La mayoría de la ciudadanía recibe con nueva esperanza la Sentencia del Tribunal Supremo, avalando que los restos del Dictador Franco, se retiren del Valle de los Caídos y pasen al cementerio de El Pardo; al parecer se abre el camino para avanzar hacia el traslado de la momia, pero aún no está todo concluido pues la familia amenaza con más recursos.

Es inaudito que incluso un cambio a una nueva residencia, produzca tal la situación anómala en esta pseudo “Democracia Burguesa”, por haber sido consentida por todos los Gobiernos anteriores, debido a su sumisión a los Poderes Fácticos, principalmente la Iglesia y el neonazifascismo incubado en las filas del PP que ahora se quitan la careta apareciendo con su “Cara (dura) al Sol” del Trifachito.

La historia nos narra que tras el Golpe de Estado de Franco del 18 de Julio de 1936, auxiliado por la Falange y el Clero, financiados por la Banca y el Gran Capital, la clase trabajadora española se levantó y luchó heroicamente durante tres años en defensa de la República, pero no solo de esa república sino que querían algo más.

Ante el colapso y la ruptura del Estado que todavía tenía un  gran componente burgués en aquella República, los golpistas traidores a la democracia y al pueblo que la había votado, se sublevaron y una gran parte de oficiales se pasaron al bando franquista.

La clase obrera trató de repeler el golpe e intentaron tomar el poder o mantenerlo allí donde triunfaba el pueblo, ocurriendo así de hecho en muchas provincias: Barcelona, Madrid, Málaga, Valencia, y muchas otras zonas resistieron dirigidos por comités de Acción de CNT/UGT que asaltaron algunos cuarteles de los sublevados para defenderse de los golpistas que estaban masacrando a la clase obrera y sus organizaciones.

En principio como pudieron, defendieron la República y los derechos conquistados, prepararon la autodefensa,  armados con lo que tenían a mano, escopetas de caza, viejos rifles o armas rescatadas a los rebeldes, palos, cuchillos, hoces…  En muchos lugares aplastaron a los reaccionarios derrotando al fascismo y el poder quedó en manos de la clase obrera, como podemos ver en películas como “Tierra y Libertad”, “Libertarias”. En otras zonas dominaba el fascismo como muestra la película “Mientras Dure la Guerra” de Amenábar que vi el domingo: Muy ilustrativa mostrando la brutalidad asesina y la ignorancia del generalato franquista en la controversia contra la cultura y el conocimiento, encarnada entre el General Millán Astray y Umamuno con la frase del primero “Viva la muerte y muera la inteligencia”, escena escalofriante,  con la respuesta de Don Miguel cuando les dice “venceréis pero no convenceréis”. .

Cabe reflexionar que si hubiese habido un Gobierno Republicano de izquierdas,  compacto y unido, y no se hubiese practicado la política divisionista y broncosa (similar al espectáculo actual de los líderes en el Parlamento, guardando las distancias), la historia habría sido distinta, pero también se sometieron a algunas alianzas contra/natura, con el ala burguesa republicana.

Partidos como el PSOE y el PCE tuvieron que admitir, pero tardíamente, que el movimiento obrero había alcanzado límites de lucha y organización que sobrepasaban los límites de la “república burguesa” que, tras el golpe la habían derrocado de hecho aunque no de derecho. Algunos historiadores achacan la derrota en la guerra a los errores y la sumisión de algunos dirigentes clave, proclives al viejo orden burgués, que se empeñaban en restituirlo.

Historiadores como Ronald Fraser en su obra Historia de la Guerra Civil Española (Recuérdalo tú, recuérdalo a otros), describe así la situación  recogida a un combatiente: “(…)…””Era una revolución a fondo. El pueblo estaba luchando para conseguir todas las cosas de las cuales las fuerzas reaccionarias de este país, les habían privado durante tantos años;  tierra, libertad, el fin de la explotación, el derrocamiento del capitalismo…El pueblo no luchaba por una democracia burguesa, que eso quede bien claro””…

Cualquier Estado consiste en destacamentos armados en defensa de la propiedad (privada o pública), como banca, grandes empresas, terratenientes…  ya que quién mantiene el Estado mantiene el Poder.

