En ocasiones sólo hace falta leer entre líneas para reconocer que ese texto lleva un aroma especial, que se está refiriendo a alguien, que se lanza esa puyita guardada y esto ocurre al leer la carta que ha mandado Alberto Garzón a la militancia de Izquierda Unida. Más abajo disponen del texto completo para que puedan analizar por ustedes mismos el contenido, pero desde luego la misiva militante tiene efluvios de Gaspar Llamazares. Tras la disputa, más por una parte que por la otra, entre el ex-dirigente y el nuevo mandatario debido a la argucia de Llamazares con Actúa, el dirigente comunista ha sacado la ironía para dejar bien claro lo que hizo su antecesor.

“Cuando fue elegida en la XI Asamblea en 2016, esta dirección heredó una deuda de diez millones de euros, cuya principal magnitud se generó entre 1995 y 2008. La actual dirección de IU ha acometido un importante esfuerzo de austeridad que hoy nos permite anunciar que hemos reducido dicha deuda un 18% en apenas dos años, lo que hace aún más valioso el esfuerzo político” expresa Garzón. Este tiro, que llega hasta Francisco Frutos que también ha lanzado alguna puya a la actual dirección y Cayo Lara, señala que la bancarrota que sufre la formación de izquierdas ha lastrado las posibilidades de acción que tanto reclaman algunos desde sus púlpitos mediáticos. Tener 10 millones de deuda cuando los ingresos derivados del Estado no cubren casi nada, no sólo impide, salvo por la voluntad de la militancia, realizar acciones políticas al modo en que son implementadas por otras formaciones, sino que es necesario otro tipo de alianzas para tratar de sobrevivir.

Esto es lo que critica Llamazares, que esas alianzas están terminando por fagocitar a IU dentro de Podemos. Eso sí, sin querer ver que la situación que habían dejado a la formación de izquierdas era tétrica. Que Garzón, Eva García Sempere, Ricardo Sixto, Yolanda Díaz o Vanessa Angustia estén hoy como representantes de IU (y sus diversas ramificaciones regionales) en las Cortes es gracias a ese acuerdo. Mucho mejor tener 8 diputados y dos senadores que sólo los dos de Llamazares. Ha intentado hacer de la necesidad virtud asumiendo, como ha contado en numerosas ocasiones que existe un peligro mediático de verse tapados por Podemos. Pero frente a eso la presencia de Garzón, Díaz, García Sempere o Esther López Barceló en los medios de comunicación es habitual, muy habitual. Casi tanta como la del propio Llamazares para hablar de su propio partido. Incluso en este mismo medio se han indicado las iniciativas propias de IU, que han tenido especial beligerancia en temas relacionados con el oscurantismo institucional.

Y la última puya: “Un proyecto colectivo de un valor político incalculable que siempre estará por encima de personalidades y de cualquier interés que no sea el de la clase trabajadora y los sectores populares”. Advierte Garzón que antes que las personas el sujeto histórico de cambio. Y antes que los intereses personalistas, aunque ha olvidado la odiosa manía del otro Garzón de estar en todas las salsas, los intereses de la clase trabajadora. Un esfuerzo de una nueva generación de personas comprometidas con la lucha de clases y que son conscientes de que pueden ser subsumidos en muchas ocasiones en la otra formación política. Pero algo así pasaba con Iniciativa per Catalunya y no se tiraba nadie de los pelos (de las barbas). El caso de Adelante Andalucía, que tampoco ha gustado, ha sido ejemplar en mantener las esencias de las dos principales organizaciones de la confluencia de izquierdas. Y, si se miran las estimaciones de Podemos a nivel estatal, no han salido tan mal parados. Hubo algún que otro fallo, pero IU no acabó más subsumida que Podemos, es más seguramente IU hizo más por apoyar Adelante Andalucía que la formación morada.

Para quienes tengan interés en conocer todo el texto, aquí se lo dejamos.

Estimada compañera, estimado compañero:

El año 2018 ha sido de gran importancia para nuestro país, pues han tenido lugar una serie de acontecimientos que han modificado bruscamente el escenario político. Si bien hace cuatro años los vientos soplaban hacia la izquierda, hoy parecen soplar hacia la derecha. Y, sin embargo, no hay nada escrito de antemano y el futuro depende de la capacidad de la izquierda social y política para tomar decisiones adecuadas. El examen del trabajo durante este año nos da razones para sentirnos muy orgullosos de nuestra organización y también para creer que hay motivos para ser optimistas.

En 2013 presentamos una querella contra el PP por los «papeles de Bárcenas» y, cinco años después, nuestro trabajo ha dado sus frutos: la Justicia nos dio la razón en mayo, definiendo al Partido Popular como una “organización criminal” apoyada en un “sistema de corrupción institucional”. La condena ha avalado el trabajo de nuestro equipo jurídico, el cual durante años ha canalizado la lucha de IU contra la corrupción, y ha confirmado nuestras sospechas de que el PP es una trama de corrupción que se presenta a las elecciones. No obstante, no podíamos imaginar que esta sentencia sería el detonante de una moción de censura que acabaría echando al PP del Gobierno.

