La realidad es muy dura para un partido en estado de descomposición como es el PSOE. Los ciudadanos estamos asistiendo atónitos a la escenificación de una lucha a muerte en la que ninguno de los tres candidatos está ofreciendo un proyecto realista que vaya más allá del ataque al contrario o que asuma la responsabilidad de dar a la gente una respuesta positiva a sus necesidades.

Pedro Sánchez se presenta a las primarias con un documento titulado «Por una nueva socialdemocracia» y con el lema «Sí es Sí». La realidad es que todo lo propuesto queda en cuestión tras los actos del propio Sánchez mientras fue Secretario General. En su campaña hace mucho hincapié en que el PSOE que el dirija si gana las primarias sea de izquierdas, que no tenga injerencias externas y que sea autónomo, en una clara referencia a la abstención del Grupo Socialista en la investidura de Rajoy o a las presiones que supuestamente recibió el partido para provocar su dimisión en el mes de octubre. En referencia al carácter ideológico que pretende Sánchez habría que recordarle que fue él quien primero pactó con la derecha cuando fue incapaz o no quiso llegar a un acuerdo de gobierno con Podemos e Izquierda Unida y se refugió en los brazos siempre abiertos de Albert Rivera. También se hace referencia que los liderazgos del partido sean compartidos cuando su mandato se caracterizó, precisamente, por lo contrario, por el culto a la personalidad, por el totalitarismo en sus decisiones o por las purgas a militantes y dirigentes que no siguieron los dictados de Ferraz o que ganaron procesos de primarias ante los candidatos propuestos por él. Él mismo afirmó que su intención era que el PSOE tuviera sólo una voz, la del Secretario General. En lo referente a la cuestión territorial Sánchez apuesta por el federalismo, pero sin penetrar en el meollo de la cuestión ni explicar qué modelo de Estado Federal aplicaría él. El documento está lleno de propuestas interesantes pero que, al igual que todo su mandato, se quedan en un titular sin profundización. Hablan de educación, de feminismo, de igualdad, de ecología, de empleo, de derogación de la reforma laboral, por citar algunos aspectos, pero no explica el cómo llevar a efecto sus propuestas. Por eso es un proyecto vacío, un proyecto inválido. Mucho titular rimbombante, pero sin pedagogía alguna lo que le hace rozar peligrosamente el populismo. Respecto al modelo para el PSOE, Sánchez dice que lo devolverá a los militantes, pero…, ¿no fue durante su mandato cuando se afirmó que «el voto de los militantes no sirve para nada»? ¿Cuántas veces se consultó a la militancia durante su mandato?

Pedro Sánchez se presenta ante los militantes como mártir del aparato, como la víctima de los dirigentes de querer seguir controlando el partido por encima de la militancia. Todo relato en el que el protagonista es víctima de todo lo malo que le puede pasar a una persona, también encierra una épica. Sánchez se presenta como el militante que llegó a ser Secretario General que se vio obligado a dimitir por defender sus principios y su ideología. Se le olvida decir que lo que estaba haciendo era defenderse a sí mismo. La épica se encuentra en la creencia que muchos pedristas tienen de que Sánchez está encabezando una revolución, de que es el nuevo Lepolemo que lucha contra todo y que al final saldrá victorioso a pesar de todas las dificultades y de no tener más herramientas que sus principios. El fallo de ese relato épico es que ya se conoce cómo actúa.

Patxi López se presenta ante los militantes como la tercera vía, como el pacificador ante la bipolarización de la militancia en favor de Susana Díaz o de Pedro Sánchez. La historia nos ha mostrado que en el socialismo las terceras vías no sirven más que para empeorar las cosas y en un momento en que el PSOE necesita una refundación la posición del ex Lehendakari no es la más adecuada. El lema de su campaña «Con Patxi ganamos tod@s» es una declaración de intenciones. Sin embargo, ese mensaje de unidad no cala en un partido que está totalmente fracturado, que no sabe qué camino seguir y que no ha sabido, en el tiempo de barbecho desde la dimisión de Sánchez hasta el Congreso, encontrar las fórmulas necesarias para volver a ofrecer a los ciudadanos lo que están pidiendo de un partido que se llama socialista.

