Han pasado los años y aún se sigue culpabilizando al PSOE y a Felipe González de la creación del GAL. Su ministro José Barrionuevo y el secretario de Estado Rafael Vera fueron condenados y estuvieron presos por el secuestro del ciudadano francés Segundo Marey. Por tanto no caben dudas de la participación de ese gobierno en las acciones del grupo parapolicial y así debe ser recordado sin lugar a dudas. Pero ¿por qué no se ha contado toda la verdad? El ex-comisario José Amedo ha contado su parte de la realidad, seguramente callándose muchas cosas, pero la rama política ha quedado parada en González, Barrionuevo y Vera. ¿A quién perjudicaría hoy en día saber todo?

Es curioso como el portavoz de Podemos, Iglesias habla de la cal viva, en la que el gobierno nada tuvo que ver, sino que fue producto de una acción de la Guardia Civil. Cuestión bien distinta es que los guardias de Intxaurrondo participasen en acciones del GAL. Iglesias calla otras partes, igual sabedor de lo que realmente pasó, o porque no sabe nada y mete la pata. Pero, reiteramos, ¿por qué no se cuenta la verdad y se pone cara a todo el mundo que sabía, consintió y, en algunas ocasiones, actuó en favor del GAL? Hasta la fecha nadie ha dado los dos factores clave de todo el asunto y ha llegado el momento, si es que de verdad existe una democracia madura, de contar qué paso en aquellas fechas.

Cuando surge el GAL, más bien el escándalo del GAL, cuatro fueron las justificaciones que se hacían a su existencia y funcionamiento desde los distintos aparatos mediáticos del Gobierno. Todo ello, eso sí, bajo el prisma de la razón de Estado. La primera justificación tenía que ver con la continuidad y existencia de medios parapoliciales en la lucha contra ETA en el sur de Francia. Y es cierto, grupos como ATE, GAE, AAA o el Batallón Vasco Español habían sido creados para hostigar a los etarras. Estos grupos cometieron 46 atentados en España, uno en Estados Unidos y otro en Venezuela. Las cifras dejaban 31 muertos, 36 heridos y 3 secuestrados. Todo ello se formó y financió bajo los ministros del Interior Manuel Fraga, Rodolfo Martín Villa, Antonio Ibáñez Freire y Juan José Rosón. Se utilizaron para estas acciones, salvo los grupos de información policial (de los que Amedo formaba ya parte), a mercenarios, fascistas de Ordine Nuovo o de la Triple A argentina (como los escoltas de Fraga en Alianza Popular) o gentes de los bajos fondos. El GAL, como así fue, no sería más que la continuación de la guerra antiterrorista en las cloacas del Estado.

La segunda justificación es que el GAL no era más que algo que se hacía en otros países europeos para acabar con los grupos terroristas. Así en Alemania los miembros de la Baader Meinhoff aparecerían todos ahorcados en la prisión; en Gran Bretaña se mataría en Gibraltar a terroristas del IRA o en Irlanda del Norte se daría armas e información a los grupos ultraderechistas; en Italia las Brigadas Rojas serían acribilladas poco a poco recurriendo a la mafia; o en Francia lo que aconteció con las OAS. Vamos que poco más éramos tan europeos por matar como ellos.

La tercera justificación era conseguir la colaboración del gobierno francés, socialista por cierto, para acabar con el “santuario francés” de ETA y que dejasen de tratar como patriotas a los etarras y pasasen a considerarlos como lo que eran terroristas. Amedo, en una reciente entrevista en OK Diario, así lo ha reconocido y ha mencionado que gracias a esas acciones el GAL consiguió el apoyo francés. Solo hay que recordar que en 1983 el ministro Gastón Deferre comparaba a los etarras a la resistencia francesa. Con la salvedad de que la resistencia actuaba contra el gobierno fascista de Vichy y la ocupación nazi, y en España los etarras actuaban contra un gobierno democrático.

Y la cuarta justificación es que el GAL sirvió para contener a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado y al Ejército contra la barbarie de asesinatos de ETA. Desde luego esa fue una de las cuestiones que se trataron en el Pacto del capó tras el 23-F. No justificaría la potenciación de una unidad parapolicial, pero una de las exigencias de los golpistas, con el beneplácito de Juan Carlos de Borbón, fue poner coto de la forma que fuese a los atentados etarras. Juan José Rosón lo campeó como pudo y estableció las bases de lo que sería posteriormente el GAL.

Todos los partidos estaban al corriente y dieron su visto bueno

Al llegar al gobierno Barrionuevo se encuentra con esa estructura montada y lista para la acción, lo comunica al presidente del Gobierno y al monarca, que ya sabía que ocurría. Se toma la decisión de ir dejando hacer hasta que hubiese un acuerdo tácito con las demás formaciones políticas. Y ahí es donde Felipe González decidió inmolarse por el tema GAL. Él y el PSOE se comerían el marrón para no contar lo que realmente sucedió, pensando que así salvaba al Estado. Pues hay que recordar que, cuando salta el escándalo, era la época de la Conspiración entre Baltasar Garzón, Pedro J. Ramírez, Luis María Anson y demás medios no afines al gobierno.

