Lleva una campaña donde ha procurado dar mayor peso específico a sus candidatos Albert Rivera. Salvo dos o tres actos que pueden haber sido más peculiares como el de Rentería, el candidato ha optado por un perfil más bajo en líneas generales. No ha podido evitar su mantra central “sanchismo-Cataluña”, pero sí es cierto que se ha dedicado a ser más propositivo que reactivo. La leña la ha dejado para Arrimadas, Girauta o De Quintos (quien está sorprendiendo dentro de la formación naranja según nos cuentan). Se ha optado por un menor desgaste del candidato principal, en un intento de hacerle ver más presidenciable entre el amplio grupo de la derecha y no asustar al votante más moderado.

Las encuestas no muestran que ese “ocultamiento” de Rivera esté dando resultados pero, nos dicen, queda mucha campaña y esta semana se daba por descontada. O lo que es lo mismo, piensan más en términos de concentración de esfuerzos en la última semana. Ahí es donde piensa echar el resto el candidato para terminar de restarle votos al PP y posicionarse como principal fuerza de la derecha. La verdad es que las mentiras constantes de Pablo Casado ayudan en ese sentido y quieren potenciar un perfil menos “cuñadista” para lograr el objetivo. Quieren, en la última semana, evitar esa imagen de chaquetero, de ultra, de cuñado en barra de bar, para darle un buen mordisco al voto del PP que las encuestas internas les muestran. También, piensan en todos esos votantes moderados que tienen dudas sobre Pedro Sánchez y sus pactos con el secesionismo.

No olvida a su Némesis ni en un acto con mascotas, ¡Sí ha hecho un acto con perros!, y ha incidido en la mala imagen del presidente del Gobierno queriendo evitar los debates: “Sánchez ha intentado engañar a todos los españoles manipulando a la televisión pública para esquivar los debates”. Desde el PSOE afirman que no es cierto, pero la imagen que ha quedado, culpa de Iván Redondo como recogió ayer nuestra compañera Amalia Yebra, es la que proyecta Rivera. Por una vez le han permitido que su antisanchismo no suene como una locura. Pero, incluso con esta postura gastada, Rivera está a otra cosa, está escondido. ¿Por qué?

En Ciudadanos fían mucho de su suerte electoral a los debates en televisión. En anteriores ocasiones, pese a ser Rivera una persona que se prepara hasta lo maniático las intervenciones, no consiguió traspasar las pantallas, especialmente en el debate a cuatro de 2016. Esto es, no consiguió dar la imagen de ser un candidato fiable para presidir ni la comunidad de vecinos. En estos años tampoco ha conseguido quitarse la imagen de cuñadista, de correveidile del establishment, de derecha camuflada. Ahora, con su persistencia en la defensa del liberalismo, intentan dar una vuelta hacia algo más moderado. El problema es que al reconocer un pacto de gobierno con los neofascistas y la famosa foto de Colón (que ha sido tema de debate en Ciudadanos), ese supuesto liberalismo desaparece a ojos de las personas. Por tanto, sólo le queda ser una especie de M. Rajoy 3.0. O lo que es lo mismo, un señor de derechas moderado pero que protege los intereses de la clase dominante.

Está preparando los debates para machacar a Sánchez, por un lado, y por otro a Casado. Después de sus diferentes coqueteos, repartiéndose ministerios de la nada, se han dado cuenta que les va mal en las encuestas y quiere resarcirse. No le queda otra a Rivera si quiere que el establishment siga apoyándole a futuro, de posicionar último o segundo (siempre que los neofascistas no sean los primeros)  sabe que la puerta de salida estará más que abierta. Por eso está más desaparecido estudiando para los debates electorales y así poder machacar a sus contrincantes, no tanto para ganar, ni en sus sueños más húmedos visiona la victoria, sino para poder ser el primero de los perdedores o el primero para el pacto.

Sí, porque aunque siga criticando el sanchismo, Rivera es consciente que sumando ambos partidos él tiene garantizada una vicepresidencia junto a Sánchez. El establishment quiere ese acuerdo para dar estabilidad y moderación al gobierno. No quieren ni en pintura a Unidas Podemos, ni a ERC, ni cómo-se-llame-lo-de-Puigdemont. Quieren un Gobierno PSOE-Cs, algo que saben y manejan en ambas cúpulas partidistas, las cuales están de acuerdo, aunque ahora disimulen. Tanto en el PSOE como en Ciudadanos, por mucho que diga Juan Carlos Girauta, tienen claro que, después de mucho teatro y apariencia espectacular, sumando ambas organizaciones el pacto será el que se presupone. Por ello no insisten mucho en los medios más apegados al establishment. Ni El País, ni El Español, ni ABC que tienen sus análisis suelen afirmar que suman los sondeos claramente. Todos lo niegan y hablan de bloques porque les interesa, por un lado, activar al votante de derechas y, por otro lado, que no se vea la jugada.

En el PSOE lo niegan también pero más de la mitad de su ejecutiva babea con esa posibilidad. En Ciudadanos mojan hasta la cama por las noches cuando piensan que van a tocar poder estatal. La Troika sabe que sus deseos de estabilidad, moderación y pacto social-liberal se verán cumplidos, porque el látigo de los recortes lo tiene preparado por si decidiesen los participantes salirse del guion articulado en profundas reuniones de la clase dominante. Si se fijan los dos candidatos que más moderación muestran son Sánchez y Rivera y no sólo por cuestión electoralista, sino porque saben que van a tener que ir por ese camino sí o sí. El resto, por muchas palabras que malgaste Adriana Lastra (quien se abstuvo para que gobernase Rajoy, por cierto), es utopía electoral para ganar votos.

Para que lo previsto acabe cuadrando se necesita a Ciudadanos con al menos 50 diputados o alguno más, y eso sólo será posible si no vuelve a meter la pata, si deja de ser cuñadista o si deja de decir salvajadas. Algo que en las últimas fechas parece haber conseguido. Bueno, si se preguntan por los vientres de alquiler, no es tema nuevo y es un claro guiño al lobby homosexual que insiste en el tema. Cabe recordar que también lo apoya el número dos del PSC por Barcelona y miembro de la ejecutiva del PSOE Francisco Polo. Por tanto, Rivera se ha recluido más de lo normal para poder salvar el cuello y los diputados en los debates electorales. Sabe que por un camino u otro (aunque el del pacto con los neofascistas no acaba de agradar al mundo financiero) estará en el poder, si no se hunde el día 28 de abril. ¿Estaremos ante la pérdida del mayor cuñado político de la Historia? Seguramente no pero lo está intentando el chico.

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