Mariano Rajoy ya ha declarado ante la Audiencia Nacional en calidad de testigo. La declaración ya ha empezado mal por el hecho de que se colocara a Rajoy en un lugar diferente al que ocuparía cualquier español, hecho que, además, va en contra de la propia Ley de Enjuiciamiento Criminal tal y como ha recordado uno de los letrados. Que se le haya dado a un testigo un privilegio al que no pueden acceder ningún ciudadano es un atentado contra el propio espíritu de un órgano de justicia democrático.

En otro orden de cosas, Rajoy ha demostrado que no estaba a gusto. Su lenguaje no verbal denotaba el nerviosismo que su expresión jamás delata. Encender y apagar el micrófono constantemente, cogerse las manos con fuerza, son elementos que demostraron que no se encontraba tan tranquilo como quería aparentar.

Sin embargo, Mariano Rajoy no esperaba encontrar un aliado como el propio presidente de la Sala de lo Penal, Ángel Hurtado, quien ha obstaculizado la labor de los letrados cada vez que se hacían preguntas o se seguía una línea de interrogatorio que pudiera provocar que Rajoy cayera en algún tipo de contradicción. Esto ha generado la reacción de los abogados porque, como bien ha dejado claro alguno de ellos y lo ha hecho constar en acta, la búsqueda de las contradicciones es uno de los fundamentos sobre los que se asienta cualquier interrogatorio de un proceso penal. La actitud obstruccionista de Hurtado ha dejado en el aire muchas respuestas porque las preguntas no han sido admitidas o no han sido formuladas. Estas respuestas que se han quedado en el limbo porque se ha imposibilitado una línea de interrogatorio más dura. Rajoy, además, se ha encontrado con otro aliado, el abogado de Luis Bárcenas, que ha interrumpido a todos los letrados que cuestionaban al presidente sobre la relación con la Caja B o con la financiación ilegal.

En general, Mariano Rajoy llegó a la sala con la misma intención que un equipo entrenado por José Mourinho: no encajar goles, no equivocarse. En las preguntas más controvertidas que a Hurtado se le olvidó decir que no eran procedentes, Rajoy respondió con el manual del PP y se salió por la tangente. Además, la ignorancia selectiva respecto a cómo se gestionaban los recursos presupuestarios en la organización de las campañas o en la gestión del PP como organización no es creíble, como no lo es que un director de campaña no supiera de dónde venía el dinero o que reconociera que desconocía la existencia de la Caja B. Tampoco es muy veraz que no conozca cómo se gestionaban los números de las campañas electorales.

Lo que sí ha dejado claro Rajoy es que sabe despejar balones. Ha dejado la responsabilidad respecto a lo que hacían los tesoreros a José María Aznar ya que, según él, no tenía responsabilidad económica sino sólo política. También ha responsabilizado a Esperanza Aguirre de lo ocurrido en la Comunidad de Madrid.

El Partido Popular, según el relato de Rajoy y, según los datos que se conocen de la trama Gürtel, cometió errores y el principal es que, conociendo que se estaban realizando actividades que podrían ser ilegales no presentar los hechos ante un tribunal. ¿Qué hay detrás o qué hay que aún no se conozca de la corrupción del PP para que no lo hicieran?

Desde el punto de vista político España no se puede permitir la imagen de un Presidente compareciendo ante un tribunal por la corrupción de su partido. Por esta razón queda totalmente inhabilitado para seguir al frente del Gobierno. Es una vergüenza que la persona que representa a nuestro país tenga que sentarse en una sala para comparecer, de momento como testigo, para responder de la corrupción sistémica del Partido Popular.

Nuestra democracia no se puede permitir dar la imagen de un Presidente siendo interrogado en un proceso penal ni la de la Administración de Justicia sirviendo de dique para frenar cualquier pregunta que pudiera importunar o poner contra las cuerdas a Rajoy. Dos de los poderes del Estado y una parte del cuarto al servicio de un partido que está imputado por la Justicia. Eso no se lo puede permitir una democracia seria. Mariano Rajoy debe dimitir, pero, como ha dicho Pablo Iglesias, no lo hará porque el Gobierno es el parapeto de la última defensa del PP. Nuestra democracia tampoco se merece la manipulación de la televisión pública esta vez por su ausencia ya que ha sido la única cadena que no ha retransmitido la declaración de Mariano Rajoy.

Rajoy puede que desde un punto de vista judicial haya salido airoso de su declaración pero políticamente no y esto hace que haya quedado totalmente inhabilitado.

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