Extraño. Todo es muy extraño. Como dijo ayer Alberto Garzón es curioso que ninguno de los principales dirigentes de los demás partidos políticos no hayan “dicho ni mu” respecto a las informaciones que señalan que el comisario Villarejo actuó contra Pablo Iglesias, utilizando un entramado institucional y periodístico para destruir su imagen y a Podemos. Y no con verdades, aunque mediante exageraciones, sino con informaciones inventadas, privacidades desveladas (“azotarla hasta que sangre”) y demás casos que hemos ido viendo en los medios de comunicación. Hoy las personas creen que realmente Podemos se financió ilegalmente, que son parte del brazo armado de ETA y mil cosas más porque la policía patriótica del PP actuó en consecuencia.

No sólo la creación de OkDiario sino el cambio editorial de diversos medios respecto a la formación morada y su clase dirigente es parte de un entramado que hemos denunciado en diversas ocasiones. El establishment no quería que Podemos pudiese estar en el gobierno y marcar el rumbo político de España y actuaron en consecuencia. No sólo en el medio de Eduardo Inda, que ha sido señalado por el propio Villarejo, se hablaba mal de cualquier tontería que hubiese en la formación morada (han llegado a publicar que el palacio de Correos, sede del Ayuntamiento de Madrid, estaba casi en ruinas por unas goteras o unas cucarachas), sino que había orden tajante de no decir nada malo de Ciudadanos. Estaba prohibido hablar de la formación naranja y sus trapacerías por España, algo extensible a más medios, y que sólo unos pocos hemos denunciado.

Esto, que es muy grave pues los caminos no sólo señalan al poder económico, sino a la complacencia del PP en ese tiempo en el Gobierno, no ha sido denunciado por ninguno de los dirigentes políticos. De Pablo Casado no se espera nada porque bastante tiene con aprender geografía de España y que le llegue la sangre al cerebro para las funciones básicas como ser humano (no sabemos su neandertal o sapiens), pero Alberto Carlos Rivera dice que es el mayor defensor de la democracia en España. Y si lo dice tendrá que probarlo, esto no es un juicio sintético, sino que quien dice ser demócrata debe defender la democracia mediante la acción. Y en este caso no lo hace porque: uno, como es contra los populistas y son sus enemigos saca una utilidad de ello; y dos porque realmente la democracia le importa poco o nada cuando están sus verdaderos jefes detrás. En la derecha no se puede intentar adivinar algún tipo de moral o ética más allá del egoísmo y la utilidad del momento. Ya dijimos que Casado y Rivera odian en sí la democracia. Ellos son partícipes del teatro espectacular en el que nos movemos, pero prefieren la policía antes que la política.

No hay moral, ni ética en la derecha. Sólo hay que verlo ante cuestiones como el atentado del 11-M, la utilización grosera de los familiares de víctimas del terrorismo (que en algunos casos parece que tampoco tienen ética y sí ganas de vivir de la tristeza y la pena), las cuestiones sociales (¡Que se jodan!, dicho a las personas que son desahuciadas)…, incluso en términos católicos (que en parte de ella hacen gala de ello), no son más que una turba de burgueses acomplejados, jamás han cumplido ni cumplirán con los Evangelios. Sólo existe una ética y una moral, pero es para con los demás, a ellos, en su creencia de creerse superiores producto de la megalotimia que les aflige realmente, se piensan como una aristocracia que debe gobernar per se. De aristós tienen poco pero el poder les gusta para, aunque lo escondan, moralizar a los demás y ellos servir a sus señores, pues no dejan de estar esclavizados al ser parte de una casta de mediocres inmorales.

Ahora bien, sorprendente el silencio de Pedro Sánchez y del resto de dirigentes del PSOE. Pueden pensar que como les va bien con las tonterías de la derecha, mejor no pisar callos que puedan animar a su contrincante por la izquierda. Sánchez sufrió en sus carnes, según ha contado él, los embates del establishment por lo que sabe perfectamente que las informaciones son veraces. Puede pasar que en su momento fuese consciente de aquellas informaciones, vamos que lo supiera, y como le venía bien calló y hoy no quiere decir nada por ello. O puede pasar que sólo esté pensando en términos electorales. Pero eso no empece para que sea inmoral que no lo denuncie, más siendo presidente del gobierno pues es un ataque a la democracia desde el poder financiero y parte del político. Debería haberlo denunciado si es consecuente con sus palabras en defensa de la democracia.

No es que la democracia liberal sea la mejor, pero como es la que se tiene lo suyo es defenderla hasta las últimas consecuencias frente a los poderes exteriores, pero imbricados, al Estado democrático. Que un grupo de policías se dediquen a hacer trabajos de desacreditación de un partido político inventando pruebas es más grave que el juicio a Sócrates. Y si aquello desacreditó la democracia por siglos, lo que está pasando en España es la prueba de que jamás el poder económico permitirá que las personas puedan tener poder. Que jamás habrá alternativa a lo que determinen en suntuosos despachos lejos del pueblo. Que no hay alternativa más que seguir en la esclavitud. Y ante esto, el secretario general del PARTIDO SOCIALISTA OBRERO Español debería haber salido a denunciar. El socialismo no sólo es hacer políticas sociales, sino que implica una ética, un sentido austero de la vida, una desmedido afán de democracia y libertad, y esto son principios que han sido vulnerados para cavar con la pluralidad política necesaria en una democracia o poliarquía.

Incluso por ejercicio de supervivencia, aunque sólo fuera eso si entiende que carece de un mínimo ético democrático, debería haberlo denunciado. El siguiente será él salvo que se pliegue al establishment. Su nombre todavía figura en letras rojas en las libretas de los enemigos del establishment, pese a reunirse con Soros, Pérez, Botin o Joseph Oughourlian, dueño de Amber Capital, hasta en cuatro ocasiones en los últimos meses. Por tanto, debería señalar que la democracia está en peligro por culpa de la derecha y el poder financiero internacional y nacional. El próximo puede ser él y ya sabe que son capaces. Pero lo suyo era una defensa de la democracia para alguien que se cataloga de socialdemócrata. Y como dijimos para Alberto Carlos la parte de demócrata hay que ejercerla cuando está siendo atacada y poniendo en riesgo valores, por los cuales compañeros y compañeras de su partido han luchado durante años, incluso dejándose la vida en ello.

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