En el café con Susanna Griso que tomó ayer Pedro Sánchez debía tener algún poso de cuñadismo, o algo de dulzor naranja, porque lanzó su discurso más soberanista de España de los últimos tiempos. Tanto como para abandonar las esencias republicanas del propio PSOE y lanzarse a defender la monarquía. Todas esas personas, que hará casi un año portaban banderas tricolores en los mítines de Sánchez frente a Díaz, estarán hoy con una pena enorme al ver que rápido cambia su adorado dirigente. Ese mismo, al que pusieron ellos en el poder con su esfuerzo frente al aparato, ayer tomó el discurso susanista.

Sánchez anunció ayer que el PSOE presentará una iniciativa en el Congreso de los Diputados para “regular y concretar los nombramientos de los altos cargos y los cargos electos”, con el objetivo de que se “acate la Constitución Española”, la cual está siendo puesta en cuestión por el secesionismo. Un acatamiento de la propia Carta Magna, a la que Sánchez sitúa casi en una posición totémica y casi intocable, justo cuando hace un año decía por los pueblos de España que era necesaria su reforma. Entonces, ¿es intocable, o se reforma? Una vez más Sánchez dice una cosa y la contraria según convenga y según el escenario, como pasó en Murcia y Albacete.

Algo que puede ser entendido y que, mediante el cuñadismo, lo viene haciendo Ciudadanos casi todos los días. Pero, porque siempre hay un pero con Sánchez, lo que ha manifestado después de la presentación de la Iniciativa parlamentaria atenta contra las esencias del PSOE. Con esta propuesta se pretende que en los nombramientos “se acate ese bien jurídico supremo que es la Constitución Española, se respete al jefe del Estado y a la monarquía parlamentaria”. Primero, si se acata la Constitución, que tampoco es un bien jurídico supremo e intocable, ya se acata todo el sistema que se encuentra circunscrito en sus páginas y artículos. Segundo, si se insiste en que hay que respetar a Felipe de Borbón y lo que significa la monarquía, ahí Sánchez olvida el sentir republicano del PSOE. Una esencia que no es mostrada constantemente, pero que existe y que es parte del ideario socialista. Se puede aducir que el PSOE defiende todo el orden constitucional y la monarquía está en él, lo que es cierto. Pero remarcar la figura del monarca y de su institución supone una defensa de la monarquía en sí. Más allá de lo que digan en un sitio u otro.

Sánchez se hace monárquico para quitar seis votos a Ciudadanos, pero cabalga sobre las tumbas en las cunetas de numerosos republicanos socialistas asesinados por el fascismo franquista. Una cuestión que es recordada, en muchas ocasiones, en los juramentos de numerosos cargos públicos socialistas en ayuntamientos, por ejemplo. ¿Va a impedir Sánchez que los socialistas de verdad defiendan la República como forma de Estado y representación de unos valores que entroncan con los de la tradición socialista por ganar dos votos a Ciudadanos? Parece que sí. ¿Qué cara pueden poner los compañeros y compañeras de su Ejecutiva que defienden la Memoria Histórica si su jefe está haciendo la pelota al monarca? Nadie le pide que lidere un cambio de estructura del Estado hacia la República, pero tampoco hay que pasarse con ciertas cosas que atentan contra las esencias socialistas.

No hace mucho explicaba el propio Sánchez que tenía muy presente la lucha por la igualdad de las mujeres ya que él, al ser padre de dos niñas, quería que sus hijas tuviesen las mismas oportunidades que los hombres. A esto habría que recordarle que la igualdad con otra niña también. Porque mientras sus hijas tendrá que bregar en esta vida para estudiar y encontrar un lugar en el mundo, la hija de Felipe de Borbón ya lo tiene hecho. ¿No es esto desigualdad por sanguinidad?

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