Debe ser consciente Pablo Iglesias de que, haga lo que haga, sea cual sea su movimiento, acabarán por crucificarle así que lo mejor es pensar en lo que es posible y beneficioso para Podemos. Desde luego estar en el Gobierno sería lo máximo pero se sabe, así lo reconoció Adriana Lastra ayer en la cadena SER, que existe un veto a su presencia. Un veto que, como hemos contado, proviene de la derecha nacionalista, de los egos socialdemócratas y, especialmente, de la clase dominante. No quieren a Podemos cerca de la toma de decisiones en España. Aceptan por un tiempo prudencial que sea un “aliado social” del PSOE, pero no va más allá de esa capacidad de lograr algún impulso social.

Lo venimos contando desde hace tiempo y ayer la vicesecretaria general del PSOE lo dejó claro, existe un claro veto a Podemos. Y se preguntarán ¿por qué? Desde luego el miedo en el cuerpo de 2015 todavía lo tienen en la fracción financiera de ese bloque en el poder que conforma la clase dominante. Cuando se lanzaron a apoyar a un partido supremacista como Ciudadanos sabían bien lo que hacían, cuestión bien distinta es que sus dirigentes se hayan creído que son magníficos, ya caerán, pero siguen sirviendo a sus amos. Ahora contra el lobby gay porque piensan que es la izquierda el que lo controla cuando, más allá de lo que puedan votar, está controlado por el gaycapitalismo. Pero como es una pelea intrabloque en el poder mejor que sigan. Ahora se suma al miedo la poderosa fracción eléctrica de la clase dominante, la cual en alianza con el bloque financiero, quiere impedir ver a Podemos por el Gobierno. De hecho las propuestas más contundentes que el PSOE rechaza de plano son aquellas que señalan claramente a esas dos fracciones del poder.

Vistas así las cosas tampoco es que le quede mucho margen a Iglesias y su coalición para poder obtener un buen resultado, al menos respecto a sus pretensiones. Por un lado, si vota contra la investidura de Pedro Sánchez tendrá a toda la prensa, salvo alguna excepción, criticándole por llevar a España a unas nuevas elecciones mostrando que tiene muy poco sentido de Estado. Además, ya le tienen preparado al errejonismo para intentar cazar la presa de Unidas Podemos en el interregno. Si se abstiene por no lograr un acuerdo ocurriría casi lo mismo, aunque en el saco sumaría a Ciudadanos con las culpas, aunque desde la clase dominante ya hayan decidido acabar con Rivera y compañía. Recuerden que su voto contrario a un gobierno de derechas PSOE-Cs provocó en su momento una campaña contra Podemos. De hecho son muchos los socialdemócratas que aún les recuerdan que no apoyaron a ¡¡¡Rivera y sus políticas de derechas!!! Así que sólo parece quedarle decir sí a todo lo que le digan, humillarse y poner la misma cara que puso en su momento Robespierre cuando le llevaban al cadalso.

Esta última opción podría ser buena siempre y cuando se haga con cabeza y sin permitir humillaciones. Hay que tener en cuenta que desde algunos medios controlados por el poder financiero la campaña va a ser dura porque quieren un pacto PSOE-Cs y que Más Madrid acabe devorando a Podemos. Vamos a intentar explicar los porqués de tomar una decisión así, que no será fácil y es muy probable que los inscritos e inscritas la rechazarían.

Primero: tener las manos libres para señalar a Sánchez. Si Podemos vota sí sin contraprestaciones algunas deja con las manos libres a los socialdemócratas pero también queda libre de cualquier componenda que quieran llevar a cabo el dirigente del PSOE y su camarlengo. Al no haber pactado propuesta alguna Iglesias y los suyos siempre podrán señalar a Sánchez como un traidor a la izquierda y a las personas que son las más perjudicadas. Queda liberado Podemos para día sí y día también atizar al PSOE produciéndole un gran desgaste por la izquierda, al que habría que sumar el que tendría por la derecha. Por mucha escenografía que intente, Sánchez no sabe moverse cuando tiene que hacerlo todo, le gusta que se lo den hecho para él mostrarlo como si fuese suyo. Tener que negociar cada medida, ya sea a izquierda o derechas, supone un desgaste enorme. De esta forma, al final, acabaría aceptando a Podemos más cerca o a Ciudadanos, con lo que cavaría su tumba.

