Las tensiones diplomáticas entre los países de la Unión Europea, a causa de no tener una política efectiva para resolver el problema de las migraciones, con el enfrentamiento entre los socios, demuestran la fractura y la crisis política de la Europa de los Mercaderes, que hace aguas por todas partes: Brexit inconcluso, desgobierno en Italia, crisis política en Alemania, conflicto territorial catalán, desacuerdo ante las migraciones en Europa, desigualdad social creciente, etc.

Es una indecencia lo ocurrido entre el Gobierno de Italia y el resto de los estados, como Alemania, Francia, España… sobre todo la vergonzosa actitud de desprecio a los seres humanos en el “Caso Aquarius”, ante cuya acción humanitaria aplicada por Pedro Sánchez, como Presidente del PSOE, que salvó 629 vidas,   fue recibida por las derechas con críticas que rozaban el insulto, sobre todo por las declaraciones del Ministro del Interior de Italia Matteo Salvini, que sonaban a xenofobia,  racismo y fascismo.

El propio Gobierno de Merkel en Alemania, (coalición entre democratacristianos y socialdemócratas), ha entrado en crisis por la cuestión migratoria pero no como podría entenderse, por discrepancias de los partidos coaligados de  CDU (Unión Demócrata Cristiana) y SPD (Socialdemócrata), sino por las posiciones ultraderechistas del gobierno bávaro CSU (Unión Social Cristiana),  que por cierto,  también se apellidan “cristianos”, pero que olvidan eso de “amar a tu prójimo” y desprecian a los migrantes e incluso los odian.

Cualquier persona honrada queda estupefacta al preguntarse y tratar de entender qué clase de políticos son esos que se oponen a que se salve la vida en inminente peligro,  de seres que huyen de las guerras, el hambre, la miseria,  con la barbarie que eso significa, entre los que se encuentran, niños y mujeres incluso embarazadas, que son en realidad seres indefensos que huyen despavoridos porque le han destrozado la vida con las guerras y los saqueos de materias primas. De hecho eso representa una verdadera (in)cultura ancestral  de sacrificios humanos, para que las multinacionales continúen con su lógica del beneficio del capital, anteponiéndolo claramente a las vidas humanas.

El malestar engendrado por esta sociedad capitalista y la alienación que produce, son tales que la mayoría de la ciudadanía se encuentra  sumida en la desesperación y la indignación. Todo ser humano decente se pregunta por qué los ricos son tan ricos y los pobres son tan pobres, por qué unos comen todo los días y otros no pueden comer, unos tienen trabajo y otros están parados, unos tienen muchos hijos que no puede alimentar y otros tienen que utilizar sus riquezas para comprar vientres de alquiler o directamente utilizar el fenómeno del secuestro de niños y/o compraventa de órganos,  que es hoy una realidad muy preocupante para la población, incluso los centenares de niños robados a sus madres durante el franquismo y la transición,  cuestiones que están necesitando  clarificación y respuesta por parte del Estado para que los responsables no sigan gozando de impunidad.

Todas esas cuestiones, crean una psicosis entre la ciudadanía, de manera que se pierde la confianza en la política, en la convivencia, porque se generaliza la percepción de que tantos casos criminales quedan impunes y ningún responsable político de las altas esferas, ni de Europa ni de ningún otro país, haya sufrido las consecuencias de sus actividades criminales, de sus guerras mortíferas, de la explotación salvaje, sus saqueos coloniales y su trata de seres humanos, denigrando a las personas y tratándolas peor que si fuesen ganado, imponiendo por la fuerza una nueva esclavitud.  

La historia nos relata cómo el capitalismo enviaba los barcos “negreros” para robar a las personas de África que llevaban como mano de obra esclava al “Nuevo Mundo”. Ahora, los nuevos esclavos que el imperialismo ha creado, llegan ellos solos al “Viejo Mundo” y se les rechaza como a perros.  La clase dominante abusa perversamente de la ignorancia de las leyes económicas y sociales del pueblo, continuando con la utilización de las causas místicas, como hace cientos de años cuando los antepasados pensaban que las catástrofes naturales como la lluvia, la sequía, las plagas y demás adversidades eran castigo de los dioses.

Cuando el pueblo se rebelaba ante la  crisis de “escasez”, acudían ante el Chamán de la Tribu a pedir explicaciones de la falta de bienes de consumo y las catástrofes, al haber sido privados  incluso de comida durante un tiempo;  la respuesta era: “sois castigados por los dioses a causa de  vuestras malas acciones”, y les ordenaban rezar y pedir perdón.  Ahora las crisis son de “abundancia”  pero en vez de repartir los alimentos sobrantes, los acumulan y les ordenan a los pobres que sigan rogando a sus dioses para que les alimenten del “maná celestial”, como alguna ministra del ExGobierno Rajoy, que pedía a la Virgen del Rocío que le solucionara el paro y los ministros rezaban el canto del “Novio de la Muerte”.