Uno de los grandes errores de la candidatura de Patxi López es intentar vender unidad en un partido que está totalmente dividido tanto a nivel dirigente como a nivel militante. En un estado de guerra la entrada de un pacificador no puede tener más consecuencia que la insustancialidad del mensaje que se quiere transmitir por querer contentar a todo el mundo. La intención es buena, no cabe duda, pero en el PSOE ya nadie caminará junto, ni siquiera se podrá escenificar una imagen de unidad tras el Congreso, como ya ha ocurrido en anteriores ocasiones. En el discurso de López se repite constantemente la palabra «unidad», una palabra hueca en la situación actual del PSOE porque más que una aspiración se trata de una utopía.

El ex Lehendakari se presenta con un proyecto en el que intenta poner de manifiesto que hay que volver al socialismo y enmarcando su candidatura en una izquierda exigente. Sin embargo, le ocurre lo mismo que a Sánchez, propuestas que se quedan en el titular sin explicar más allá ni medir la importancia que tendrá lo propuesto en la vida de los ciudadanos. Su proyecto se detalla en el documento «+ de 100 razones para unir al PSOE». En este documento López propone que se hagan consultas directas a la militancia si lo propone el Comité Federal o el 20% de las bases y que dichas consultas queden regladas tras el Congreso Federal. El gran error y la discordancia del proyecto es la apuesta por la «búsqueda de la centralidad» porque, según Patxi López, es donde se encuentran las mayorías. Este planteamiento es contrario a la vuelta al socialismo.

Finalmente, Susana Díaz se presenta a estas primarias con la intención de recuperar el PSOE que ganaba elecciones. Su planteamiento no es otro que recuperar las esencias del pasado como aval ante los ciudadanos para conseguir victorias electorales. En política mirar hacia atrás nunca es saludable, y mucho menos cuando estamos viendo cómo los partidos socialdemócratas son abandonados por la ciudadanía porque las soluciones que años atrás eran beneficiosas para el pueblo ahora son inválidas. Referirse como hace Díaz al legado de Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero como punto de referencia para crear un PSOE fuerte y que no dependa de nadie para gobernar es, además de un error de cálculo, inasumible para una sociedad que busca otras cosas, para una sociedad que nada tiene que ver con la que gobernaron González y ZP.

Por otro lado, Díaz está recogiendo el fruto de sus errores. En primer lugar, porque fue quien alimentó a Sánchez con su apoyo en las primarias de 2.014. En segundo lugar, por no tomar la iniciativa tras los fracasos de aquél en el momento en que la tuvo que tomar, es decir, tras el bochornoso resultado de diciembre de 2.015.

No sabemos nada en concreto sobre el proyecto de Susana Díaz porque es la única candidata que no ha presentado un documento por lo que no nos es posible analizar el Partido Socialista que quiere la presidenta de la Junta de Andalucía. El lema de su campaña es «100% PSOE», una clara referencia al pasado del partido y a su ADN socialista. Ella y sus seguidores repiten que lo que quieren es un PSOE ganador, un PSOE que vuelva a gobernar pero, ¿con quién? La situación política actual nos hace ver que para gobernar hay que pactar y el aliado natural socialista debería ser Podemos. Sin embargo, esa puerta parece cerrada con Díaz. ¿Se apuesta por una Gran Coalición o por pactar con la franquicia española del Tea Party? Si no se pacta con Podemos, sólo hay esas dos opciones (porque hablar de mayorías absolutas es una utopía) por lo que se da a entender que la candidatura de Susana Díaz busca un modelo socio-liberal de centroizquierda obviando que nos encontramos en un momento en que si la izquierda quiere sobrevivir hay que buscar modelos de frente popular. Por tanto, ganar no es suficiente, hay que saber pactar con los aliados naturales y eso, con Díaz, es imposible.

En conclusión, nos encontramos con un PSOE enfrentado, fraccionado, fracturado y dividido y con tres candidatos que no saben (o no quieren) ofrecer soluciones reales a los problemas de los ciudadanos porque, aunque se trate de un tema interno, todo lo que ocurre en el Partido Socialista siempre tiene una transcendencia hacia el ámbito nacional. Tanto Susana Díaz, como Pedro Sánchez, como Patxi López caen en los mismos errores que han llevado a la socialdemocracia a la irrelevancia. Si esto es lo mejor que puede ofrecer el PSOE…

1 Comentario

  1. Si hay proyecto el de pedro. el resto no son mas que representantes del aparato. pedro es el único que puede salvar al psoe porque es el único que tiene un proyecto que da lo que los ciudadanos quieren. pedro sanchez es el salvador del partido socialista y yo votare a pedro

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