Curioso que en el PSOE de la calle Ferraz, el de la calle Buen Suceso y el oráculo de La Moncloa no hayan visto antes de proponer nada las propias reglas, los estatutos y el reglamento derivado, del partido. José Vicente Hernández a día de hoy no puede ser precandidato del PSOE a la candidatura del Ayuntamiento de Madrid. No cumple con los requisitos exigidos en el Reglamento del PSOE escrito por los mismos que hoy postulan su candidatura. Un error que, tras leer estas palabras, seguramente y con toda rapidez será corregido por quien toca. Lo curioso es que la cuenta de Twitter y los apoyos que está recabando del ex-seleccionador nacional de baloncesto serían un incumplimiento de las normas de uso del PSOE. La Constitución partidista y el reglamento que la desarrolla se están vulnerando a día de hoy.

José Manuel Franco, que ha estado en la operación, parece que no conoce ni sus propios estatutos y reglamento. Allí expresamente se dice dos cosas que, de momento, dejan fuera al candidato señalado desde la Moncloa por su carácter mediático. En primer lugar, el artículo 260 del reglamento, que está dedicado al tipo de elección del que se trata, establece lo siguiente: “En el caso de no militantes ni afiliados/as directos/as, la persona deberá acreditar una trayectoria conocida de cercanía a los valores socialistas y al PSOE. En caso contrario, la Comisión Ejecutiva Federal, previo informe de la Comisión Ejecutiva Regional o de nacionalidad, en su caso, podrá objetar su precandidatura e impedir su presentación al proceso”. De Hernández se conocen muchas virtudes baloncestísticas y hasta puede que cuente buenos chistes, pero ni cercanía, ni valores socialistas se le conocen. Salvo ser amigo del presidente Pedro Sánchez por su pasado en el club de baloncesto Estudiantes, poco o nada ha demostrado en favor del PSOE y/o de los valores socialistas. Este aspecto sin duda no preocupa porque algo se le podrá inventar y las propias ejecutivas no dirán nada en su contra. Hasta ahora en la calle Buen Suceso han actuado como buenos mandados y no van a cambiar de un momento a otro.

Lo importante es que, en segundo lugar, sí hay algo que más allá de sus valores desconocidos, salvo que “compite y gana” (Carmen Calvo dixit) y es lo que dice el artículo 271 Propuestas de candidatos/as del Reglamento. En su punto número uno se afirma: “En cualquier caso, las comisiones ejecutivas municipales, o las comisiones ejecutivas provinciales o insulares o las comisiones ejecutivas regionales o de nacionalidad podrán presentar como precandidatos al proceso de primarias a personas independientes que no sean ni militantes ni afiliados/as directos/as que deberán obtener el número de avales necesario para ser candidato/a en las primarias”. Hasta el momento ni se ha reunido la Comisión Ejecutiva Regional. Cuando debería haberse, pues el primer punto requisitorio parece que no lo cumple, reunido antes de proclamar nada.

De hecho el señor Hernández ya ha lanzado su campaña sin tener el visto bueno de la Ejecutiva Regional, ni haber mostrado cercanía al PSOE o a los valores socialistas. Su presentación, como no podía ser de otra manera, será en el teatro de La Latina, así tendrá la posibilidad del espectáculo de la política. Como pretende acercarse a la militancia podía haber hecho una ronda previa por las distintas agrupaciones antes que un acto abierto a todo el mundo como si ya fuera precandidato o candidato. Eso sí, ha de ser consciente de que esa factura del acto en La Latina puede ser requerida por el PSOE para ver cómo se ha financiado. Con el sumatorio de contar con la presencia, según ha confirmado Franco, del secretario general del PSOE que estaría contraviniendo la mínima ética del partido al no mostrar imparcialidad, tal y como recoge el propio reglamento que decidió establecer él mismo.

La aprobación de la precandidatura de Hernández por parte de la Comisión ejecutiva Regional no es cuestión baladí. Primero porque es democrático que se pueda debatir la conveniencia o no en los órganos elegidos democráticamente. Segundo porque Franco deberá argumentar el porqué de esa elección entre tres personas sin contar con el resto de la Ejecutiva. Y tercero será el órgano correspondiente el que apruebe o no mediante votación esa elección. Al menos esto es lo democrático y ajustado a las normas de convivencia del PSOE, por respeto a su militancia y al otro precandidato que se ha postulado hasta el momento, Manuel de la Rocha. No es lícito que haya un acto de presentación de precandidato sin el aval necesario de la ejecutiva competente (que eso lo arregla en dos minutos Franco), sin haber demostrado jamás sus valores socialistas salvo ser amigo del jefe y sin haberse fijado los criterios básicos de unidad de imagen corporativa para todas las precandidaturas. Tal y como establece en su artículo 244 de la Campañas de Información el Reglamento.

Claro que la vicepresidenta del Gobierno ya ha dejado claro que ajustarse a las normas y la militancia tiene poca o ninguna importancia para la vanguardia socialdemócrata. Los 187.000 militantes del PSOE deben ser paga-cuotas, porque, como se desprende de sus palabras, no hay ni dos con capacidad para ser candidatos “espectacularmente” seleccionables. Frente a la lucha por la libertad, la igualdad y la fraternidad, con todo lo que ello significa, por no hablar de la continua lucha de clases, Carmen Calvo ofrece dos valores muy neoliberales “competir y ganar”. Unos valores agónicos que se acercan más al darwinismo social de la derecha que a los valores socialistas. Lo mediático sirve más que la militancia para la vicepresidenta. De hecho, había un grupo de profesionales de distintas ramas trabajando duramente en una candidatura a la alcaldía, recopilando datos para presentar políticas públicas de izquierdas y superar la nefasta gestión de la derecha y Manuela Carmena, que hoy pueden sentirse ninguneados y humillados. No son conocidos, sólo socialistas.

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