La clase obrera se levantó en 1936 contra los fascistas,  así su golpe fue la causa primaria de las matanzas en cada bando, respondiendo las izquierdas “legítima y legalmente” al golpe militar,  que era  ”ilegítimo y traicionero” con Franco y su banda de fascistas y nazis, cuyos herederos actuales, todavía siguen haciendo impunemente “apología del golpismo”, tras 40 años de dictadura y otros más de 40 de psudodemocracia. Ya es hora de que se acabe con tanta mentira y corrupción y veamos una democracia sana, al menos asimilable a las de los países que nos rodean.

Los actuales herederos de esos “ideólogos golpistas” todavía se ufanan defendiendo a aquellos criminales y piden “Ducados y Prebendas”, obstaculizando a la Justicia, al igual que ha venido haciendo la Iglesia que por fin, parece reconocer que un Estado Democrático debe prevalecer ante una “Dictadura Teocrática”, por muy pacifica que se muestre ahora, que es lo que políticamente representa el Vaticano, por lo que, mientras el pueblo no se libere de la Dictadura del Capital y de la Dictadura Religiosa, avanzando hacia una República, Laica, Democrática, Socialista, Solidaria y Plurinacional, no habremos conseguido superar el franquismo cuyos cachorros siguen rampantes.

Algunos historiadores nos relatan que al inicio del golpe, el viejo ejército quedó superado por las luchas obreras y fue reemplazado por milicias populares que resistieron tres largos años de agonía los ataques del ejército de Franco, ayudado por fuerzas Hitlerianas, Mussolinianas y la aparente “neutralidad” de las potencias “democráticas” que con su actitud hipócrita  preferían el triunfo de los rebeldes.

Hubo varias causas que impidieron la victoria final de la clase obrera, como división y errores en sus direcciones, que fueron incapaces de estar a la altura de las circunstancias, no  comprendiendo y no actuando con previsión y perspectivas a favor de la causa por la que el pueblo combatía: Por la Democracia Obrera y el Socialismo.

Las masas obreras habían aplastado a la reacción, en amplias zonas que quedaron aisladas desde sus inicios, corriendo los burgueses  asustadas hacia el bando franquista, mientras que los dirigentes de los partidos obreros del Frente Popular (PSOE, PCE y POUM, IR, UR, FNJS, Partido Sindidalista e incluso los anarquistas de la FAI) aceptaron un gobierno burgués, con diferencias profundas,  pues los más moderados querían restaurar el orden anterior y los más radicales querían luchar por superarlo;  eso se convirtió en un gran obstáculo por sus errores tácticos y estratégicos que impidió que los trabajadores ganaran la guerra.

Quizás sin comprenderlo ellos mismos o algunos con conocimiento de causa,  elementos pro-burgueses y estalinistas coincidían en la táctica de “primero ganar la guerra y luego la revolución”, cuando el ala izquierda decía “primero la revolución para poder ganar la guerra”.  No sabemos si con la segunda opción se hubiese rechazado el golpe, pero lo que sí es cierto que con la táctica primera se perdió la guerra.

La realidad es que las direcciones,  objetivamente, traicionaron el movimiento espontáneo de las masas en aquella lucha heroica de la clase obrera que se batió valiente y dignamente, con el apoyo de las brigadas internacionales, contra el levantamiento fascista, perdiendo la vida, unos en el frente y otros asesinados en fosas comunes por el franquismo, cuyos familiares siguen esperando y exigiendo todavía, “Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición”, para poder decir que se ha terminado la Dictadura y empieza una etapa de paz entre los pueblos. Para ello falta una Ley que condene la apología del “golpismo” y “terrorismo”, sean individual o de Estado.  