Mientras que las hambrunas se extienden por toda África y demás países pobres, los cereales almacenados en silos de Europa, se pudren o se tiran al mar para que  sigan subiendo de precio en beneficio de las multinacionales de unos cientos de capitalistas, dedicados a la especulación salvaje de los alimentos. En la actualidad, los nuevos “chamanes del dólar y el euro” actúan de similar forma, como si fueran los dioses quienes invierten en las economías de los países ricos para especular y dejan a los países pobres extenuados y empobrecidos, por la “Gracia de esos dioses” como Trump, Merkel y los Sanedrines de la Troika, el FMI y el Banco Mundial.

Los capitalistas, siguiendo su lógica del lucro privado, anteponen el beneficio de la especulación y sus juegos de Bolsa a salvar vidas humanas, aplican su método de explotación del trabajo asalariado, el tráfico de armas, la trata de blanca, el narcotráfico, el saqueo y recortes de los servicios públicos, repitiendo descaradamente como aquel “PPatrón de PPatrones” que la única salida “es trabajar más y cobrar menos”, consigna aplicada por el saliente gobierno Rajoy, en beneficio de la clase a la que representaba y servía;   han creado el “precariado” que es esa posición del sacrificio de “trabajar por las comidas”, para aumentar el fajo de billetes del capitalista. De eso hasta el sacrificio de niños,  mujeres y hombres por el bien de esas mafias, solo hay un  paso y este sistema lleva caminando demasiado tiempo en esa dirección que es preciso ponerle freno.

Algunos son tan ricos que solo tienen dinero”, como dice el refrán, pero no recuerdan que hasta un animal acosado se vuelve más feroz y es a veces la propia desesperación lo que puede impulsar al ser humano a dañar a su prójimo, pero en ocasiones, la avaricia por ganar cada vez más dinero, ciega al capitalista y es el que daña, aterroriza y destruye a los pobres y a la clase trabajadora,  que solo quiere vivir con dignidad, aunque en ciertas ocasiones, ante tantas injusticias,  podrían suceder insurrecciones.

La sociedad capitalista, con su lógica del beneficio y la competencia, pone a los humanos a pelear unos con otros, para que hagan la guerra entre los pobres y ellos la contemplan desde sus despachos y se hacen cada vez más ricos. El sistema capitalista está enfermo y no crea trabajo, sino que lo destruye. Cuando buscas una oferta de trabajo y ves que hay miles de candidatos pujando por el mismo puesto,  comienzas a maldecir al sistema que provoca esas situaciones de competitividad enfermiza que te deja en el paro o te obliga a tomar un trabajo basura.

La competencia puede ser legítima e ilegítima. Y provoca a veces violencia legítima e ilegítima.  Es legítima cuando los pobres llegan a un tal extremo de riesgo de pobreza y de inanición que se ven forzados a luchar por la vida, maldiciendo a los que les niegan ese primordial Derecho Humano.  Pero no es el mismo fenómeno entre capitalistas y sus políticos que buscan posiciones de poderío y privilegios,  aplicando violencia bélica cuando se disputan por órdenes del gobierno mundial en la sombra la conquista de mercados, mediante el chantaje o la fuerza, o el dominio de territorios arrebatándoles las vidas a los autóctonos del país.

Esa violencia del modelo capitalista de esta sociedad, es la que impulsa a los seres humanos a luchar, unos contra otros, haciéndonos perder la compasión y la solidaridad. La pobreza, la desigualdad y la  escasez son tremendas, pero llegado el momento, los mecanismos de solidaridad de unos pueblos a favor de otros, superará la política de división aplicada por los grupos reaccionarios, racistas y xenófobos. Estos son la vanguardia de los sectores bonapartistas y neonazis,  que propagan la violencia y el exterminio del pobre, defendiendo la necesidad de “dejar hacer” “dejar pasar”, impuesta por el liberalismo,  para que se produzcan sacrificios humanos porque dicen que somos demasiada población y esas posiciones inhumanas están provocando miles y miles de migrantes muertos en el Mediterráneo que lo han convertido en la fosa común donde pierden la vida los pobres, mientras que los verdaderos enemigos viajan en JET privado y no en pateras.  

Las derechas han sido y  serán siempre incapaces de abordar el problema social y el territorial desde la raíz, buscando la paz. El sistema capitalista es el que genera en sí mismo la pobreza, el paro, la desigualdad, la precariedad, la ignorancia y  las supersticiones religiosas que luego degeneran en sectarias y terroristas, que se enfrentan al terrorismo de los Estados. Cada vez que los imperialistas den pasos hacia el fascismo, las masas lo darán buscando la revolución y esa es la dialéctica de la historia nos guste o no nos guste y la herencia a la que tendrá que enfrentarse el Socialismo, para dar  soluciones a los problemas sociales y a los conflictos territoriales.

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