Duele separarse de los amigos y amigas con los que llegaste a la política para querer cambiar el mundo, aunque igual ese mundo sea el que te ha cambiado a ti. Es indudable que el dolor de la separación está presente en muchos y muchas de las inscritas en Podemos al tener que decidir entre una u otra posición. Mayor dolor entre diputados y diputadas, concejales y concejalas, en las diversas instituciones porque han sufrido los ataques directamente. Unos más y otros menos, pero ataques el fin y al cabo. No es de extrañar que la reunión de diversos secretarios generales regionales de Podemos, que promovió el castellano-manchego José García Molina, haya acordado que se tiendan puentes de diálogo ahora o después (prefiriendo ahora). Separarse así, con esta virulencia es doloroso y traumático.

La estampida de Íñigo Errejón está causando un dolor tremendo en la organización morada. Acusaciones diversas en público, foros, canales de Telegram, producto de una decisión que nadie quería y que sitúa a Podemos en una posición muy complicada. Se quiere recomponer algo para ofrecer una alternativa a la sociedad y no llegar divididos a las elecciones de mayo. Loable intento de quienes deberían haber pensado mejor las cosas hace tiempo. Tanto unas como otras. Ahora cualquier decisión va a ser mala seguramente, aunque en manos de Pablo Iglesias está en decidir lo mejor. No porque sea una persona que tiene la capacidad única de encontrar el mejor camino y el acertado, ni por ser el secretario general del Podemos, sino porque contra él se han lanzado todas las pruebas de lo acontecido. Se le ha culpabilizado de lo sucedido desde los medios de comunicación y algunos foros morados, por tanto mayor responsabilidad le cabe. Al final la decisión final será del Consejo Ciudadano pero lo que diga o no Iglesias tendrá un peso y unas consecuencias decisivas.

En estos momentos todas las cabezas pensantes de Podemos estarán reflexionando en la búsqueda de la mejor solución, que podría ser la única. Según fuentes internas la decisión de presentar candidatura propia frente al errejonismo sigue vigente pero ha perdido algo de fuerza. La salida de un “oficialista” como Ramón Espinar, mucho más partidario del diálogo (es su carácter evitar problemas entre compañeros y compañeras, especialmente si has compartido batallas) que de la confrontación, ha podido calmar las aguas de la cúpula dirigente. Que se haya adelantado la reunión del Consejo Ciudadano indica que se quiere tomar la decisión con prontitud y que pase lo que tenga que pasar. Pero igual, sólo igual, la decisión de optar por una candidatura propia (a ser posible con IU, Equo y Anticapitalistas) sea la única probabilidad si se quiere salvar Podemos tal y como se conoce hasta el momento.

Que Pablo Echenique sea odiado por casi todos los sectores de Podemos es algo que puede tener arreglo, de hecho se puso como adjunto a Fran Casamayor para solventar los problemas que iba creando el secretario de Organización. Pero que la voluntad de las y los inscritos sea pervertida, pues no hay que olvidar que fueron las bases las que decidieron que Podemos debía presentarse con su marca, y de ahí el acuerdo de Unidas Podemos con Izquierda Unida, es algo que no se debería tolerar. La decisión de la absoluta mayoría no puede pisotearse por la acción de unas personas. Menos en una organización que hace gala de la democracia interna para la toma de decisiones. Lo lógico será consultar a las bases para reafirmar la posición que se decida, pero en momentos de crisis es cuando los liderazgos, de haberlos, se muestran y ejercen. De ahí que Iglesias deberá decidir y explicar.

Si decidiera integrarse en la candidatura de Errejón, y no seguir con el proyecto programático desde la base de Hacer Madrid en el que participan muchas organizaciones, sería certificar la desaparición de Podemos en sí. Quedaría como otro grupo más de izquierda que se integra en un movimiento líquido y con una cúpula que prefiere ir y venir de un significante a otro sin problemas, ni imposiciones de bases. Sería enterrar a Podemos sin siquiera unas palabras de recuerdo. Doblegarse ante un Errejón, que es consciente de que no ganará las elecciones, y saltarse la decisión en frío de las bases. Unas bases madrileñas que, por mucho que digan en los medios cavernarios y algunos no tan cavernarios, les costó aceptar a Errejón como candidato, no tragarían así como así con esa decisión y se quedaría en su casa. Como ya advertíamos hace unos días (justo al día siguiente del errejonazo), el Grupo Prisa y los demás medios de la derecha mediática ya se han aliado con Errejón, le están dorando la píldora y le presentan como víctima de un dictador implacable como Iglesias. Por muchos errores que haya cometido el dirigente morado, fue elegido por las bases en un Congreso legítimo y plural, cosa que los errejonistas no terminan de aceptar. Acusan a Iglesias de actuar como se actúa en los partidos políticos, mientras quienes conspiran lo hacen como se hace en los demás partidos políticos. Nada nuevo bajo el sol.

