Como se puede ver en el vídeo, Donald Trump indicó a Pedro Sánchez que «se sentara» en su sitio. El presidente español sonrió e hizo caso al estadounidense. Ese gesto de soberbia es intolerable para un país digno como es España. Nadie, ni siquiera el señor Trump, puede obligar a sentarse al representante de todos los españoles. Quizá le faltó cintura a Pedro Sánchez, tal vez por su juventud, pero en ese momento debió haber realizado algún tipo de gesto y devolverle la indicación a Trump para que supiera de con quién estaba tratando. Lo que no puede hacerse en ningún caso es callarse y de eso los asesores de Sánchez tendrían que haberse percatado.

Por otro lado, la versión de Moncloa, según la cual todo venía de una conversación anterior cordial y en un tono de broma, no hace más que ahondar en lo humillante del gesto. Según esa interpretación, Trump le estaba indicando a Sánchez la suerte que tenía España de tener un buen sitio en el salón donde se ha celebrado la reunión del G20, y que por eso ha señalado el lugar. Según Moncloa, esa es la razón de que Sánchez se riera.

¿Suerte de tener un buen sitio? El señor Trump, que no conoce ni sabe lo que es la dignidad política y humana, no es nadie para indicar si un sitio es mejor que otro, sobre todo porque el hecho de que la mesa sea circular iguala a todos. No hay nadie mejor que nadie. ¿Es que España no merecía ese sitio? El peso de España en el ámbito internacional es importante y por esa razón está representada en el G20.

¿Qué hicieron los superasesores de Sánchez? ¿Por qué no le han indicado que esas cosas necesitan una respuesta, que no se puede quedar impertérrito ante un desafío o una humillación de este tipo?

Un advenedizo, un inculto de la política, que está apoyado por, entre otros, el Ku Klux Klan, no tiene ninguna legitimidad para mandar sentar al representante de un país tan democrático, cuanto menos, como Estados Unidos, porque no estaba ordenando a Sánchez, lo estaba haciendo a todo el pueblo español.

Trump podrá hacer callar u ordenar sentarse ante él a las dictaduras privadas, las europeas incluidas, pero no al pueblo. Podrá utilizar las nuevas tecnologías para ser mal utilizadas con objetivos espurios, pero nuestra red de progreso es la humana, la humanista. Trump no podrá saber nunca lo que es la igualdad en ninguna de sus expresiones.

La indignidad que arrastra Trump allá por donde va parece no tener límites porque nadie se le enfrenta. Sin embargo, hay hombres y mujeres que no le tienen miedo, que se enfrentan a él en el ámbito que haga falta. Tenemos el ejemplo de los deportistas, tanto masculinos como femeninos. La estrella de la NBA, Lebron James, afirmó que «ir a la Casa Blanca fue un gran honor hasta que apareciste tú», en referencia a Trump. En el mismo sentido habló la capitana de la selección de fútbol de los Estados Unidos, Megan Rapinoe, cuando afirmó que no iba a ir a la «puta Casa Blanca», una guerra que se inició cuando se unió al jugador de la NFL Colin Kaepernick y su iniciativa de arrodillarse en la interpretación del himno americano como forma de respetuosa protesta contra la injusticia y el racismo en EE.UU. Rapinoe afirmó en un artículo en The Players Tribune que ella no había  «experimentado la brutalidad policial, ni racismo, ni nada parecido a ver el cuerpo de un familiar muerto en la calle. Pero no puedo permanecer como si nada cuando hay gente en este país que tiene que lidiar con este tipo de cosas. No hay forma perfecta de protestar. Sé que nada de lo que haga aliviará el dolor de esas familias, pero siento que arrodillarme durante el himno nacional es la forma correcta de proceder y haré lo que sea para ser parte de la solución». Esta es la dignidad humana que le falta a un Donald Trump al que sólo le falta la capucha blanca.

Desde luego el presidente de los Unidos jamás podrá callar a conciencias libres ni podrá ordenar sentarse a hombres y mujeres libres.

Trump es un hombre temeroso, desconocedor de que la vida es un préstamo que nos hace la muerte. Yo ya pagué el préstamo no temiéndola pero él tiene el miedo a morir porque sabe que, en algún momento, tendrá que pagar.

Mi más profundo desprecio a esta soberbia y que sepa el señor Trump que a mí no me sentará jamás, ni a este medio, ni, por supuesto, al pueblo español.

 

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