La tónica en esta insufrible campaña electoral es la utilización por parte de todos los partidos políticos de pequeños recintos donde dar el mitin, nunca mejor dicho y doblemente en algunos casos. En una campaña mediada por lo mediático, las diferentes formaciones han decidido no abusar de los grandes escenarios para concentrarse en recintos medios o pequeños por dos motivos principales: miedo al vacío y estrategia. No saben cuanta gente realmente iría a verlos, ni quieren dar la oportunidad de que les señalen como unos fracasados, a pesar de los días festivos que poco invitan a acudir a ver políticos graznando. También los hay que se inventan los llenos, pero eso es casi ya lo normal en cierto partido y cierta persona.

Comencemos por el mitomaníaco de Pablo Casado y su PP que tuvieron la grandísima idea de convocar una cena para seiscientas personas en una plaza de toros y, obviamente, dejaron la imagen de desolación y tristeza que las redes se han alegrado de difundir. Una imagen que es la misma que está paseando el PP de las mentiras y las frases execrables allá donde hay un mitin o aparece Edurne Uriarte o Adolfo S. Illana (por un mínimo de respeto al padre lo pondremos así) en un medio de comunicación. No logra llenar ni cuando se juntas sus propios militantes para darles una charla del día de las elecciones, así que nada mejor que hacer actos pequeños por si hay suerte y acuden más personas y parece que aquello está abarrotado. Eso intentaron hacer el día que dio comienzo la campaña electoral, la pena es que era una mentira más de este PP enfermo de mentiras. Eligieron adrede un lugar tan íntimo, tan íntimo en el Retiro que casi no cabe ni el propio Casado. Eso sí, cuando salió micrófono en mano, no piensen que estaban grandes masas afuera, no llegaban ni al centenar, pero Casado tenía que engañar una vez más. Cada día le cuadra lo de FraCasado.

El PSOE tampoco está eligiendo grandes aforos por decisión de la comisión de cerebros que dirigen la campaña electoral. Tienen miedo a que algún asiento vacío arruine la imagen de Pedro Sánchez y puedan decir que no es un presidente querido. Según nos han contado en varias federaciones del PSOE, han elegido los lugares que les han dicho desde Ferraz. Habían pensado en lugares más amplios en Zaragoza, Sevilla, Extremadura o Castilla-La Mancha, pero las órdenes fueron cierta cantidad de asientos y no más. No quieren grandes auditorios porque no confían en poder arrastrar a muchas personas. Lejos quedan ya las cincuenta mil personas viendo a Felipe González en la Casa de Campo en 1993, por ejemplo. Se prefiere lugares más pequeños y si acude gente de más, siempre se puede sacar la foto de Sánchez subido a una silla. Un truco evidente pero que es mala noticia para un partido en el gobierno que parece incapaz de juntar 8.000 personas en un auditorio de mayor capacidad.

Ciudadanos y Albert Rivera están acostumbrados a no llenar nunca. De hecho la suya es una historia de fracasos continuados con sillas vacías. Por tanto, siguen con un prototipo de campaña en espacios abiertos, donde no acuden más de seiscientas personas, pero si algún día acudiesen más venderían esa foto para los restos de los días. Eso sí, al menos fueron capaces de llenar en su mitin en Las Rozas, algo que el PP no ha podido hacer en estos días. Pero no son de recurrir a grandes escenarios conscientes de que Juan Carlos Girauta o Inés Arrimadas ni en dúo cómico llenarían una sala de mala muerte. Siempre han sido timoratos y se han aprovechado la capacidad de llamamiento de otros para rodearse de las masas. Aunque bien pensado, los cuñados de España por la mañana no están disponibles y suelen ser perezosos, y su electorado potencial no es de ir a mítines.

En Unidas Podemos también son conscientes de que su capacidad de llenar grandes auditorios se evaporó hace tiempo. Además, tal y como nos han contado en la organización, se sienten más cómodos ante auditorios más pequeños y cercanos. Algo más profesoral para que se hagan una idea y por tanto han recurrido a ese tipo de auditorios, aunque ayer en Éibar o el otro día en Málaga Pablo Iglesias y Alberto Garzón han llenado a rebosar y podrían haber metido más gente. También son personas más de redes sociales, de transmitir los mítines por las diferentes redes sociales, de hacer clips y hacerlos virales, de moverse en un mundo mucho más digital que presencial. Aunque, todo hay que decirlo, muchas personas de Podemos nos han confesado que no estaría mal hacer un macroevento y que se sienten capacitados para abarrotar en las grandes ciudades.

Y Vox parece que es quien va ganando con los llenos de sus actos. Tampoco han ido a recintos con grandes capacidades, salvo la plaza Leganés con 8.000 personas, pero es cierto que han abarrotado y se han quedado muchas personas fuera en núcleos urbanos pequeños. Igual por curiosidad para ver si tiene aureola y alitas Santiago Abascal o por convicción, el caso es que salvo en Álava, las personas han acudido a verlos y eso, quieran que no, es un beneficio estético. Y las campañas electorales no sólo se ganan, o mejor dicho, no se ganan sin un fuerte componente estético. Pero, no se engañen, tampoco han sido capaces de acudir a grandes recintos porque no confían en llenar.

Más que por el buen o mal tiempo, ninguno de los partidos se atreve con recintos grandes por miedo a no llenar, lo que no deja de ser, en cierto modo, un indicativo de lo poco apreciada que es la política y los políticos. Esos actos no se realizan por evitar el orgullo herido del jefe de filas, que en algún caso igual también, sino porque deben ser conscientes de la desafección con los políticos que existe en la población. Estamos ante la generación política con menos capacidad política de la historia, lo que en el caso del PP supone añadir con la mayor ignorancia, la más mentirosa y la más odiosa de su historia (y eso que tuvieron a exministros franquistas). Al final los mandamases políticos son tan humanos como el resto y se hacen “popó” cuando vienen mal dadas. No se atreven a intentar llenar un gran aforo porque su orgullo les puede en gran medida. Aunque los hay que se tragan el orgullo y aceptan que no llenan, ni son dirigentes de masas como algunos y algunas edecanes les susurran al oído.

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