En caso de producirse un Brexit duro, tal y como propone el Primer Ministro británico Boris Johnson, el Banco Santander será una de las grandes empresas españolas más afectadas. Esto se está demostrando en estos días de incertidumbre, ya que, en el último mes, la entidad cántabra ha perdido 2.204 millones de euros de valor bursátil en Londres.

Este fenómeno se produce, por un lado, por la pérdida del valor de la acción, que pasó de 340,35 libras el día 5 de agosto a 311,75 con que cerró la sesión del 2 de septiembre. Por otro lado, al cotizar en una divisa diferente al euro, el Santander se ha visto afectado por la devaluación de la moneda británica propiciada por la incertidumbre de que Johnson pudiera ejecutar un Brexit duro el 31 de octubre.

Según la información que se encuentra en la web del banco presidido por Ana Patricia Botín, el Santander tiene en la bolsa de Londres un total de 75.398.989 de títulos. Por tanto, el día 5 de agosto, el valor de la entidad cántabra era de 25.662 millones de libras. Ese día el cambio respecto al euro era de 0,9142, por lo que el valor en la moneda de la Eurozona era de 23.460,24 millones de euros.

Sin embargo, la sesión del 2 de septiembre cerró con un valor del Santander de 311,75, lo que daba un total de 23.505,63 millones de libras esterlinas. Ese día el cambio a euros de la divisa británica era de 0,9043. Por tanto, el valor bursátil del banco presidido por Ana Patricia Botín en la bolsa de Londres es de 21.256,14 millones de euros.

En consecuencia, la incertidumbre provocada por Boris Johnson en referencia a la implementación de un Brexit duro deja una víctima clara respecto a las empresas españolas: el Santander ha perdido en menos de un mes un total de 2.204 millones de euros.

La exposición del banco presidido por Ana Patricia Botín a los mercados exteriores provocó que el Fondo Monetario Internacional (FMI) catalogó al Santander como una entidad de alto riesgo. En un informe publicado en 2017 se afirmaba que la entidad cántabra tenía «más de la mitad de sus activos en el exterior y depende en gran medida de las ganancias de sus operaciones internacionales. La gran confianza en subsidiarias extranjeras en la generación de ganancias podría implicar vulnerabilidades significativas si las condiciones financieras en los países de acogida se deterioraran». El FMI lo dejó claro: la exposición a los movimientos económicos del extranjero hace que el Santander se convierta en un verdadero peligro para el sistema financiero mundial.

Estos riesgos se incrementan, además, por la exposición al comportamiento de las divisas de esos países en los que tiene presencia el Santander. En los resultados de 2017 ya pudimos comprobar cómo la entidad presidida por Ana Patricia Botín absorbió en su patrimonio un impacto negativo de más de 8.000 millones de euros —como se detallaba en la página 25 del Informe Anual de ese ejercicio—, por la evolución de las divisas en los países en los que opera.

Por tanto, el Brexit vuelve a ponerse sobre la mesa como una de las causas por las que el Santander realizara operaciones que intentaran paliar las posibles pérdidas que sufriría con la salida del Reino Unido de la Unión Europea, operaciones como la del Banco Popular o la que se está empezando a implementar en México.

Sin embargo, ¿aguantarán los grandes accionistas las pérdidas que está sufriendo el Santander, no sólo en Reino Unido sino también en España? ¿Permitirán que se continúe imponiendo la voluntad de la familia Botín, que apenas controla un 1% del banco, a la hora de frenar estrategias que beneficiarían a la entidad pero que podrían perjudicar a su presidenta como sucedió con el caso Orcel? Los accionistas, principalmente los minoritarios, los clientes y los empleados asisten con preocupación a la evolución del Santander y, sobre todo, por la aparente inactividad del Consejo de Administración frente a una situación que podría ser muy preocupante en un futuro, tal vez, no muy lejano. Un accionista minoritario ha declarado a Diario16 que «son muchos los que están preocupados por la evolución del valor de la acción. En la Junta General del mes de julio un accionista de 92 años le dijo a Ana Patricia Botín que si las cosas iban tan bien que por qué la acción estaba tan baja. Exactamente le dijo “Ana contéstame, si todo va tan bien por qué la accion está tan baja”, y arrancó el aplauso de todos los presentes. Los accionistas están muy preocupados».

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