Uno de los libros que más me han impactado investigando lecturas de estos hechos históricos, es uno que escribió Felix Morrow, un  brigadista internacionalista que luchó solidariamente en las trincheras como voluntario a favor de la clase obrera y contra el franquismo. Lleva por título “Revoluciòn y contrarrevolución en España” (Fundación Federico Engels),  que ninguna persona que se considere progresista o de izquierda debiera dejar de leer para intentar comprender mejor lo ocurrido desde el punto de vista de un combatiente activo.

Los hechos demostraron que la amalgama que representó el Gobierno de la República, con sus disputas internas permanentes, ni siquiera podría denominarse una alianza con la “burguesía progresista”, sino más bien una “alianza con la sombra de la burguesía”.

La verdadera burguesía, capitalistas, terratenientes,  grandes empresarios y militares traidores derechistas que apoyaban a Franco se habían unido o huyeron a la “zona azul”. El movimiento obrero buscaba el socialismo, la transformación social y una vida mejor y eso espoleaba la  llama de la revolución Internacionalista.

Temiendo el triunfo y la extensión de la clase obrera española, la política de Stalin propiciaba buscar acuerdos con las burguesías occidentales, porque sabían que Hitler y Mussolini ya estaban preparándose para la Guerra Mundial desarrollando una política armamentística y de hostigamiento a las izquierdas con provocaciones y acciones nazi-fascistas y utilizaron a Franco como punta de lanza en su laboratorio bélico de pruebas, experimentando con nuevo armamento, bombas, ametralladoras, aviones… asesinando al pueblo español, produciendo matanzas como Gernica o la masacre tras la toma de Málaga y la huída del pueblo desarmado por la Carretera de Almería, que se llamó por algunos historiadores “La Desbandá”.

Los errores del estalinismo, con su “teoría del socialismo en un solo país”, en este caso Gran Ruso, demostraba que la URSS no estaba interesada en más revoluciones, porque en su día Stalin había incluso firmado un pacto con Hitler que éste traicionó. Consideraba el triunfo de la clase  obrera española como quizás un acicate y refuerzo de la oposición de izquierda  que se estaba dando en las bases del PCUS y el PCE y tenía el temor de que pudiese extenderse una revolución socialista sana hacia otros países, que ellos no pudiesen controlar, con el peligro para ellos  que  distorsionase la “Dictadura contra el Proletariado”, que tras un proceso termidoriano se había implantado en la URSS y que pondría en peligro su régimen burocratizado y degenerado, como explicara Trotsky en su libro ”La Revolución Traicionada”  en la que se había convertido el régimen de estalinista.

La historia se repite, pero unas veces como tragedia (1936) y otras como farsa (2019), basta observar el cisco Parlamentario que han montado. Se comenta que “Franco lo dejó todo atado y bien atado” en esta especie de Nudo Gordiano que representa la C.E. del modelo del 78, con el freno de la Ley D’hont, la amenaza permanente del golpismo en la transición y el dominio descarado de los Poderes Fácticos sobre los Gobiernos elegidos por el pueblo.

Cuando Alejandro Magno avanzaba para invadir el imperio Persa, tras la conquista de Frigia se encontró con el reto de desatar el “Nudo Gordiano”.  El “oráculo”  había predicho que quien lo desatase sería el nuevo soberano.  Alejandro sacó su espada cortándolo de un tajo diciendo: “Es lo mismo cortarlo que desatarlo”. Así actúan los Generales invasores y golpistas, cortando nudos y cabezas. Esperemos que la ciudadanía impida el 10-N que algún nuevo General tenga la oportunidad de cortar este “Nudo Gordiano” del alboroto de la ingobernabilidad en que está atascado el Parlamento.

Me gustan las citas históricas;  recuerdo aquella frase atribuida a Confucio, Marx o Santayana que dice: “El pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”. Pienso que todavía estamos a tiempo de evitar que se repita la nueva tragedia que algunos están propiciando, porque “solo el pueblo podrá salvar al pueblo”, pero mejor intentarlo con los votos para evitar que pudiesen llegar los de las botas.

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