Curiosa la situación de Pedro J., el mayor hipócrita del caso. Mientras en 1993-1996 hacía gala de la máxima pureza ética contra el felipismo, en 1983, concretamente el 20 de octubre aplaudía las hazañas del GAL. En Diario 16, del que era su director, afirmaba que “el Estado español tiene legitimidad moral para recurrir a veces a métodos irregulares” contra ETA. Su editorial del día 23 de octubre de 1983 era una clara muestra de intenciones “Hay que destruir a ETA”. Incluso en 1984 seguía escribiendo en Diario 16 (26 de marzo) que todas las acciones del GAL contaban con el respaldo de la opinión pública y había que seguir por ese camino. Hipócrita sin duda. Y, siendo sinceros, si no se hubiesen “gastado la pasta en los casinos”, la mayoría de la ciudadanía lo vería bien hoy en día, como lo veían en 1983-1986. En cuanto se consiguió el apoyo francés y la colaboración con EEUU, el GAL desapareció, aunque en Interior se quedaron algunos sinvergüenzas.

La situación, por tanto, es la de un gobierno nuevo que cuenta con el respaldo amplísimo de la población y más de doscientos diputados para apoyar la acción de gobierno. En el traspaso de carteras ya se transmite, como se dijo, al ministro del Interior entrante cierta situación con la brigada de información de la policía, todo ello para que los nuevos delegados del gobierno en las provincias vascas tuvieran consciencia de lo que había. El ministro habla con el presidente y éste, a su vez, con el jefe del Estado. Acuerdan comentarlo en reunión con los principales dirigentes de los demás partidos políticos, salvo Herri Batasuna como es lógico.

Para ello, un día de los que hay pleno, se llama a una reunión a los dirigentes de los partidos en el Congreso de los diputados para reunirse con el presidente del Gobierno. Según nos contaron dos personas que acudieron a la cita (una ya fallecida) y una tercera que hizo de intermediario, la llamada del presidente acuden “todos” los partidos y “todos” quedan informados. Algunos como UCD y CDS sabían perfectamente de la existencia del grupo parapolicial. En Alianza Popular los dirigentes que acuden también tenían la sospecha de lo que ocurría. González es claro y contundente. Si se está de acuerdo, tal y como se acordó en el Pacto del capó, se seguirán con las acciones en suelo francés para conseguir el apoyo del gobierno de aquel país para acabar con el santuario francés de los etarras. Todos estuvieron de acuerdo en continuar con ese tipo de acciones, salvo el PCE.

El PCE negó que esa fuera la mejor vía para que los dirigentes franceses aceptasen colaborar. Preferían la vía del diálogo con el ministro Deferre, tal y como estaba haciendo ya Barrionuevo. Además, advertían que igual se provocaba el efecto contrario al deseado. Pero, siempre hay un pero, por sentido de Estado su formación no haría de ello un casus belli político. Aceptaban, al fin y al cabo, la utilización del terrorismo de Estado. Los nacionalistas de CiU y PNV también consintieron en seguir con las acciones en territorio francés, siempre que fuera en “territorio francés”. Arzalluz y Pujol serían avisados por el propio presidente aprovechando las visitas personales que realizaron a Moncloa.

Por tanto, todos los partidos políticos fueron partícipes del GAL. Puede sorprender la aparición del PNV, pero sus contactos con la CIA desde antaño, y la concesión de garantías para gobernar ellos y no otros partidos (¿Recuerdan cuando Txiqui Benegas ganó las elecciones vascas y gobernó el PNV?), fueron suficientes. Siempre han deseado la hegemonía en el País Vasco y ser los únicos representantes del pueblo vasco, así que no es de extrañar que apoyasen tales medidas. Otra cosa es lo que luego cuenten en libros y entrevistas. Porque hay una curiosidad, vean la hemeroteca de aquellos años y no encontrarán ningún ataque fuerte a la acción de los GAL. De ningún partido. Alguna declaración suelta para quedar bien pero poco más.

Las cloacas del Estado a pleno rendimiento. ETA siguió matando, en algunos casos con una ferocidad inusitada como en los atentados de Hipercor (21 muertos), Zaragoza (11) y Vic (10). Eso sí, Terra Lliure y el Exercito Guerrilleiro do Pobo Galego fueron disueltos en esos años. ¿Casualidad? Eso sí, la colaboración de Francia se logró y la CIA comenzó a prestar tecnología al gobierno español. Pero ¿a qué precio?

Éticamente ningún partido en España puede levantar la mano y decir que es el campeón de la misma. El PP acabó indultando a Barrionuevo y Vara, en parte por presión de Fraga, en parte por presión del monarca a Aznar. Puso muchas pegas, no porque estuviese contra el Gal sino por su odio hacia el PSOE en aquellos años. Claro que, igual por cosas como estas, que en Zarzuela entendían como cuestión de Estado, no tendrá jamás José María el ducado o el marquesado que tanto ansía. Los nuevos partidos son caso aparte, pero igual Rivera no hablaría tanto de Suárez si conociese estas cloacas, y Pablo Iglesias no hablaría de los viejos comunistas tan alegremente conociendo esto.

Así fue la historia tal y como nos contaron. La razón de Estado se impuso a la ética que establece que tanto los medios como los fines son parte del componente ético. Tampoco la sociedad española se levantó y provocó manifestaciones por ello. Todos culpables por acción u omisión. Cada cual puede sacar sus conclusiones éticas particulares, pero en aquellos años hubo silencio. Lo que pasó después con Garzón y sus corifeos mediáticos es parte de otra historia. Las cloacas del Estado siguen ahí, controladas por las mismas personas o parecidas. Todas con una carencia de ética asombrosa y con una tendencia fascistas que asusta. Antes se mataban etarras en Francia, ahora se busca acabar con el adversario político mediáticamente (de momento, eso sí), pero cloacas al fin y al cabo.

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