En días anteriores hemos visto cómo Carlos Berastain, director de Relaciones con los Inversores y Agencias de Rating del Popular, hacía un análisis completo de las razones que estaban llevando al valor de la acción de la entidad a derrumbarse y las consecuencias que estaba teniendo para el banco.

La advertencia de Berastain era clara: o se hacía algo rápido o el banco se iba a la resolución porque así era como lo percibía el mercado: «La suma de los puntos anteriores (posible falta de ofertas/interés para M&A, y la elevada dificultad de una ampliación) lleva al mercado de manera automática a asignar una probabilidad cada vez más alta al escenario de Resolución/Intervención». Por lo tanto se advertía de manera transparente a Saracho que había que hacer algo de manera inminente, algo que, como todo el mundo ya sabe, no se hizo. ¿Había ofertas corporativas? Según las fuentes consultadas por Diario16, el Santander estuvo negociando con Miguel Ángel Moral hasta prácticamente el último día y se barajó un valor de venta del Popular no inferior a los 3000 millones de euros. ¿Había ofertas de ampliación de capital? Sí, las había: Deutsche Bank, Credit Suisse y Barclays, además de las indicaciones de Morgan Stanley del mes de abril. ¿Hizo Saracho algo? Sí, pero no en el sentido que le indicaba Carlos Berastain ya que al día siguiente de ese correo se recibieron las instrucciones de Uría y Menéndez sobre la declaración de inviabilidad, además del plan de comunicación del «Día R», además de recibir por la noche la convocatoria a la reunión en la que el día 3 de junio la JUR y el FROB decidieron que el Popular iba a ser intervenido e, incluso, se aprobó el calendario de la resolución y del proceso de venta.

En ese correo el directivo del Popular dejaba muy claro que el hecho de que no hubiese avances en las negociaciones para una venta de la entidad, sobre todo en un momento en el que existían rumores de ofertas por parte de Bankia o de BBVA (Santander aún no había sonado) o que unos días antes Isidre Fainé, a través de Criteria Caixa, hubiera reservado 4000 millones de euros para la compra del Popular a través del proceso en el que estaba intermediando JP Morgan, estaban perjudicando al valor de la acción.

Por otro lado, hay que recordar que en el mes de abril, en concreto los días 25 y 26, se produjo un cruce de correos entre Miguel Escrig, director general financiero contratado por Emilio Saracho, y los responsables de Morgan Stanley en España. En esos mails se debatió sobre una ampliación de capital de 5.700 millones de euros, por tanto, en primer lugar, el Popular no valía un euro y, en segundo término, había un interés en invertir 5.700 millones, al igual que ocurrió un mes después con las ofertas de 4.000 millones de Barclays y de Deutsche Bank.

Además, Berastain indica que el hecho de que no se esté anunciando una ampliación de capital estaba dando una imagen al mercado de que ni siquiera con esa operación corporativa el Popular podría salvarse, lo que hacía mucho más vulnerable el valor al ataque de las posiciones bajistas, principalmente de BlackRock y de Marshal Wace.

Sin embargo, tal y como publicó Diario16 en exclusiva, Saracho en esas fechas ya tenía conocimiento de que había interés por parte de varios de los más importantes bancos de inversión del mundo en acometer la ampliación de capital para el Banco Popular, garantizando, en algunos casos, los 2.000 millones de euros. Hay que recordar los correos cruzados entre Saracho y el director financiero, Miguel Escrig, en los que éste la confirmaba que Deutsche Bank estaba «positivo» de cara a la ampliación. Esa valoración de una entidad como la alemana no se produce de un día para otro, sino que lleva un tiempo de conversaciones previas y de análisis de los datos del banco.

Si Saracho hubiera lanzado un mensaje al mercado de que la ampliación se iba a acometer y que estaban barajando las ofertas de esos bancos de inversión, el valor en bolsa no se hubiera resentido del modo en que lo hizo ni, por supuesto, se hubiesen producido las salidas de depósitos masivas que provocaron la crisis de liquidez que fue la causa principal de la resolución.

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