Cuando el poder y el gobierno comienzan a vislumbrarse, a tocarse con la punta de los dedos, los dirigentes máximos de los partidos políticos suelen ampliar su catálogo de actos con visitas o giras internacionales. Algo que ya hiciera en su momento Felipe González y que tan buenos réditos le reportó en una imagen de hombre de gobierno (para un estudio de este juego simbólico hay un estudio bastante bueno aquí). Algo así debe pensar Albert Rivera quien ya ha anunciado por los cauces oficiales de Ciudadanos que viajará a primeros de mayo a Argentina y Chile. Justo a ver a los presidente, no ya que sean liberales, que Santos en Colombia lo es, por ejemplo, sino los que le ha recomendado (y alguna acción en ese sentido habrá hecho), José María Aznar.

Sí, porque es Aznar el gran preboste español (junto a González) para el liberalismo americano. Para el establishment del continente americano, da igual en el norte que en el sur. Hace cuatro días, el ex-presidente del Gobierno alababa a Mauricio Macri durante una visita que le realizó, justo después de ir M. Rajoy y debe ser para no juntarse. Allí afirmó: “El presidente Macri está devolviendo a Argentina el atractivo perdido tras años de populismo y aislamiento internacional. Hoy Argentina es un país más abierto y estable. Hoy Argentina vuelve a tener futuro”. ¿Les suena? Grábense estas palabras porque las repetirá Rivera.

No es sólo que sea amigo Aznar de Macri, ni que le haya acompañado en su campaña electoral, sino que es su gran valedor como enviado del establishment estadounidense de la zona para seguir con la explotación de los recursos primarios de América del Sur. O lo que es lo mismo, Aznar es la persona que ha movido fondos y voluntades empresariales para darle una gran cobertura a Macri y así poder ganar las elecciones presidenciales. Un intento más de los poderes fácticos neoliberales e imperiales para acabar con cualquier atisbo de izquierda autónoma en Sudamérica, como ya denunciamos en su momento. Son los famosos golpes blandos que los analistas de aquellas tierras vienen denunciando desde hace años.

Por tanto es normal que el enamoramiento de José María Aznar con Albert Rivera tenga como una de sus consecuencias que el discípulo naranja acuda a ver a sus hermanos mayores. Hay que darle pátina de hombre de Estado y nada mejor que utilizar a los amigos de quien trabaja para el establishment mundial (Aznar), para potenciar al representante nuevo del establishment hispánico. Por eso, la otra parada del dirigente naranja es Chile donde está otro gran amigo del ex-presidente del Gobierno, Sebastián Piñera.

El presidente chileno tiene una relación de años con Aznar y con todo lo que ello supone. Ha disfrutado, según cuentan, de muchos fondos de la NDE para ganar las dos elecciones a la izquierda chilena. Uno de los pasatiempos favoritos del neoliberalismo, otrora con Allende, hoy con Michelle Bachelet, para experimentar en el país todas las teorías económicas que luego intenta exportar al mundo los Chicago boys de ayer y hoy. En las dos campañas electorales se dejó ver Aznar y a las dos tomas de posesión acudió el ex-presidente español. En la última, llevada a cabo en marzo, ya dejó dicho que: “En su día dije que Piñera es el presidente que Chile necesita. Hoy me reafirmo. Estoy seguro que con su vuelta el país abre un nuevo ciclo más estable y más próspero, y se consolidará como una de las mejores democracias de América Latina”. Como sucedió con Macri, recuerden estas palabras porque el “niño mimado del establishment”, y por tanto de Aznar, las repetirá.

Cada vez son más los apoyos que muestra Aznar con el presidente de Ciudadanos. En esta ocasión ha sido la guía para la gira sudamericana con los dos amigos del ex-presidente. Porque Juan Manuel Santos no es bien visto por el gran compañero de andanzas y tropelías de Aznar, Álvaro Uribe, y se le considera un “traidor”. Y porque Lenin Moreno todavía no ha dado el paso necesario, aunque sí se ha rebelado contra quien le aupó hasta el puesto, el izquierdoso millonario de Rafael Correa. Por tanto, más claro agua. Rivera acudirá a donde le ha marcado Aznar, ni más, ni menos.

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