En la sociedad del espectáculo multimedia parece tener cabida cualquier cuestión por estrafalaria que sea. Lo importante es estar en un espectáculo continuado donde el discurso, llámese, trascendental no existe. Por no existir, no existe el discurso sino que todo queda encuadrado en relatos. Relatos que vienen a ser como cuentos pero sin el simbolismo, la capacidad pedagógica o la transmisión de mitologemas de éstos. El espectáculo por el espectáculo dentro de una sociedad banalizada presa de la estupidez que destaque más. Así se hacen famosos youtubers, jugadores de videoconsolas y personajes de lo más variopinto. Esto se ha trasladado a la prensa en su transformación digital, dejando atrás la independencia de los distintos poderes convirtiéndose en meros actores de partido (da igual político o económico) y convirtiendo el artículo en un posicionamiento ideológico. Esto por lo que respecta al mero artículo informativo. Cuando se pasa a la columna de análisis y/u opinión se eleva a la décima potencia esa toma de partido.

Pueden pensar, con razón, de las columnas de análisis están destinadas a tomar parte. Sí, sin duda son eso (como sucede con estas mismas líneas). Pero no es lo mismo tomar parte desde un posicionamiento propio, sea ideológico o crematístico, y mantenerlo siempre en todas las columnas que se publiquen (gusten o no Juan Manuel de Prada, Julián Marías o Arturo Pérez Reverte se mantienen en sus posicionamientos ideológicos/éticos), que carecer de esos principios y estar al vaivén de los sucesos y los gobiernos. La mayoría de los columnistas en España toman parte desde la simpleza de autoubicarse en un lado partidista a derecha o izquierda. Hay columnistas del PP, del PSOE, de Podemos, de Vox, del PNV, de ERC e, incluso, de IU no por cuestiones de principios sino porque caen más o menos en los límites que les interesan para estar en la pomada. Así no sorprende que alguien como Antonio Pérez Henares “Chani” haya pasado de dirigir Mundo Obrero a situarse en las proximidades de la ultraderecha. Esto puede seguir viéndose normal. El problema en términos democráticos es que ese posicionamiento y los cambios según la moda provocan una guerra agonística donde si hay que mentir e inventar noticias se hace porque en la guerra de todos contra todas no existen los principios éticos, ni estéticos. No se parte de un análisis de lo que ocurre desde una serie de principios bien fundamentados, con una alta capacidad intelectual, aportando desde una auctoritas social, sino que se escribe desde la más absoluta necedad y contra quien esté en el poder en ese momento. Si en el poder está un partido o una coalición de izquierdas, desaparece cualquier límite moral y se pasa a la aberración de la mente.

Se llega así a la locura que se está viviendo desde hace un tiempo en España donde los tertulianos y columnistas de derechas afirman defender la democracia frente a un inventado intento de cambio de régimen de Pedro Sánchez y su Gobierno socialcomunista, pero están trabajando en la destrucción de esa misma democracia. En estas páginas es bien conocido que el presidente del Gobierno no es estimado por cuestiones intelectuales y políticas pero, más allá de esas fobias y que no es cuestión de hacer el caldo gordo a la clase dominante, no hay necesidad de inventar historias, ni transmitir maledicencias, ni ser apologetas de no se sabe bien qué. Eso no ocurre en la caverna mediática, por ello es lícito preguntar ¿qué pasa en la cabeza de estas personas para expresarse en el sentido en que lo hacen? ¿Hay algún trastorno psíquico? ¿Hay un interés monetario? ¿Qué hay en realidad? Porque tiene que haber algo en esas cabezas, más allá de la ideología dominante, para escribir lo que escriben. Porque, es bueno hacer esta precisión antes de mostrar las cosas que han dejado en las últimas semanas, mientras se habla se puede decir algo no bien pensado, pero para escribir y sentarse ante un folio en blanco hay que pensar mínimamente. Ese proceso de pensamiento es la clave de bóveda de todo.

Comencemos por el director de Opinión de El Mundo, Jorge Bustos, quien se sinceró en las redes sociales anunciando que pensaban cargarse al Gobierno cuanto antes. No porque carencia de acción política en favor del bien común, sino por el simple hecho de ser Sánchez. Un periódico que reúne entre sus columnistas a Fernando Sánchez Dragó, Arcadi Espada (el de las mujeres que mueren asesinadas por mera estadística), Federico Jiménez Losantos (para quien la izquierda siempre queda impune de los millones de atrocidades que cometen, no como la derecha que es prístina), Pedro Simón (preocupado por La hydra marxista), José Ignacio Torreblanca (que ya instigaba a Sánchez desde El País antes de que le echasen) o Lucía Méndez. Sin olvidar que el director, Francisco Rosell, es el inventor de las mayores fake news españolas (superando a Eduardo Inda) y tienen en plantilla a Javier Negre condenado por inventarse entrevistas y artículos (además de ser el tertuliano preferido del neofascismo español). Bustos, como responsable junto a Rosell, de los editoriales nos ha ofrecido durante las últimas semanas esto: “Sánchez degrada al ‘opositor’ Guaidó” (el mismo discurso de Trump);  “El Gobierno de la pompa y la vacuidad” (les parece mal que hayan ido a un retiro, cuando con Aznar eran jornadas de convivencia); “¿A qué está jugando el Gobierno con la dictadura venezolana?”; “Vox, a vueltas con el cordón” (blanqueamiento del partido ultraderechista); “Mar Menor: Sánchez castiga a Murcia” (como si los problemas de citado lugar fuesen culpa del presidente y no de varios gobiernos del PP); “El campo paga en empleo el precio de la demagogia” (culpando al gobierno del problema hasta que los propios agricultores ofrecieron la realidad); “La turbia relación con [Evo] Morales que salpica a Podemos” (ya saben que era un narcopresidente para Bustos y allegados). Y así día tras día. ¿Alguna reflexión? Ni una. Sólo señalar al Gobierno con mentiras.

