Viendo cómo está dividido el capital del Santander podemos entender mejor por qué se realizó con tanta eficacia la operación bajista que llevó a la entidad cántabra a comprar por un euro al Banco Popular.

Por mucho que puedan pensar que el Santander pertenece a la familia Botín no es así ya que ésta sólo controla un 0,7% del capital del banco. Los máximos accionistas y quienes lo controlan realmente son bancos custodios y los grandes fondos de inversión que tienen su sede en Wall Street (y algunos en Washington) y que, en realidad, son los que manejan a su antojo la economía y las grandes empresas del mundo.

En medio de toda esta amalgama de intereses de las grandes corporaciones mundiales nos encontramos en cómo actuaron contra el Banco Popular con la complicidad necesaria de Luis de Guindos, Antonio Carrascosa y el eficaz trabajo para el Santander de Emilio Saracho. El Popular garantizaba a estas grandes corporaciones, que manejan activos presuntamente provenientes de negocios que van en contra de la moral, de los derechos humanos o de la salud de las personas, una rentabilidad rápida ya que el banco, aunque tuviera un problema de liquidez provocada por las consecuencias de la operación de De Guindos, Saracho, Carrascosa/König, disponía de una serie de activos que, una vez en manos del Santander, generaría unos beneficios a muy corto plazo además de garantizarles un mayor control sobre la economía española. Por otro lado, tenían la garantía de que ninguna de las autoridades gubernamentales españolas iba a intervenir, lo que les daba impunidad para operar en el mercado para devastar la acción del Popular y, por otro lado, de aumentar su participación en el Santander.

La situación crítica del Santander y la pérdida de beneficios por las consecuencias del Brexit y de la desaceleración de la economía latinoamericana estaba provocando que tanto los bancos custodios como las grandes empresas de gestión de activos perdieran mucho dinero, cosa que Wall Street no podía permitir. Había que hacer algo, y lo hicieron, sin piedad alguna. Incluso se podría indicar que la propia Ana Patricia Botín pudiera plantear una solución justa, ética y digna para los 300.000 accionistas que lo han perdido todo, una solución mucho más digna que los bochornosos bonos de fidelización que pondrán en circulación en el mes de septiembre y que no tiene otro fin que dividir a las víctimas y garantizarse un blindaje judicial con una limosna que sólo quiere aprovecharse de la necesidad de muchos de esos pequeños accionistas que lo han perdido todo. Sin embargo, el control que tienen los bancos custodios, los grandes fondos de inversión o las empresas de gestión de activos no tendrán piedad. Al fin y al cabo, esos pequeños accionistas no son más que peones de los que se puede prescindir porque los intereses de Wall Street son superiores a las más de 300.000 necesidades de quien se ha quedado sin nada para favorecer la avaricia de quien ya lo tiene todo pero que no está satisfecho.

Desde hace años los socios mayoritarios del Santander son State Street Bank, Chase Nominees, Guaranty Nominees, Clearstream Banking, EC Nominees o BNY Mellon, por citar algunos. Entre estas entidades controlan más de un tercio del banco. Sin embargo, en la CNMV no existen registros de quiénes son los accionistas que controlan estas entidades. No hay obligación de ello, lo que deja una situación de total opacidad a la hora de controlar quién está detrás de ese dinero. Puede ser cualquiera. Son bancos custodios.

Por otro lado, están los bancos de inversión y las grandes empresas de gestión de activos como BlackRock que, ¿curiosamente?, controla ya más del 6% del Santander. Antes de la intervención, el mayor gestor de activos del mundo poseía un 4% del Banco Popular y era su tercer máximo accionista por detrás de la Sindicatura y de Antonio del Valle. La operación bajista estaba en pleno auge y BlackRock actuó una semana antes de la intervención del Banco Popular que terminó con la compra por parte del Santander. En concreto, vendió 98 millones de títulos entre el 30 y el 31 de mayo dejando su participación en el Popular del 4% al 1,7%.

BlackRock, al igual de Crédit Mutuel, Allianz u otros inversores institucionales, abandonaron el Popular justo antes de su intervención, seguramente porque, presuntamente, podrían haber comenzado a manejar información privilegiada proveniente de los instigadores de la operación y, por supuesto, en el caso de BlackRock con intereses cruzados puesto que la compra del Popular, aunque perdiera una parte del valor de su inversión por la operación bajista y los movimientos a corto que estaban descapitalizando el valor bursátil de la sexta entidad financiera del país, iba a ganar mucho más si el proyecto encabezado por Emilio Saracho, Luis de Guindos y el Santander tenía el éxito que tuvo.

