Seguramente tras leer lo manifestado por el socialista José Antonio Pérez Tapias algunas personas que le acosan por las redes sociales se lo piensen, o se radicalicen ante su postura, que de todo hay en esta vida, pero la propuesta de catedrático de Filosofía de la Universidad de Granada sigue en estado latente dentro del PSOE. Al menos eso es lo que se dejó por escrito en los textos emanados del 39º Congreso. En términos vagos, plurinacionalidad, republicanismo, intervención de la economía, lucha internacionalista, derechos humanos y un “somos la izquierda” cada día más descafeinado.

No por estar en la X Universidad de Anticapitalistas iba a cambiar su discurso el filósofo andaluz, bien al contrario, como buen marxista-republicano se ha situado en el contexto, en la coyuntura, para desgranar su análisis sobre las posibilidades de encontrar una salida al globalismo capitalista financiarizado desde una perspectiva socialista. Preocupado por el gran tema y peligro que sufre el sistema político, que podría ser utilizado por la clase dominante para persistir en la precarización de las personas y la disolución de lo común, no se ha escondido al manifestar que la salida del conflicto catalán pasa, primero, por el diálogo sin tibiezas y, segundo, por el establecimiento de mecanismos democráticos para que la voluntad popular catalana se exprese. Eso sí, siempre y cuando se abra un proceso constituyente. Proceso al que tienen miedo y que ha sorprendido a Pérez Tapias pues, en la batalla del relato, todos se dicen demócratas.

Si se piensa que el tema catalán es baladí o producto de una mera escisión identitaria, ha advertido el socialista que la imposibilidad del pacto PSOE-Podemos se articula sobre el factor catalán que sigue operando como un obstáculo. Que Pablo Iglesias haya dado el paso de renunciar al tema es indicativo de lo fundamental del tema y, esto no lo dice Pérez Tapias, del ansía de cargos de la cúpula morada. Eso sí, ha advertido el profesor que la generación de unas “expectativas tan intensas al principio han ido acompañadas de un notable nivel de hartazgo o hastío en los votantes de izquierdas”. Algo que no sólo tiene que ver con el incumplimiento de las expectativas sino con un problema subjetivo. ¿Cuál es el problema subjetivo? La personalidad de los protagonistas más directos de las negociaciones y las direcciones de ambas formaciones políticas. Un factor que “no es desdeñable y ocurre en ambos lados”. Un culto a la personalidad que es proclive a imponerse por el propio contexto en el que se desarrollan, tanto estructural, orgánico como social.

También se ha sorprendido Pérez Tapias del peligro que se encuentra inoculado dentro de las sociedades capitalistas. Esa postverdad que genera una cultura cínica que está implantada a lo largo y ancho del ámbito político y social. De ahí que los partidos insistan en “construir un relato” donde no es la verdad el sustento del mismo sino la “agitación de las emociones para concitar el apoyo hacia un líder”. Frente a esto no cabe otra que recurrir a la “conciencia republicana activada entre emotividades”. Más democracia participativa, una defensa de lo común que va más allá del bien común y que tenga claro que sin reconocimiento no es posible la redistribución. Y así es como ha surgido la hipótesis que ha planteado Pérez Tapias como remedo de la hipótesis de Pascal. Ésta afirmaba, en relación a la existencia de dios, que si no es cierta su existencia no pasaba nada y si era cierta se salía ganando. Trasladado al ámbito puramente español, la hipótesis de Pérez Tapias supone la construcción de un gobierno plural donde tenga parte no sólo Unidas Podemos sino otras organizaciones como Compromís, el PNV o fuerzas independentistas como ERC. Puede que no se logre pero no pasa nada por ello, pero si se lograse sería mejor para todos. Un Gobierno para resolver un grave problema, afrontar desde la intervención económica la crisis que se viene e iniciar un proceso constituyente.

Una socialdemocracia avejentada.

Laura Camargo, al provenir del sector Anticapitalista, ha sido mucho más dura con el PSOE que el profesor andaluz, aunque ha reconocido su sorpresa al ver que en el ámbito de la socialdemocracia hay pensadores y militantes que opinan de forma parecida a como ellas hacen. En su contraparte a Pérez Tapias la anticapitalista ha querido destacar los dos graves errores que ha cometido la socialdemocracia europea (de la que el PSOE no es excepción) y que la alejan de la senda de la construcción de una alteridad. La primera circunstancia sería la tibieza de la socialdemocracia respecto a los grandes poderes, que se ejemplifica en la tibieza frente a la presión de la Unión Europea, cuando no ha sido una genuflexión hacia la banca alemana, que al fin y al cabo, es la que controla la UE mediante el BCE. De ahí que se haya preguntado, con una tristeza en el rostro evidente, ¿dónde estuvo la socialdemocracia cuando se expolió y atacó a Grecia? En el chauvinismo.

La socialdemocracia ha dejado de defender la intervención de la economía, donde tenía su mayor fuerte, para hacer seguidismo de las fórmulas neoliberales que alertaron (y siguen haciendo) de una crisis fiscal del Estado de bienestar que no deja de ser una excusa para desmontarlo hasta la raíz misma. Es decir, que la socialdemocracia se ha pasado en bloque a asumir como propios y parte de su ser los tratados de la Unión Europea y toda su legislación. Por eso es normal que sigan con las políticas de austeridad allí donde gobiernan, instalando el precariado y utilizando la mano dura, si hace falta, contra la clase trabajadora cuando protesta y lucha. Pareciera que se ha pasado al lado contrario al que dice defender y eso se ve reflejado en la inexistencia de un pensamiento socialdemócrata sobre la alteridad al capitalismo. Han quedado como meros gestores de la clase dominante.

En España, ha dicho Laura Carmargo, el PSOE tiene un problema. Después de la vuelta de Pedro Sánchez a caballo de la vuelta a la izquierda, se ha acabado por convertir en un Frankenstein entre Macron y Tsipras. Una tensión persistente entre su alma izquierda, que se refleja en buena parte de la militancia y los votantes, y su alma derecha que está en el aparato del propio partido y su ejecutiva. Por eso la exdiputada balear entiende que queda invalidada la posibilidad de pactar con él porque no cabrá la posibilidad de defender una alternativa en favor de las clases populares. No entiende la persistencia de la cúpula de Podemos en el gobierno de coalición ya que obligaría a la formación morada a ser copartícipe de apretar las tuercas a las clases populares.

Sin embargo, respecto al discurso de Pérez Tapias, se ha alegrado Camargo al comprobar que hay muchos nexos de unión y posibilidad de un debate que potencie la lucha de la izquierda en favor del ecosocialismo (que tiene inserto el republicanismo) y el feminismo radical (por distinguirlo de algunas trampas feministas). Una posibilidad de diálogo y construcción de espacios, como Momentum en el Labour Party británico, que posibiliten el respeto a todas las tendencias y corrientes que existen en los senos de los partidos y la propia sociedad. Un espacio de lucha contra el capitalismo y la devastación que está provocando a todos los niveles, pero eso sí, con otra socialdemocracia y menos culto a la personalidad.

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