP que se fueron a las filas de la secta naranja. Parece haber llegado Rivera y su troupe del odio al máximo electoral posible. La aparición del trifachito con todos sus miembros lanzando proclamas odiosas y agarrándose a la bandera de una España de los empresarios ha sido un jarro de agua fría para el niño bonito del Ibex-35. Como ya se ha comentado en estas páginas, sabe que debe competir con los otros, pero decidió competir en el mismo registro que los otros y así, a fascistas, ganan los que se muestran sin caretas. El cuñadismo ideológico no sirve para esa guerra. No se puede estar diciendo que se es liberal y gobernar con el apoyo de los neofascistas, intentando desviar el tiro hablando de ETA. Debe ser que no se han enterado de que despareció.

En el PP no saben cómo ocultar su giro hacia la extrema derecha. Hablan de libertad (sin saber qué es) y vuelven a recuperar los eslóganes del XIX del partido canovista. Con un toque carlista siempre porque eso de las boinas rojas del Movimiento les gusta cantidad. Curiosamente cuando la hegemonía parece estar en los valores de la derecha, el PP de Pablo Casado se tiene que ir a buscar en Karl Popper, sin entenderlo, ni haberlo leído, un argumentario para el siglo XXI. La libertad como máxima en un partido que, precisamente, es contrario a la libertad en muchas de sus expresiones. Por ejemplo, en la moral son claramente reaccionarios y no les gusta que las personas tengan libertad de pensamiento. En la libertad vital ponen pegas a que las personas tengan la posibilidad de ser lo que quieran ser. Respecto a la mujer, que lleva siglos oprimida, la quieren igual al hombre sin entender que son las superestructuras de la tradición y el más fuerte del darwinismo social/capitalista las que producen esa opresión. Libertad pero defienden los privilegios de la sangre (monarquía) o de la clase (ninguna mejora laboral). Para ellos y ellas libertad sólo significa hacer lo que les dé la gana a los que son la clase dominante y sus aliados (ellos y ellas).

Por mucho que tomen prestado a Mario Vargas Llosa para hablarles de estas cosas (y de paso hacer publicidad de “su” libro), no van a llegar a asimilar lo que les diga. Ni resucitando a Isaiah Berlin lograrían entender lo que es la libertad. Aunque como significante vacío les viene bien. Tiene razón Pedro Sánchez cuando afirma que la derecha llegó “tarde al aborto, al divorcio, al matrimonio igualitario y a la Constitución. Llegaban a rastras, pero llegaban”. Ahora ni llegan sino que van hacia atrás, hacia la reacción como se ha explicado en estas mismas páginas profusamente. Es realmente el neofascismo quien les está marcando la hoja de ruta. Curiosamente un partido minoritario es quien manda en la derecha porque, lo saben en el PP, una parte del establishment les está apoyando. Y es esa parte que tiene medios de comunicación y no están recuperándose económicamente lo que entienden que deberían. Por ello hay ansías de meter mano a lo público de forma impúdica y para eso nada mejor que un catalizador como Vox.

Y ¿qué decir de Podemos? Parece que han entrado en un claro proceso de autodestrucción que les haría alcanzar los cielos pero no de la manera en la que deseaban. Íñigo Errejón le clava un puñal a Pablo Iglesias en esa pelea por ser el macho alfa, el líder carismático, del movimiento hacia ninguna parte a este ritmo. Una pelea que en sí no favorece al PSOE porque no sería capaz de aglutinar a muchas de las personas que habían sacado de la abstención en Podemos. La otra parte de confluencia, Izquierda Unida, se debate entre volver a dar la cara con el gasto inasumible que conlleva o seguir en el reflujo estratégico hasta poder presentar batalla por libre. El entorno que se está generando les facilitaría volver a recuperar votantes alrededor de Alberto Garzón (de los dirigentes más valorados siempre), pero la losa económica de la deuda que le dejaron en herencia les frena. Esto le debería preocupar más a la dirigencia de Ferraz que las españoladas de las baronías, porque siendo conscientes que sin ala izquierda en el PSOE no se llega a ciertos votantes y movimientos, necesitan de un Podemos/IU sin problemas para sumar en la contienda de las autonómicas y locales.

Así está el panorama político, ese mismo que permite a Sánchez ir a lo suyo que es gobernar con alfiles, pero gobierno al fin y al cabo, y poder presentar batalla en el campo de la ideas. Ahí está la clave, mucho más que en las promesas de políticas sociales, pues los medios de comunicación de la clase dominante están apretando para que su discurso sea hegemónico. La lucha está en las ideas y debe Sánchez dar la batalla pues está en el gobierno y eso suma. No sólo hay que vender políticas, sino hacer Política. Está muy bien hacer memes pero tiene a una militancia preparada y expectante para presentar batalla ideológica. Porque es ahí donde se juega el partido y, por desgracia, a su izquierda andan a otras cosas. Si ya ha decidido que sean los propios susanistas, con un poco de apoyo, los que acaben con la baronesa de la calle San Vicente, en una demostración de cordura, ahora debe pelear en el plano ideológico general. Lo que no gustará a algún barón, pero igual a ese barón le quedan dos días.

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