¿Quién es BlackRock? Como ya hemos indicado anteriormente, se trata de la mayor gestora de activos del mundo, con un volumen de negocio que se calcula en más de 8 billones de dólares anuales. Su presencia en el mercado empresarial español es muy importante, puesto que no sólo tenía un 4% del Popular, sino que, además del 6% que ya controla del Santander y que le convierte en el mayor accionista, dispone del 5% del BBVA, del 4% del Sabadell o del 1% de CaixaBank. Una empresa de este tipo, con el volumen de beneficios que tiene, es muy probable que en el año 2019 se haga también con un importante paquete de acciones de Bankia, incluso que se convierta en el mayor accionista. Por tanto, BlackRock, puede controlar a su antojo a los grandes bancos españoles y, en un momento determinado, provocar la caída de alguno de ellos, Santander incluido, para beneficiar a sus clientes o para aumentar su participación en la entidad compradora, sea española o extranjera.

El control de BlackRock sobre la economía española es absoluto. En una comunicación a la Comisión Nacional del Mercado de Valores informó que tenía en su cartera una participación del 2,1% del IBEX35. Esto, junto con las inversiones de los bancos custodios, hace que estas grandes empresas de Wall Street estén controlando más de 75.000 millones de euros de nuestras principales corporaciones, una cantidad que es movida dentro de los mercados en base a los intereses de sus clientes.

Lo más alarmante es la opacidad con que operan estas grandes corporaciones ya que nadie conoce quiénes son sus clientes. Los bancos custodios, además, están en la órbita de las operaciones anti blanqueo y de evasión de capitales de las instituciones policiales internacionales. La opacidad que ofrecen como valor añadido a sus clientes es aprovechada en muchos casos como un modo de lavar dividendos comprados con dinero poco claro. Como no están domiciliados en nuestro país los beneficios logrados por las operaciones del mercado no están obligadas a tributar en España. Un ejemplo de ello lo tenemos en el banco Clearstream Banking que estuvo envuelto en escándalos de corrupción y de blanqueo de capitales como, por ejemplo, las conexiones del Banco Ambrosiano con la mafia y el Vaticano, o, por ejemplo, con presuntos sobornos cobrados por altos cargos del gobierno de Nicolás Sarkozy. En Estados Unidos se detectó que esta entidad ocultaba fondos iraníes destinados a la financiación del terrorismo. Clearstream maneja un 3% de las acciones del Santander.

Por otro lado, tanto bancos custodios como empresas de gestión de activos suelen estar inmersos en operaciones que rozan la ilegalidad, tal y como le ocurrió a la propia BlackStone, el fondo con quien el Santander ha cerrado la venta del 51% de la cartera inmobiliaria del Popular, con su fondo buitre Fidere en la compra de viviendas sociales de la Comunidad de Madrid durante el gobierno de Ignacio González.

Los propios bancos custodios que, en teoría, no pueden operar con los valores de sus oscuros clientes, pero lo hacen a través de bancos de inversión o de empresas de gestión de activos que, o pertenecen a sus grupos bancarios o son las empresas matrices, tal y como ocurre con Chase Nominee, uno de los principales accionistas del Santander, que pertenece a JP Morgan. En la operación bajista del Popular uno de los fondos que más posiciones cortas realizó fue Marshall Wace que, casualmente, también pertenece a JP Morgan.

Las 300.000 víctimas del capitalismo salvaje de Wall Street no encontrarán soluciones dignas porque los intereses de esos gigantes de Nueva York están muy por encima de los de quienes les fue arrebatado por aumentar la rentabilidad de un banco que estaba al borde del rescate y que, por tanto, su caída provocaría grandes pérdidas a los clientes oscuros de los bancos custodios, de los grandes fondos o de empresas de gestión de activos como BlackRock y nada de eso se podía permitir porque ni las autoridades europeas y españoles podían dejar que el Santander cayera, ni Wall Street podría asumir las pérdidas que sus grandes bancos custodios, sus grandes fondos o sus grandes empresas de gestión de activos tendrían que asumir. Siempre es mejor que las pérdidas vengan a través de “daños colaterales” que de quienes ya manejan la economía y la geopolítica mundial.

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