Pasemos a Vozpopuli que es un medio cuyas columnas de opinión se mueven mucho y tiene su cupo de tertulianos. Si ustedes quieren saber realmente qué piensa la clase dominante y por dónde van sus intenciones es sin duda el periódico ideal. Dicho esto algunos columnistas se han subido a la moda de no pensar para escribir. Excepción hecha de Gregorio Morán o Jorge Vilches (conocido anarcocapitalista), se pueden encontrar a personajes como Miguel Ángel Belloso para los que la reacción es progresismo y marxismo escondido. “Un boicot infame a Vox” (blanqueamiento de los amigos); “Trump se mofa de la progresía mundial” (casi ná); “Sánchez también quiere chulear a Bruselas”; “Empresarios sodomizados, empresarios masoquistas” (no le gustó la subida del SMI); “Mi perro Manolo, el Gobierno perroflauta de Sánchez”; “En favor de la desigualdad” (que se mueran los pobres); o, por no asustar más, “El socialismo es veneno” son algunos de los artículos del señor Belloso. Como ven no es un problema ideológico sino algo más profundo y con una gran carencia de cultura, política es especial. Se dice liberal pero ni uno sólo de los principios de tal ideología es capaz de defender en sus artículos, porque en realidad es un ser autoritario, clasista y pagado de sí mismo.

Antes de finalizar nada mejor que ver los titulares de los columnistas de ABC, periódico paradójico porque tiene a personas brillantes (como Gabriel Albiac, De Prada y algún que otro más) pero hace de la columna un continuum de la mentira hecha noticia… y han fichado a Juan Carlos Girauta, quien se suma a Salvador Sostres, Carlos Herrera y el director Bieito Rubido (según el día está más o menos asalvajado). Ramón Pérez Maura lanzó una ignominiosa sospecha sobre las parejas de las ministras Calviño y Montero del PSOE, con un tufo machista normal en persona que es capaz de hablar de democracia y callar ante los 14.000 sindicalistas asesinados en Colombia (a la que pone como ejemplo frente al resto de países); Ignacio Camacho, más allá de su preocupación por la valija diplomática venezolana, tiene una fijación por la mentira extraña porque día sí, día también se preocupa por las que él piensa que cuenta el Gobierno pero alaba al trifachito aunque mienta, como en “Mentiras, imposturas, ficciones” donde intenta analizar la esencia del sanchismo; Isabel San Sebastián prefiere dedicarse a las teorías conspirativas y la agenda oculta del Gobierno, o a las humillaciones de Sánchez para aferrarse al trono monclovita; Ignacio Ruíz-Quintano supera a sus colegas de columnismo porque no hay día en que no destile odio a todo lo que se acerque a la izquierda.

Pequeñas muestras, se ha evitado OkDiario por cuestiones sanitarias como pueden entender, de una forma de actuar en el ámbito mediático (donde no ha habido espacio para algún columnista que se dice de izquierdas en medios que se dicen de izquierdas y dependen de Ana Botín o George Soros) que inocula en la población española (pues copan los medios de todo tipo) no odio, el cual sería más denunciable, sino lo más aberrante de la ideología dominante, la cual propicia una pérdida de afectividad a los valores democráticos. Unos valores que no defienden los partidos políticos de los que dependen, en muchas ocasiones, para escribir, ni ellos y ellas en sus columnas de opinión o artículos periodísticos. Mentiras, infundios y autoritarismo a partes iguales. Les gustaría una pseudodemocracia de dos o tres partidos (los suyos evidentemente), con una sociedad dominada e incluso reprimida si hiciese falta y a eso dedican sus esfuerzos. No hacen un favor a la democracia sino todo lo contrario, algo que están permitiendo desde las distintas fracciones de la clase dominante porque creen que así obtienen más beneficios económicos. También es cierto que la desafección está comenzando a desplegarse por la población. Y hay una base humana que acepta cualquier cosa que les digan (a izquierdas y derechas). No son columnistas, ni analistas sino todólogos al servicio del autoritarismo del sistema como mecanismo de precaución ante posibles rebeldías de una sociedad hastiada, maltratada y precarizada.

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