¡Hola! Sé que no esperabas este correo.
Estarás celebrando el día de S. Valentín con mi marido.
Si piensas que me haces daño, te equivocas. A mí con él me sucede lo mismo que con unos zapatos que me compró mi madre hace años, como eran muy caros me obligaba a ponérmelos aunque me hacían daño.
Mi prima Marta los vio y se encaprichó de ellos. Era la sobrina favorita de mi madre.

¡Qué descanso cuando la vi salir de mi casa con los zapatos!
Al principio él parece un hombre maravilloso pero descubrirás que es machista, infiel y enamorado de sí mismo; antes o después comenzarás a buscar quien quiera quedarse con tus zapatos.
¡Feliz día de los enamorados!
¡Hasta nunca bonita!

PD. Se me olvidaba. He pedido el divorcio. Te escribo desde las Islas Mauricio; estoy celebrando ya mi nuevo estado: SOLTERA.

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