Abierta la puerta al fascismo por parte de los partidos que se autocatalogan como constitucionalistas, lo que supone un potente componente de legitimación, Vox ha salido con todo en esta campaña electoral. No sólo son las mentiras de las cifras, que ellos bien saben que son falsas (no crean que son estúpidos); no sólo la chulería y altivez con la que indican a los grupos que señalan para incitar el odio contra ellos, como ocurre con los menores extranjeros sin familia; no sólo esa pestilencia a tiempos pasados que destilan; sino que ahora, bajo la protección de PP y Ciudadanos, se lanzan a pedir el regreso a la esclavitud y la democracia orgánica. O lo que es lo mismo, la eliminación del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) y los partidos políticos que, en principio, atentan contra la democracia de España. Y decimos en principio porque ya han dado pasos para criminalizar a comunistas y socialistas bajo el marco del marxismo.

Dado que se creen seguros por, como dijo el otro día Pedro Sánchez, la pusilanimidad de las otras dos derechas, su candidato en Málaga ha puesto al descubierto sus verdaderas intenciones para la clase trabajadora española, dejarla sin SMI para favorecer a los empresarios, así lo ha dicho Rubén Manso. Más que favorecer es someter a esclavitud (la explotación va de suyo en el mismo momento de la forma asalariada) a millones de personas en España que o bien trabajan por lo que quieran ofrecer, o bien pasan a la miseria absoluta. Y decimos absoluta porque si ya tenemos la tercera clase trabajadora más empobrecida de la Unión Europea, pasaríamos a algo mucho peor. No son ingenuos y saben que tienen el favor de la clase dominante, la cual siempre ha recurrido al fascio cuando ha tenido problemas de orden global (mírense los años 1930s del siglo pasado). Dejar sin SMI a los españoles, que comerían mucha bandera porque otra cosa no, supone situar a España como país periférico para que los demás países de la Unión Europea, más Estados Unidos of course, tengan un ejército trabajador de reserva frente a sus propias clases trabajadoras. Nada nuevo bajo el sol en el pensamiento de este tipo de partidos.

Curiosa la forma de actuar de ciertos candidatos como se vio el otro día respecto a Santiago Abascal en el debate televisivo. Sánchez y Pablo Iglesias defendieron cuestiones democráticas mientras Pablo Casado y Albert Rivera callaban cobardemente porque dependen de los fascistas para gobernar en Madrid y Andalucía, sus últimos bastiones de colocación de cuadros del partido. Ahora callan también respecto a la eliminación del SMI porque, en el fondo, desearían lo mismo pero son tan melindres que no se atreven a decirlo. Son hijos de la misma madre (la clase dominante) pero de distintos padres (PP padre franquista constructor y Ciudadanos padre financiero) y por ello actúan de la misma forma en cuestiones económicas y casi en las mismas en temas políticos como se ha podido comprobar en la Asamblea de Madrid donde el trifachito (término que molesta mucho a las derechas por cierto) ha aprobado una petición al Gobierno de España para ilegalice “inmediatamente” (ya sabemos que los fascistas son muy de imponer las cosas) a los partidos que atenten contra la democracia (unidad en el fondo) de España. Isabel Díaz Ayuso e Ignacio Aguado, tras hacer el paripé un rato, han apoyado la moción. Eso sí, todos muy agarrados a una bandera de España mientras tienen la sanidad hecha unos zorros y con los amigos y amigas colocadas en chiringuitos (algo que callan en Vox recíprocamente).

Si usted está contaminado por el discurso españolista que se viene escuchando los últimos días, pensará que es normal que se ilegalice a las huestes del cobarde Puigdemont o a Esquerra Republicana de Catalunya. El problema no es ilegalizar a estos partidos, que sí sería un problema, sino que los fascistas, con el apoyo de PP y Ciudadanos, ya han citado a PNV o Compromís como siguientes en la lista de excluidos. Y al dejar tan abierto eso de atentar contra la demcoracia de España pueden caber todos aquellos que reconozcan que el Estado español es plurinacional (¿vieron el otro día a Casado intentar que Sánchez cayese en esta trampa saducea?) o los que quieran cambiar la constitución, o establecer una democracia socialista. Y como las gentes normales entienden que Canarias, Galicia, Aragón o Andalucía, entre otras más conocidas, se han declarado naciones pues ya se tiene el camino abierto para señalar a quienes deben ser eliminados de la vida política y social. Esto no es nuevo y ya se ha visto en otros tiempos, donde se perseguía a las personas por su ideología, su raza, su preferencia sexual o su religión. Y no piensen que era cosa sólo de fascistas pues liberales racistas y supremacistas (entendiéndose en su contexto histórico) los hubo en gran cantidad. ¿De dónde creen que cogieron los fascistas sus ideas?

