No he dicho que se haya puesto gafas moradas para todo el mandato, he dicho que ha usado las gafas moradas para la constitución del Consejo de Ministras, que va abordar la gobernanza de España. Convirtiéndonos en el país con más mujeres en ministerios relevantes del mundo, casi un 62 por ciento de mujeres por encima de referentes en igualdad como Suecia o Islandia. Indiscutiblemente este presidente ha sabido leer el 8M, la huelga feminista que hemos realizado recientemente en España, reconocida como la más importante a nivel internacional, y ha tenido su primera consecuencia positiva: ponernos para empezar en lo más alto de la cima, en índices de participación a escala mundial.

Nadie debe amargar la fiesta, ahora toca el reconocimiento y la satisfacción de que las feministas, el feminismo, hacen política y mueven montañas, hasta contribuir decisivamente a cambiar viejos gobiernos y marcar perfiles de los entrantes.

Lo siguiente es señalar e intervenir en las agendas, como venimos diciendo históricamente desde el tajo del feminismo, estando presentes desde la más escrupulosa autonomía del movimiento feminista.

La ministras feministas en este Gobierno no pueden garantizar solas políticas feministas. No tengo la menor duda que saben el Catón de los itinerarios a seguir, y ellas necesitan al movimiento feminista, y el movimiento feminista necesita alianzas sociales, institucionales y gubernamentales para quebrar el pulso a la desigualdad de género, que deja demasiados cadáveres en el camino y cifras alarmantes de damnificadas por las políticas indecentemente machistas ejercidas hasta ayer.

En el año 1984, en el marco del Libro de las amapolas, planteé en el debate la propuesta nada ortodoxa de darle la máxima alcurnia, y con garantías de transversalidad a las políticas de género, residenciándolo en vicepresidencia, de cara a garantizar que todos los ministerios tengan presupuestos, y políticas de igualdad.

Y 34 años después se ha entendido que tenemos el máximo rango, porque es un tema tan de Estado, que afecta en primerísima instancia al 52 por ciento de la población.

Las feministas estaremos conjugando dos verbos para no vivir solo de gestos, que son más que necesarios, sino también para abordar rigurosamente la insoportable realidad, y se llaman movilización y negociación. Esa es la gran ayuda que no dudo nos demanda la sociedad, y que necesitan las políticas de igualdad para triunfar. Por eso el reto es demostrar ahora, que las feministas somos valiosas arquitectas de la sociedad.

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