No sólo debería presentar candidatura propia por el mandato de las bases, o por la factible disolución de las bases, sino porque nadie ha dejado por escrito que sacaría un resultado peor que el errejonismo. ¿Dónde han metido los votos ya para que Podemos o Unidas Podemos no sumen más votos que Errejón? Por mucho apoyo que pueda obtener el candidato de Más Madrid en los medios de comunicación, nadie sabe a ciencia cierta que podría pasar de aquí a mayo. Ya se dijo que igual hacía más daño electoralmente al PSOE que a Podemos, especialmente, si la confluencia de Unidas Podemos más los Anticapitalistas se mantiene. Nadie puede decir que no pueda pasar, pero en IU deberían valorar que quienes siempre les ha negado el pan y la sal, incluso han atacado a Carlos Sánchez Mato en el Ayuntamiento de Madrid, les vayan a abrir su nueva casa con los brazos abiertos. Fue el errejonismo el que no quiso el “pacto de los botellines”, el que no quería como número dos a Sol Sánchez, el que veía a IU como rémora del pasado. Raúl Camargo de Anticapitalistas ya ha avisado de que no habría que fiarse de nuevas fórmulas que tienen poco de movimiento de base. Porque la apuesta de Más Madrid se constituye sobre dos personalismos, con su posicionamiento personalista (elegirán quién sí y quién no, qué sí y qué no) y el tufillo de un nuevo cesarismo/caudillismo/hiperliderazgo, como ya se denunció en estas páginas.

Debe presentar candidatura propia porque Más Madrid no es un Podemos 2.0, sino un PSOE populista. ¿No le extraña a nadie en Podemos que las bases del partido socialdemócrata cuando se pronuncian en las redes sociales se pongan del lado de Errejón? ¿No le extraña a nadie que Adriana Lastra le haya abierto las puertas del PSOE sin dudar por un instante (aunque no es que Lastra sea conocida por sus análisis)? ¿No le extraña a nadie que ahora se ponga por las nubes el proyecto errejonista de populismo transformador (sin que sepan bien qué es) denostando lo que representan Iglesias y Alberto Garzón? ¿No le extraña a nadie que la impugnación del sistema hecha por Podemos y su trabajo en favor de hacer girar a Pedro Sánchez hacia una socialdemocracia más de izquierdas no sea apoyada por el errejonismo? Es de suponer que sí, que se extrañarán de todas estas cuestiones. Por eso Garzón, que conoce al algunos de los que hoy rodean a Errejón (Tania Sánchez, por ejemplo) perfectamente, no se fie del proceso. Cuestión que no es incompatible con apartarse como dirigente de IU para dejar que la solución sea tomada a quien corresponde. Debe presentar esa candidatura que siga representando la impugnación del sistema capitalista desde diversas perspectivas.

Y debe presentar la candidatura por algo tan elemental como es no caer en la trampa del enemigo. Jugar con el miedo al posible abismo que pueda haber en Podemos, gracias a una gran presión de los medios de comunicación que dicen ser amigos (no digamos los enemigos), supone entregar las armas antes de competir. Podemos es capaz de sacar en solitario ese 5% necesario para tener 6 diputados (que serían más que los que daría el errejonismo). Si a ello se le suma IU y demás organizaciones (recuperar a Lorena Ruíz-Huerta sería un acierto), fácil sacarían un 15% de los votos. Nadie habla de ganar las elecciones, pero sí de disputar el espacio de la izquierda. Eso sería sobrevivir al golpe del errejonismo y luego ya se vería el diálogo. Pero conociendo todos las cartas que realmente se tienen. Por mucho dolor que haya con la separación, que es muy lógico; por muchos errores orgánicos que se hayan cometido, que los ha habido; al final el proyecto es más importante que las personas. Aunque el movimiento errejonista también tiene mucho de querer acabar con Iglesias. Y eso es lo que debería vender Podemos, programa frente a personalismo, porque ¿alguien conoce algo más que el dúo Carmena-Errejón? Como dice el profesor Vicenç Navarro, la radicalización de las derechas no es producto sino de la acción de las izquierdas en este corto espacio de tiempo. Y ha sido gracias al dúo Sánchez-Iglesias, no a otros dúos moderados.

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