La situación en que ha quedado la Selección Española de fútbol, La Roja, tras la destitución de Julen Lopetegui sólo tiene un culpable y no es otro que Florentino Pérez. No culpen al ex seleccionador por haber firmado un contrato con el Real Madrid. Tampoco lo hagan con José Luis Rubiales por haberlo destituido. Y, por supuesto, el club blanco nada tiene que ver con esta situación. Quien ha puesto la bomba dejado de la mesa ha sido el presidente que ha actuado buscando su propio beneficio olvidándose del interés de su país y del equipo que preside. Jorge Valdano decía que «el fútbol es, de las cosas menos importantes de la vida, la más importante». Se puede entender la ambición de Lopetegui, además de ser legítima. Sin embargo, lo de Florentino es inexplicable salvo que quisiera que lo cesaran para evitar un posible fracaso de su fichaje en el Mundial. Egoísmo en estado puro.

Tras la dimisión de Zinedine Zidane el Madrid intentó fichar a grandes nombres para el banquillo blanco: Klopp, Conte, Allegri o Pochettino. Por una razón u otra esos entrenadores mediáticos no iban a recalar en el Real Madrid lo que suponía un golpe al orgullo de su presidente y eso Florentino no lo podía permitir. Necesitaba un golpe de efecto. Lo encontró en Julen Lopetegui, el hombre que ha logrado recuperar la esperanza, el juego y el respeto para La Roja tras los dos últimos fiascos de Vicente del Bosque.

Florentino Pérez ha podido gestionar el fichaje de un modo pacífico, sin causar daño alguno a la Selección Española anunciando la contratación una vez que España hubiera terminado su participación en el Mundial. El hecho de hacerlo tres días antes del debut contra Portugal ha causado un daño que puede tener consecuencias gravísimas en lo deportivo y en lo emocional porque el juego desplegado por la Selección de Lopetegui había despertado nuevamente la esperanza y los propios analistas daban a La Roja como una de las favoritas junto a Brasil, Alemania o Francia. Sin embargo, Florentino ha buscado su protagonismo, sólo el suyo, ni siquiera el del Real Madrid y, en vez de haber actuado como alguien que ama a su país, a su patria, ha aplicado una estrategia más propia de las dictaduras privadas cuando implementan operaciones agresivas de negocio. Florentino se ha olvidado de que la Selección Española es más que un equipo de fútbol para hacer reales sus intereses personales.

En el caso de que La Roja fracase en este Mundial y no llegue, al menos, a semifinales, no culpen a los jugadores, ni a Fernando Hierro, ni a José Luis Rubiales ni, por supuesto al Real Madrid. Muchas páginas de medios de comunicación tendrá que pagar Florentino para que la culpa no recaiga sobre él o, al menos, para hacer ver al pueblo que la culpa fue de otros.  En su faceta profesional ya lo ha hecho. No hay más que recordar el proyecto Castor y cómo hubo quien justificó que los españoles tuviéramos que indemnizarle por una infraestructura que causó terremotos en la provincia de Castellón.

¿Se imaginan que a Lopetegui lo hubiera fichado el Barça y no el Madrid? Se estaría hablando de golpe de Estado, de que Cataluña atacaba a La Roja, de invasión independentista y de muchas cosas más. Las portadas llenas de nuevos ataques a los catalanes. Albert Rivera y C’s enfervorizados pidiendo que se aplicara el 155 también a las cuentas del Fútbol Club Barcelona, el Partido Popular culpando a Pedro Sánchez y solicitando la comparecencia del presidente del Gobierno en Congreso y Senado o, incluso, su dimisión. Sin embargo, ¿dónde están hoy los patriotas Rivera, Albiol, Arrimadas o Sáenz de Santamaría? Callados porque quien ha provocado este terremoto es «uno de los suyos» y, como tal, no hay nada que decir.

Florentino Pérez ha actuado buscando su beneficio propio y no el del pueblo, actuando por encima del bien y del mal, como lo hacen los dictadores privados a los que los ciudadanos y ciudadanas de este país les importan muy poco, bueno, salvo cuando tienen que hacerse cargo de sus pérdidas y fracasos empresariales como, por ejemplo, del rescate de las autopistas.

El presidente del Real Madrid siempre fue muy cercano a Esperanza Aguirre y a José María Aznar. ¿No quería ver a Pedro Sánchez levantando otra Copa del Mundo como ya hizo Rodríguez Zapatero? Retorcido, pero no improbable.

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