Las dos plazas sobre las que tiene mando José Manuel Franco han resultado aquellas en las que el PSOE de Madrid ha fracasado estrepitosamente. En una, el Ayuntamiento de la capital, ha empeorado los resultados del “susanista asqueroso” (como dicen muchas perosnas en las redes sociales) Antonio M. Carmona y en la otra, la Comunidad, se han quedado como estaban de mal. Sin embargo, el secretario general madrileño ni se ha inmutado, ni ha mostrado un atisbo de vergüenza, ni ha reconocido el fracaso, él a lo suyo cuando gran parte de la culpa de que gobierne la derecha trifálica sea suya. “Resaltar que hemos incrementado el número de concejales/as en los grandes municipios de la Comunidad de Madrid. Seguiremos trabajando para los madrileños/as. #SiempreHaciaDelante” ha sido toda su proyección pública.

Podría aplicársele algo que se ha comentado siempre respecto al PSOE madrileño “se vive muy bien en la oposición”. Se apunta las medallas de aquellos lugares donde ha decidido la militancia sin demasiadas injerencias del aparato, aunque en algunos lares las hubo, y esconde el batacazo enorme, de proporciones máximas, que le compete a él. Ya tiene dónde aposentar su trasero en el Congreso de los Diputados y los suyos están todos con buenos cargos, así que nada por lo que preocuparse. El ridículo del PSOE en la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento queda tapado por el fracaso y el mayor ridículo del errejonismo y el pablismo, pero ello no empece para que se evite señalarle porque suya también es la culpa de que Isabel Díaz Ayuso, esa cabecita loca, llegue a gobernar.

Ángel Gabilondo es un buen hombre, un buen filósofo, pero un político nefasto. En cuatro años de portavoz en la Asamblea no se le recuerdan grandes debates o grandes propuestas, no se le conoce casi la voz porque parece que el contacto con los medios de comunicación, una vez a la semana, le molesta sobremanera. Conseguir una entrevista era un suplicio aunque su querido El País siempre le tenía disponible, no hay que olvidar que era miembro del Consejo Editorial. Pero claro, esta vez, el grupo Prisa tenía dos candidatos (Errejón y Gabilondo) y ha repartido afectando al catedrático. ¡Qué bien habla! ¡Qué moderación! ¡Qué hostia se ha pegado incapaz de sumar un solo escaño más cuando aumentó el número de estos! Es muy fácil mirar a la crisis de la izquierda ofendidita y transversal y acusarle de todos los males, pero es que en Madrid desde los tiempos de Tomás Gómez no se pasa de los 37 diputados. Esos mismos que ahora vivirán a cuerpo de rey sin pegar ni chapa. Se puede ser buen moralista, que es lo que es Gabilondo, pero en política, especialmente en tiempos convulsos, se necesita algo más.

Y en esto tiene gran parte de culpa Franco que ejerce como monarca absoluto haciendo y deshaciendo. Una lista hecha en la oscuridad de la calle Buen Suceso, de la cual no se han ofrecido datos del recuento verdaderamente, sino que se ha gestado entre la camarilla de Franco, Miguel Arranz y pocos más. Se han dejado fuera de la misma a valores del propio partido y con un perfil más combativo, incluso estando en la propia ejecutiva regional, llegando incluso a amenazarles con la expulsión si se movían, como nos relatan dentro del propio partido. La raya de Guerra era democracia comparado con esto. Una dictadura interna que sólo pretendía colocar a los fieles al señor feudal. Se habla de los barones regionales no afines, esos mismos que han ganado por mayoría absoluta en algunos casos, como caciques. Realmente unos aprendices respecto a lo que pasa en Madrid. Y ya que ha hecho la lista a su gusto y colocando a sus fieles, lo mínimo que debería hacer tras no lograr aumentar el número de escaños, de votos, de algo, es dimitir.

El caso de Pepu Hernández es un poco distinto, aunque el batacazo ha sido mucho mayor. El pobre hombre ha hecho el esfuerzo de aprender en poco tiempo y le ha dado para lo que le ha dado. En lo personal poco se le puede achacar a él porque menudo embolado le han puesto delante. Eso sí, los flirteos de Franco con Carmena y la imagen de que Pepu sería simplemente un baluarte del carmenismo ha provocado una estampida considerable. O bien han votado a Carmena directamente (como hicieron en 2015), o bien ni han votado. No ha sabido acompañarle Franco con alguien de cierta presencia en la lista, ni de concejales que hayan peleado algo, que se hayan destacado por una crítica a Carmena. Nada, se iba de perrito faldero de la exalcaldesa y un poco más y se acaba abandonado en una gasolinera. Si el cabeza de lista lo puso Ferraz (aunque lo peleó Franco en las primarias con fuertes presiones y amenazas), el resto eran de su responsabilidad y tampoco ayudó. Eso sí, van a tener siete concejales cobrando un pastón cuatro años a verlas venir.

A verlas venir en Ayuntamiento y Comunidad porque ese es el espíritu que impulsa al PSOE de Franco. Se vive bien en la oposición y algunos/algunas ya ni recuerdan de qué trabajaban. Pero eso sí la victoria de Fuenlabrada, donde se ha sacado más del 50% de los votos en una de las ciudades más pobladas, se lo quiere apuntar. Lo que no dice es que ha tratado como apestada a la militancia fuenlabreña. Lo de Getafe también se lo quiere apuntar cuando estuvo cavilando cargarse a Sara Hernández. Lo de Leganés tres cuartos de lo mismo. Alcorcón y Móstoles, donde tampoco se ha mejorado pero se gobernará por los pelos, sí son suyos y de Arranz. Por suerte no ha obtenido cargo el señor que tienen en los papeles de la Púnica porque hubiese sido el hazmerreír, más cuando les advirtieron y les mandaron la documentación que existe en el juzgado. Y así con innumerables pueblos y ciudades de Madrid donde ya se gobernaba en contraposición a la Comunidad. Franco dimisión deberían estar gritando en las agrupaciones pero no lo dirán no vaya a ser que les purguen.

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