Hoy son el PNV y Compromís, mañana serán Unidas Podemos (por comunistas) o el PSOE (por marxistas, aunque éstos no sean mayoría en el seno del socialismo español) y quienes no se plieguen a los baremos que ellos determinen (miren el tuit anterior y su frase “El PSOE es un partido que da miedo”). Y decimos ellos porque su postura es patriarcal e instrumental respecto a la mujer. No quieren autonomías, no por el gasto, sino por la descentralización del poder del Estado, la cual permite ciertos intersticios por los cuales los partidos de izquierdas pueden aplicar políticas sociales y tan de clase como las que quieren los partidos de las derechas. Porque todo lo que ocultan con la bandera, con el nacionalismo y con sus bravuconadas no es más que permitir a la clase dominante tener un aparato estatal para su uso y disfrute. Un Estado mínimo que se encargue de proteger los derechos naturales, que suelen decir, y que no son más que los derechos de propiedad y explotación de la clase dominante. Por tanto un Estado simplemente policía para que la clase trabajadora se vea obligada a la esclavitud de aceptar cualquier salario, sin prestaciones por desempleo (que Vox ha propuesto), sin sanidad pública (ya vemos como dónde gobierna el PP se desmantela a pasos agigantados, costando más paradójicamente), donde solamente unos tienen libertad realmente. Alienada la población por las cosas que pueden comprar, a eso llaman libertad aunque no deja de ser fetichismo, la libertad sólo la desean para unos pocos. La clase media, ese constructo liberal para acabar con la clase trabajadora realmente, está siendo pauperizada y más que lo estará por esa pérdida del salario mínimo.

En realidad desearían (miren el tuit de Iván Espinosa de los Monteros) una democracia orgánica basada en la familia (tradicional habría que decir porque los demás tipos de familias no se consideran más que como aberraciones en su mente), en la empresa (los empresarios, por tanto la clase dominante, aunque se presenten fraternos con los trabajadores como en el tuit), en los moralistas (la iglesia) y en los movimientos de los verdaderos patriotas (el partido-movimiento casi unipersonal que los populismos han traído a derecha e izquierda). Tanto Casado como Abascal desearían eso pero no lo dicen abiertamente, sí en pequeños círculos, por no perder la defensa de la constitución. Ese constructo político al que se le dota de poderes carismáticos, por tanto religiosos e intocables. Van poco a poco, en resumidas cuentas, bajo la protección de la ideología dominante socavando todos los pilares del Estado social construido en base a la lucha de clases. De hecho, los postulados de Vox son claramente plantear la lucha de clases en favor de la clase dominante, aunque disfrazado con chaleco rural y apelaciones a una historia que jamás existió y una nación completamente moderna (hasta el siglo XIX España no se constituyó en nación, que no les engañen). Los fascistas sólo tienen capacidad de movilizar recurriendo a emotividades porque si planteasen las cosas tal como son no les votaba ni su padre. Así que envueltos en un nacionalismo reaccionario, alentado profusamente por los medios de comunicación (esa Ana Rosa Quintana que cuela todas las tradiciones chabacanas durante 200 días al año, por ejemplo), lo que vienen haciendo es acabar con los derechos sociales arrancados con su lucha por la clase trabajadora. La soberanía que piden defender los fascistas y sus colaboradores de la derecha hace tiempo que se entregó al poder del dinero, que hoy como ayer no tiene patria (sólo hay que ver como todos los nacionalistas de todo tipo tienen el dinero en Suiza o paraísos fiscales), aunque sí tienen Estados para proteger ese dinero. Y naciones para despistar ese poder.

Resumiendo para finalizar, Vox propone quitar el Salario Mínimo Interprofesional, acabar con los partidos que le son molestos, privatizar la sanidad y las pensiones, quitar la prestación por desempleo y no dicen pegar latigazos a los y las trabajadoras porque sería demasiado evidente su mentalidad. Hablan mucho de los gulags de los demás, pero ellos quieren meternos en uno que parezca hasta democrático. Una dictadura de clase más profunda que la hoy en día se vive en la mayoría de países. Utilizar la bandera y la criminalización de los extranjeros para acabar sometiendo realmente a la clase trabajadora española a los designios de la clase dominante, con los fascistas y sus aliados (para que parezca democrático y todo) en el gobierno. Todo eso es lo que se esconde tras esas propuestas y acciones que parecen muy lógicas porque ya nos vienen inoculando la ideología dominante en los medios de comunicación. Usted no es racista, a usted le hacen racista. Usted no es nacionalista, a usted le hacen nacionalista. Pero lo que es obvio es que usted sí es clase trabajadora, incluso siendo autónomo para malvivir o pequeño empresario subsidiario de grandes corporaciones estatales o internacionales. Y es a usted a por quién van todas las medidas de los fascistas y sus cobardes amigos. Aunque le vienen convenciendo de otra realidad y es ahí donde los fascistas aprovechan para llevarle a su causa. De momento le tendrán contento en su pauperización.

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