Las encuestas se empeñan en derribar la estrategia que diseñó el PSOE con las nuevas elecciones. Ese “O yo, o el caos” no está surtiendo el efecto deseado, ni puede explicar el porqué de unas elecciones para llegar al mismo punto de salida o peor. Porque las encuestas no sólo no otorgan al partido en el Gobierno una mayor cantidad de escaños (ni de porcentaje de voto) sino que, en algunos casos, incluso le dan menos escaños que los que posee en la actualidad. Con un añadido, en este caso, pese a los ofrecimientos casi amorosos de Albert Rivera, Pedro Sánchez no tendrá oportunidad de pactar hacia su derecha (Ciudadanos) y pedir una abstención a la izquierda ya que los números son risibles.

El PSOE está sufriendo en sus carnes partidistas lo que le benefició en las elecciones del 28 de abril. En aquellas el hundimiento del PP le permitió ganar en algunas circunscripciones pequeñas y llevarse el “escaño del primero”, en las medianas aprovechó para obtener un tercer o cuarto escaño por la diferencia con el partido conservador. Hoy, lamentablemente, las encuestas muestran que esos escaños van a estar más disputados cuando no perdidos. El hundimiento de Ciudadanos hasta casi la última plaza de los cinco partidos asentados ya le proporciona una ventaja al PP no sólo por los votos que puede recuperar sino por los escaños que va a ganar y quitar al PSOE en circunscripciones pequeñas y medianas. No extraña que algunas encuestas les otorguen 100 escaños a los conservadores pues, con un aumento en las circunscripciones más conservadoras, pasan a dominarlas y ganar ese plus que el 28 de abril les quitó la ciudadanía.

Además de los escaños perdidos por el simple hecho de una disputa más igualada con su Némesis, Pedro Sánchez debe afrontar en las grandes circunscripciones el no hundimiento de Podemos y el ascenso del errejonismo. Pablo Iglesias no sufre una gran pérdida según la mayoría de encuestas, unos cinco o seis diputados, mientras que Íñigo Errejón tampoco les daña tanto como habían imaginado en la clase dominante. De hecho, la irrupción de  Más Pais puede ser más perjudicial para los socialdemócratas que para los morados, no tanto por el robo de voto (que compensa el PSOE desde otras formaciones) como por el reparto. Cuando Errejón y su muchachada se presentaron en sociedad tenían claro que quitarían diputados a PSOE y Podemos pero sumarían igualmente. Lo que no sospechaban es que el PP subiría tanto como para disputarle (y ganarle) al PSOE las pequeñas circunscripciones. Paradójicamente, y esto lo han entendido ahora en la sede de Ferraz, teniendo el mismo porcentaje de voto podrían acabar teniendo menos escaños.

Como Sánchez afirmó que le quitaría el sueño que gente de Podemos estuviese en el Gobierno, lo mejor que puede hacer a día de hoy es ir encargando alguna tonelada de valeriana para poder conciliar el sueño. No tiene otra salida que pactar con los partidos de la izquierda, que pedirán entrar al Gobierno, y los terribles independentistas a los que ahora amenaza con aplicarles el artículo 155. La suma PSOE-Cs-MP no da para gobernar pues una de las partes jamás aceptará una abstención de ERC y PNV (e igual los nacionalistas tampoco aceptarían a Rivera). Así que, si quiere ser consecuente con sus palabras, sólo le queda con la salida por la izquierda con incorporación de Podemos al Gobierno. Eso, o hacer lo que quieren en la clase dominante, la Gran Coalición. En este caso la valeriana sería para la gran mayoría de españolas y españoles. Ganar, ganará. Falta saber por cuánto y cómo.

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