María Isabel Arribas, madre de un hijo con una discapacidad del 97%, ha solicitado a través de la plataforma Change.org al Ministerio de empleo que los padres de hijos con gran discapacidad «que hayamos cotizado al menos 25 años y que a la vez hayamos sido cuidadores de hijos con gran discapacidad durante más de 15 años seguidos, podamos jubilarnos a los 60 y con el 100% de nuestra pensión, al igual que se aplica esos coeficientes reductores a los mineros, los toreros, los bomberos o los funcionarios». La petición no sólo se aplicaría a los progenitores sino también a los tutores que durante más de 15 años hayan asumido el cuidado de la persona discapacitada.

Según explica en su petición su hijo Julio tiene 16 años, pero con un desarrollo cerebral equiparable al de un niño de 3 meses. «No mastica, no habla, apenas puede caminar, se tropieza, no tiene sensación de peligro y padece una epilepsia fruto de su síndrome stxbp1. Es una enfermedad tan rara que no se la diagnosticaron hasta que no cumplió los 14 años».

Una persona como el hijo de Mabel requiere unos cuidados y una atención exclusiva de 7 días a la semana las 24 horas del día. El paso de los años, además, hace que el desarrollo físico provoque que los cuidados se hagan más duros porque, a medida que la persona va creciendo, la edad pasa factura a los progenitores y, cosas que son fundamentales para llevar una vida digna, como, por ejemplo, cambiar los pañales o la higiene personal se haga mucho más difícil. Como bien dice Mabel «hay algo que me preocupa: cuando Julio sea adulto nosotros estaremos muy mayores como para cuidarle. Si nosotros enfermamos, ¿qué va a ser de él? Por el bien de su salud, deberíamos cuidar la nuestra». Esta es una preocupación común entre las personas con personas dependientes a cargo, el futuro de sus hijos o de sus familiares. ¿Qué será de ellos cuando quien les cuida no estén o no puedan hacer frente a esos cuidados?

Esta es la razón por la que Mabel haya hecho esta petición porque, además, económicamente es factible porque son pocas personas las que compatibilizan el cuidado de grandes dependientes. Lo normal es que sean las mujeres las que adopten el papel ancestral de cuidadoras y sean ellas las que abandonen sus empleos.

A la hora en que se escribían estas líneas ya había recogido 96.000 firmas de las 150.000 que hacen falta.

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