Desde IU y desde nuestro espacio político de confluencia actuamos entonces con responsabilidad histórica y desde el compromiso con las clases populares: poniendo las propuestas programáticas por delante, fieles a lo mejor de nuestra tradición. Esto nos permitió, más adelante, conquistar un acuerdo presupuestario en el que –entre otras cosas– arrancamos una subida del Salario Mínimo Interprofesional a 900 euros; subida que entró en vigor el pasado 21 de diciembre. Así, nuestra incesante lucha social, jurídica e institucional ha permitido a las familias trabajadoras empezar a vislumbrar pequeños y humildes cambios que para muchas familias son, sin embargo, sencillamente revolucionarios. Si eso lo hemos conseguido con la fuerza y presencia actual, qué no podremos conseguir si somos capaces de ganarnos la confianza de mucha más gente.

Por eso este año también ha sido el de trabajar para mejorar nuestra organización, para hacerla más útil para la consecución de nuestros objetivos políticos. La Asamblea por un Nuevo Modelo Organizativo fue un hito importante en esta dirección: establecimos por primera vez en la historia de IU la obligatoriedad del sufragio universal para la elección de las responsabilidades orgánicas y las primarias para la elección de nuestros representantes institucionales. En definitiva, realizamos un trasvase de poder hacia la militancia: en vosotras y en vosotros radica la verdadera fuerza de Izquierda Unida.

No obstante, no quisiera pecar de ingenuidad o voluntarismo. Como se sabe, desde 2014 nuestra organización ha atravesado momentos difíciles que hemos conseguido superar tras mucho esfuerzo. Esto no ha sido designio divino, sino el resultado de un esfuerzo consciente por parte de toda la organización. Aún recuerdo que, cuando fui elegido candidato para las elecciones generales de diciembre de 2015, numerosas encuestas nos situaban por debajo del 3% e incluso del 2%, y el clima mediático nos había convertido en unos muertos prematuros. Algunos oportunistas saltaron del barco, y otros se escondieron. Pero fue nuestra militancia organizada la que consiguió dar la vuelta a esa situación y obtener, contra viento y marea, casi un millón de votos (sin contar Galicia y Cataluña), aunque se tradujeran injustamente en sólo dos escaños (cinco, si incluimos los que formaban parte de las dos confluencias). Aquel ejercicio de levantar la organización a pulso sólo fue posible gracias a un trabajo inmenso desde abajo. Tres años más tarde, desde nuestros cinco escaños en el Congreso (ocho, con las confluencias) y otros dos en el Senado, seguimos trabajando en todo el país para que nuestro programa se haga realidad en beneficio de las clases populares. No obstante, incluso desde antes de aquellos tiempos, arrastramos una ingente deuda que lastra nuestra capacidad de acción. Cuando fue elegida en la XI Asamblea en 2016, esta dirección heredó una deuda de diez millones de euros, cuya principal magnitud se generó entre 1995 y 2008. La actual dirección de IU ha acometido un importante esfuerzo de austeridad que hoy nos permite anunciar que hemos reducido dicha deuda un 18% en apenas dos años, lo que hace aún más valioso el esfuerzo político.

Y, mientras tanto, nunca hemos dejado de formar parte de todas las distintas luchas que impregnaron de dignidad a nuestro país. Podemos presumir de una militancia que ha estado presente en todos los conflictos y en todas las movilizaciones, curtida en mil y una batallas en defensa de los derechos democráticos de la clase trabajadora y los sectores populares. Conjugando la lucha en la sociedad civil y en las instituciones hemos conseguido algunas victorias importantes, como la alcanzada por nuestros compañeros y compañeras en el Ayuntamiento de Rivas frente a los abusos bancarios respecto al Impuesto de las Hipotecas.

Sin embargo, 2019 es un año que se presenta complejo, entre otras cosas por el avance de una derecha radicalizada que intenta superar la crisis actual en una dirección reaccionaria: acabando con todas las conquistas democráticas, muchas de ellas cuestionadas desde el inicio de la crisis. En este contexto, nos marcamos tres retos principales para el ciclo político-electoral de 2019:

  • Consolidar el bloque histórico de cambio y un espacio nítidamente de clase.
  • Fortalecer nuestra presencia institucional, consiguiendo que haya más y más militantes de IU en las instituciones defendiendo nuestro proyecto político.
  • Reforzar nuestra organización, incrementando la afiliación, mejorando los mecanismos participativos y haciendo sostenible las finanzas.

Estoy seguro de que cumpliremos estos objetivos porque nuestra organización está a la altura que exige un momento histórico como el actual. No es fácil, pero tenemos una brújula infalible: un proyecto colectivo de un valor político incalculable que siempre estará por encima de personalidades y de cualquier interés que no sea el de la clase trabajadora y los sectores populares.

Salud, República y feliz año.

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