Estamos ante una de las elecciones más competidas de los últimos tiempos y con mayor volatilidad a la hora de decidir a qué partido votar. En el espectro izquierdo parece que la victoria está decantada, aunque casi un 28% de los votantes de izquierdas no tienen claro (o no quieren confirmarlo, que es otra posibilidad) y están a la espera de la campaña y las propuestas para terminar de conformar su decisión. Otra cuestión a tener en cuenta es que una campaña electoral puede, si se dan una serie de condicionantes, cambiar hasta un 5% del voto. Por tanto Unidas Podemos aún puede recuperar la fuerza de hogaño y no quedar en la última posición a nivel estatal.

Desde el retorno de Pablo Iglesias, Unidas Podemos parecen haber recuperado el tono de rebeldía, de mala leche, de denuncia de las verdaderas estructuras de poder, de lucha por el respeto a los derechos constituidos y contra ese establishment que le ha perseguido desde las cloacas estatales y mediáticas. En realidad es el último bastión de rebeldía que le queda al pueblo español para no estar subyugado por el poder económico y clasista de toda la vida. El rebelde en el momento en que asume su rebeldía se libera de la esclavitud que le sume y en Unidas Podemos está ese último rescoldo de rebeldía antes de caer en la derrota total.

La buena pareja que hace Iglesias con Alberto Garzón, más el coraje de Irene Montero, Eva García Sempere, Yolanda Díez o Ione Belarra, son el mejor reclamo que puede tener la coalición. Además con un reparto de papeles sumamente lógico, Pablo más en temas de cierta trascendencia humana y Alberto más centrado en la lucha de clases. Las últimas subidas en los trackings y encuestas electorales confirman que el camino es obvio, sólo hace falta convencer a la muchedumbre de izquierdas de que no se deben quedar en casa. Que las traiciones de ciertos sectores (errejonismo) es algo coyuntural, pero que la fuerza, la rebeldía y la mala leche contra los poderosos siguen estando en la formación morada. Puede que buena parte del voto oculto de la izquierda sea de Unidas Podemos, así lo hemos supuesto hace poco, pero la acción de la campaña debe orientarse a evitar la abstención de las personas de izquierdas.

El llenazo de Málaga no debe confundir las cabezas de la dirigencia, y sabiendo que en los sitios donde hubo confluencias, salvo Cataluña, hoy ya no las hay, el voto rebelde es el de Unidas Podemos. No va a dar para ganar, de eso hay que ser consciente, pero la coalición debe ser clara al defender que el espacio de la izquierda no puede quedar sólo en manos de un Sánchez que está deseando pactar con Ciudadanos como cuadren los escaños. Que sin la rebeldía de Unidas Podemos lo social queda en manos de los empresarios de turno, del capitalismo de amiguetes. Que sin un buen número de diputadas y diputados que acompañen a Iglesias y Garzón no habrá pacto por la izquierda.

La verdad que con un debate donde el trifachito se despellejará y el PSOE hará de partido gubernamental, Iglesias puede volcar a una gran parte de esos indecisos que hace dos años y medio se agolpaban en las urnas para introducir un voto morado. El voto útil no es situar, deben dejar claro, al partido socialdemócrata como primera fuerza y muy mayoritaria, sino a los defensores de los derechos de todos a los que suelen callar la voz, sea con la ley mordaza (que el PSOE se resiste a quitar), sea con la ley laboral. El voto útil de la izquierda es que haya un gobierno que mire hacia esa dirección y eso sólo se conseguirá si Unidas Podemos es una fuerza suficientemente fuerte en el Parlamento. Esta es su misión, además de seguir denunciando a los poderosos y sus tejemanejes, habrá que esperar a ver si lo consiguen.

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