Han llegado en manada como sólo los grupos neofascistas saben hacer y evitando declaraciones antes de comenzar el Pleno de Constitución de la Asamblea de Madrid. El premio gordo, gracias a la colaboración de Ciudadanos que ayuda al blanqueamiento, era la tercera vicepresidencia de la Mesa. Lo sabían, llegaban sonrientes y confiados. Enseñoreándose y pavoneándose en un remedo de las salidas de esos jovenzuelos fascistas que en la calle Goya se dedicaban a aporrear y agredir a los que les parecían de izquierdas allá por los años setenta y ochenta del siglo pasado. Algún que otro cargo y candidato de Vox participó en aquellas razzias fascistas. Hoy, sin perder la soberbia en el porte, han llegado a la Asamblea. Pero han llegado con miedo.

¿Miedo a qué o quién se preguntarán? La verdad que no se sabe bien pero lo que es cierto es que no sólo la llegada en comandita sino toda la protección de guardaespaldas y de personajes con aspecto siniestro que se acercaban a los diputados y diputadas en cuanto alguien extraño pasaba al lado, osaba hacer una fotografía (curioso que vigilasen al fotógrafo oficial de la Asamblea) o simplemente les parecía un “rojo de mierda”. El caso es que son el primer grupo parlamentario, que tampoco es que sea tan grande, que ha situado a sus guardaespaldas en un recinto donde sólo pasan trabajadores, medios de comunicación y diputados y diputadas. No hubiese extrañado que, después de mirarle mal, hubiesen hecho un bloqueo, al diputado de Podemos Javier Cañadas que iba con una camiseta de Gaysper.

¿Pensaban que alguien les iba a llamar fachas o fascistas a la cara? Escucharse se ha escuchado en la Asamblea pero el respeto, que parecen no tener los neofascistas, ha evitado que fuse a su cara. ¿Pensaban que los iban a pegar? En un recinto protegido difícilmente pero como en Vox tienen esa pulsión de violencia pensarían que los demás igual. Y no. En la Asamblea de Madrid, a pesar de haber discrepancias, la gente tiene respeto y hasta toman algunas cervezas juntas. Igual Íñigo Errejón no porque andaba despistado y buscando unos minutos de gloria televisiva hasta que llegue el apagón informativo que suele ser norma de la casa madrileña.

La manada neofascista para acompañar a Rocío Monasterio y que no la pasase nada. Normal que acudiese su esposo Iván Espinosa de los Monteros, menos comprensible que el “boina verde de nueve meses de mili en servicios generales” Javier Ortega-Smith estuviese allí, salvo para amedrentar conciencias o aparentar ser más de lo que son. Una docena de diputados que tienen más presencia mediática que una treintena debido al blanqueamiento que los medios de comunicación (de izquierda a derecha) se está haciendo de las posiciones de esta gente. La lucha por sacar la noticia, si es que puede llamarse así, más estrambótica y conseguir miles de visitas hace que los medios ni piensen en que gracias a su actitud los neofascistas tienen un altavoz inmejorable para extender las consignas del odio. Los votantes parecen más listos que los directores de los medios. Les han situado en la insignificancia electoral y si tienen poder de decisión es gracias al blanqueamiento que hacen PP y, especialmente, Ciudadanos a quien no le importa recibir sus votos.

Prepotencia neofascista que se ejemplifica en ese decir “¡Aquí estamos nosotros con dos cojones!” que es la presencia de guardaespaldas para impedir el acercamiento de periodistas y personajes molestos. Diputados y vigilantes a los que se les permite actuar como actúan. Casi nadie se habrá percatado porque estaban más atentos a los datos de las votaciones y a recabar opiniones, cuando no estaban encerrados en sus cabinas transfiriendo la información, pero los vigilantes de Vox estaban al acecho. ¿Qué hubiesen hecho si se hubiese acercado algún periodista no afín? ¿Pegarle? ¿Empujarle? Como les dan igual las normas seguramente hubiesen optado por alguna de esas acciones o el insulto. Esto es lo que blanquea el señor Albert Rivera. Hoy no van a por él pero…

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