Segundo: ganar tiempo para construir el nuevo partido. Después de la salida de Íñigo Errejón, tener tres años como poco para construir el nuevo partido no es una mala opción. Estando en el gobierno es más costoso en esfuerzos pues hay que estar muy pendientes de cuestiones gubernamentales que pueden hacer desviar del objetivo principal. Podemos es una organización frágil y eso no es conveniente, como se ha visto, para procesos de menor nivel que el estatal. Sin tener una cierta correa de transmisión de conocimientos en toda España es complicado poder funcionar como partido en todos los espacios. A esto se suma que el proceso de fusión fría con Izquierda Unida necesita de tiempo y esfuerzos para llevarse a cabo. Hay que pensar cómo hacerla, cómo canalizar otros colectivos y pasar a un Vistalegre III que suponga un nuevo comienzo. Además, en tres años el errejonismo se desgastará porque, al fin y al cabo, están sólo en Madrid y si los comunes decidiesen unirse a ellos casi harían un favor a largo plazo. De momento están haciendo el juego al PSOE diciendo que las elecciones en la capital se perdieron por culpa de Iglesias, sin pensar que igual su jugada provocó asco y repulsa en buena parte del electorado de izquierdas. A lo que habría que añadir su escaso bagaje de gestión más allá de los barrios burgueses bohemios o de pijos-progres.

Tercero: descolocaría a los demás partidos. Iglesias tendría que negarse a cualquier pacto hasta casi la entrada en la sesión de investidura en el segundo día de votación. No es sencillo que en Podemos se estén todos callados porque filtran hasta los vasos de papel de la sede de la calle Princesa lo que ocurre dentro. Por cierto algo que deberán empezar a controlar en la formación morada. Si se logra que nadie diga nada, o que Iglesias espere hasta la reunión previa a la votación para decirlo, y se vota sí haciendo un discurso duro contra Sánchez, incluso utilizando un poco la demagogia del pueblo y las necesidades, quedarían todos los partidos descolocados. El primero el PSOE que se quedaría sin argumentos y con cara de panolis. No se descarta que muden incluso a la blanca palidez que decía la canción de Procol Harum. Si Sánchez no consigue los apoyos suficientes no podrán decir que es culpa de Iglesias, lo intentarían, pero ese mensaje se desharía como un azucarillo. Y en nuevas elecciones las culpas para el apuntador, o lo que es lo mismo, sin mensaje central del campaña pues habrán gastado el peligro de los neofascistas y el de Podemos es muy malo.

Igual esto no le gusta Paolo Gentili, al que venden como el gurú detrás de la estrategia en Podemos y que parece un Iván Redondo pero en argentino. Pero que no le guste no quiere decir que sea una salida más que factible siendo realistas con la situación en la que está Podemos. Tras la campaña de las cloacas, con la mayoría de la prensa contra ellas y ellos, con una amenaza constante de los traidores del errejonismo y con Sánchez capándoles políticamente, igual no es la salida perfecta, ni la que desearían esas bases que se están partiendo la cara en las redes sociales. Mas sería una solución sorprendente y que daría a Iglesias tiempo. Si en la aparición de Podemos la guerra relámpago (blitzkrieg) era lo necesario, ahora lo que necesitan es tiempo para estar un poco separados de lo gubernamental y para ganarlo en pensar Podemos o lo que salga tras la unión a Izquierda Unida (si es que se produce) y el futuro con tres años por delante. Y gana no llevarse berrinches cuando el PSOE pacte el Estatuto de los Trabajadores con Ciudadanos, por ejemplo. Una solución como otra cualquiera pero que bien jugada puede resultar ganadora.

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